Enemigo silencioso

     

la conducta suicida es un síntoma producto de un malestar o trastorno, no es un fenómeno que se pueda estudiar bajo unos parámetros y variables precisas y exactas, lo que lo hace un enemigo difícil de enfrentar

La muerte en definitiva es un hecho inevitable, innegable y necesario de hablar. Aunque no hay mucho para decir tampoco frente a este acontecimiento tan trascendente dentro del ser humano. Sin embargo, cuando existen algunas variables y circunstancias respecto a la muerte que la hacen más difícil de asimilar y más traumática, entonces las cosas cambian.  Un ejemplo de esto es tan sencillo como cuando la vida de un joven de 25 años se pierde a causa de una enfermedad como el cáncer, donde un diagnóstico desalentador, un tratamiento agresivo y la enfermedad invasiva dan por sentado un pronóstico no muy alentador, claramente no deja de ser un hecho desafortunado, pero podría decirse que hace parte de un ciclo biológico e inevitable al cual todos nos vemos expuestos. Pero ahora contrastémoslo con otro hecho. Otro joven de la misma edad, que, durante semanas, meses, años, no es posible saberlo, seguramente lucho contra si mismo, luchó contra su contexto, envió señales de auxilio que probablemente nadie detectó y todo esto culminó con un suicidio.  Un hecho también desafortunado, que a diferencia del primero presenta mayores posibilidades de evitarse.

“La tasa de intento de suicidio reportada en SISPRO para el período 2009 a 2016, se ha ido incrementando año tras año, pasando de 0,9 por 100.000 habitantes en 2009 a 36,08 por 100.000 habitantes en 2016 y en 2017 la tasa (preliminar) es de 52,4. Cabe mencionar que el aumento significativo en los registros a partir del año 2016 puede estar asociado a que a partir del 1 de enero de ese año se inició la vigilancia de este evento a nivel nacional en el SIVIGILA. “(Boletín de salud mental, Min. Salud, 2018). Por si mismas las cifras mencionadas en el boletín, el cual fue emitido hace dos años, son alarmantes, por lo que si agregamos a ello que el grupo etario que más presentó intento de suicidio y que en el 2018 estaba en ascenso era el de 15 a 19 años, seguido por el de 20 a 24 años.

Saber si uno de sus seres queridos, un amigo, un vecino, desarrolla o puede desarrollar conducta suicida no es sencillo, de hecho, como tal no es algo que pueda ser diagnosticado, la Organización Mundial De La Salud refiere que la conducta suicida es un síntoma de un malestar o un trastorno, bien sea de índole emocional o mental. Normalmente hablar de este tema en nuestra sociedad implica tocar muchas fibras, y además de ello hablar de algo que es un tabú, sin embargo, al ser el suicidio un tema de salud pública, debe ser abordado desde la prevención y eso claramente nos lleva a tener que hablar al respecto de forma clara y abierta.

El boletín ya tomado como referencia nos pone tres aspectos básicos para diferenciar respecto a la conducta suicida. La ideación suicida como el conjunto de pensamientos que son producto del deseo de morir por parte de la persona, y según mi criterio personal y profesional, que, por supuesto no representa ninguna verdad absoluta, es el más peligroso ya que no siempre se hace visible y la persona puede no exteriorizar. Plan Suicida que como su nombre lo dice comprende el establecimiento de acciones precisas para llegar al suicidio, lo que lleva a una planificación, el identificar un método específico y hasta un contexto idóneo para ello. En este punto, si su contexto más cercano ha logrado identificar aspectos atípicos a su personalidad, o a escuchado expresiones directas o indirectas frente al deseo de morir, obliga el accionar inmediato, buscar ayuda psicosocial, hablar del tema de forma directa sin ridiculizar, alarmar y por supuesto mucho menos juzgar.  Intento de suicidio, está comprendido por una acción o conducta potencialmente lesiva, lo cual normalmente amerita la respectiva activación de ruta por salud donde la persona deberá ser atendida de acuerdo a las lesiones y daños auto infligidos.

Como ya se mencionó, la conducta suicida es un síntoma producto de un malestar o trastorno, no es un fenómeno que se pueda estudiar bajo unos parámetros y variables precisas y exactas, lo que lo hace un enemigo difícil de enfrentar. Sumado a esto hay que decir que se ha evidenciado que muchos de esos malestares o trastornos que el ser humano desarrolla en su vida tienen origen en su grupo relacional primario, la familia. “Investigaciones relacionadas indican la importancia de estudiar variables tales como la familia, ya que como mencionan García y Calíope (1998), el aumento en la cohesión familiar se convierte en un factor de protección ante el intento suicida; así mismo, De Wilde (2000) reconoce la influencia que ejerce el grupo familiar sobre dicha conducta, y Cabra, Infante y Sossa (2010) resaltan el rol que tiene la familia y las relaciones familiares como factor de riesgo o protección en la conducta de los sujetos adolescentes. “  (Ideación suicida, funcionalidad familiar y consumo de alcohol en adolescentes de Colombia, 2016). Lo que este estudio básicamente logró en parte resaltar, es que la “funcionalidad” o por el contrario la “disfuncionalidad” determinan la cercanía o lejanía de una persona a generar conducta suicida.  En mi rol como trabajador social he tenido que trabajar con cientos de familias, con cientos de problemáticas, las cuales resultan reflejándose, desafortunadamente, en sus integrantes más pequeños y vulnerables, los niños, niñas y adolescentes. Si usted tiene niños en su hogar, adolescentes o jóvenes, o por el contrario hace parte de este grupo poblacional, lo invito hablar abiertamente del tema, a informarse con su entidad prestadora de salud, a comentarlo con su familia, amigos, con su entidades territoriales, puesto que el silencio es el arma más letal frente a este monstruo que viene azotando a nuestras generaciones, el hablarlo y sobre todo, escuchar a quienes lo necesitan, nos alejará de una sociedad suicida.

About the author

Cristhian Esteban Reyes Oliveros

Tengo 25 años y soy profesional en Trabajo Social, egresado de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos de Tunja. Dentro de mi ejercicio profesional, como evidentemente este lo demanda, me he vinculado siempre con la causa del menos favorecido, con el desamparado, con el marginado y desde ahí considero que puedo llevar las experiencias de ese ejercicio profesional a un espacio de reflexión escrita como el de Alponiente.

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