Flores marchitas

Ya huele a carrocería vieja, a campesinos olvidados cargando en sus hombros el pasado de estas montañas, a los caballos bonitos y no tan bonitos (¡ah no!, esos ya no, resulta que salieron solitos en un camino a la ebriedad, orinando y dejando sucia a la ciudad…Sí, ellos solitos), al arte de componer poemas en trovas y demás. Pero no, aún no huele a eso. Hay olores fuertes permeando a Medellín por allí y por acá, que sabotean la programación tan esperada por los paisas y extranjeros.

La fiesta de la Virgen del Carmen se convirtió en el luto de los buseros; las vacunas aumentan y siguen, y no hay protesta que no se pueda callar con una bala. Paro; parar para que alguien los escuche, para que no los maten, para que dejen de extorsionarlos; parar para decir no más. El viento no logra apagar el olor de la sangre.

Las voces del Metro Concierto son lo suficiente fuertes para callar el levantamiento de los muertos en San Cristóbal. Huele a que las flores son rojas y no por su color, a que ya no están en silletas, sino en cementerios. No se habla. El problema no existe si nadie sabe de su existencia; la ciudad es “ciega, sorda y muda”. Y es que quién se atreve a marchitar los sueños de los que esperan ganar más dinero, de los que quieren disfrutar y pasar el rato, de los que quieren ver florecer su tierra.

Vivir en los secretos de Medellín y no contarlos; nadie quiere que la gente deje de participar en los eventos de la Feria de las Flores. El miedo es un gran mal que aleja, es una muralla invisible. La violencia y la sangre asustan, pero no se pueden ocultar con un dedo. La mala publicidad en este momento no puede salir a la luz, no justo antes de que inicie uno de los eventos más esperados del año.

Lo malo de fingir que la seguridad no está decayendo es que nadie actúa; solo hay espectadores que ven pasar las calles por sus ojos, ven a la joven que se preocupa aún por montarse en un taxi, a las mamás inquietas que les dicen a sus hijos: “Mucho cuidado cuando salga que la ciudad está muy caliente”, a la vecina que acaban de robar afuera de su casa. El espectador llora cuando algún personaje muere, pero pronto se olvida de ello porque no fue él quien murió.

El pueblo merece saber qué pasa y no solamente las noticias buenas, como que Medellín será la sede en el 2019 del encuentro mundial de Ciudades y Alcaldes. Claro que hay un avance, un cambio positivo, pero no por eso se debe olvidar que hay mucho por mejorar, y eso no es posible si se hace de cuenta que todo está bien.

Las flores se marchitan. Por ahora, olemos a mentira.

About the author

Yessica Tuberquia Agudelo

Estudiante de Comunicación Social-Periodismo y Estudios Literarios. Apasionada por los libros y feminista de corazón.