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Escuela y sociedad

Con ocasión del día del maestro, fui invitado a participar en un Foro sobre educación y sociedad en el que le pedían a cada uno de los asistentes que dieran respuesta a esta pregunta: ¿Cuáles son los retos de la escuela hoy? En mi intervención, se me ocurrió señalar: (i) concebir el mundo digital, la tecnología y las redes sociales, como aliado y no como amenaza. Si está diagnosticado que los estudiantes prestan más atención al móvil que al tablero entonces resulta necesario pensar de qué manera se utilizan las redes para generar conocimiento, promover diálogos constructivos y ofrecer la información necesaria para fortalecer las competencias exigidas dentro del proceso de aprendizaje. Captar la atención y el interés del estudiante es un reto para la pedagogía. Exige reinventar funciones, formas, discursos y procesos a través de los cuales se asegure que la información circule en dirección correcta; (ii) asegurar la escuela como territorio de paz. Cada salón de clase, cada pasillo, cada cancha, cada laboratorio deben concebirse como espacios a los que nunca tendrá acceso la violencia. La escuela no puede renunciar a pensarse y concebirse como el lugar en el que el pluralismo y el respeto por la diferencia tienen lugar. La escuela debe seguir siendo el espacio donde cada quien dispone de los medios y de los recursos para parecerse más a lo que sus esfuerzos y sueños le permiten y le empujan a hacer o exigir y, (iii) la escuela debe ser el primer semillero de formación de ciudadanos. En la escuela se obtienen datos, fechas y fórmulas. Y así debe seguir siendo. Pero es necesario, a manera de reto, que el acto más honroso de la escuela no sea tecnificar el saber, ni estimular la memoria sino educar a cada sujeto para que aprenda a vivir con los demás. Así es como se teje la red de los derechos y de los deberes. Solo en la medida en que aprendamos a respetar el lugar del otro podremos exigir que se nos respete el nuestro y de dicho respeto pluridireccional se edifica la ciudadanía, la sociedad civil y la apropiación de los lugares esenciales en los que el pueblo, verdaderamente empoderado, se desprende de líderes inútiles e innecesarios.

John Fernando Restrepo Tamayo