Cultura Selección del editor

El verso desde las montañas

La imaginación, el  ingenio y la creatividad hacen parte del arte de la trova, las ideas deben fluir rápidamente porque la trova como expresión cultural nace del momento.

Es justo allí cuando el trovador se ve enfrentado a construir sus versos de forma casi inmediata sin dejar de lado la originalidad y la coherencia.

La trova es una práctica cultural muy tradicional en Antioquia, comúnmente se acompaña por la melodía del tiple que le aporta musicalidad y ritmo. La trova paisa está compuesta por 4 versos de 8 silabas cada uno, donde el segundo verso y el cuarto deben rimar

Por los caminos del arriero

La trova nace como tradición oral con características muy similares a los llamados juglares, personas que narraban la cotidianidad de forma amena y jovial en las villas y pueblos alrededor del siglo XI

Los llamados arrieros, personas que trabajaban la tierra y se desplazaban por los caminos de las montañas del departamento usaban la trova para contar historias propias de la cotidianidad con cierto grado de humor

“Por los caminos de Antioquia

Transitaron los arrieros,

Mientras iban caminando

Iban trovando sus versos”

Paulatinamente la trova se constituyó como manifestación cultural, adoptando un carácter popular en el día a día. La trova se practicaba en lugares públicos por los que transitaba gente del común, consiguiendo así un mayor número de oyentes.

Esta manifestación cultural se trasmitía de generación en generación, siendo así el padre le enseñaba a su hijo el arte de la trova, que inicialmente no tenía una métrica estructurada y se caracterizaba por tener un estilo poético, este a su vez le enseñaba a su hijo, para asegurar la permanencia de la tradición a través del tiempo

El traje típico antioqueño compuesto por las alpargatas, el carriel y el poncho se volvió también la vestimenta por excelencia del trovador, tejiéndose así la costumbre de usar este traje también a la hora de improvisar versos

Con el pasar de los años se produjeron cambios que tuvieron fuertes repercusiones en la idea popular que se había construido de la trova y el trovador

En consecuencia, se empezó a relacionar de forma directa la trova con una manifestación de fondas y bares, que carecía de un mensaje que trascendiera  más allá del doble sentido y el humor, además se modificó la imagen del trovador como la de una persona conflictiva.

El narcotráfico llegó también a influenciar la cultura y sus diversas manifestaciones, la trova no fue la excepción, en la década de los 80’s  esta se vio influenciada en gran medida por el narcotráfico.

Cuando los festivales tenían diferentes modalidades de calificación en los que se incluía de forma directa el público, se volvió común la influencia de algunos narcotraficantes a favor de un trovador específico. Este apoyo se manifestaba por medio de amenazas al público y al jurado. Esta imagen negativa acompañó a la trova durante mucho tiempo.

La creación de la Asociación de Trovadores de Colombia en la década de los setenta, fomentó el inicio de festivales que no solo adoptaron un carácter regional, sino que trabajaron por otorgar a la trova el reconocimiento nacional

Posteriormente surgieron importantes concursos a nivel nacional como el festival nacional de la trova ciudad de Medellín y  El festival orquídea de Oro. Actualmente existen también otras escuelas de trova, entre las que están la escuela de Marinilla, la escuela del Carmen de Viboral y la corporación trovemos en Medellín.

El traslado de la trova de pueblo a la  ciudad

Muchos trovadores de pueblo se trasladaron paulatinamente a la ciudad por diversos motivos, la búsqueda de una mejor calidad de vida, mejores oportunidades educativas o el padecimiento del conflicto armado que los forzó a dejar sus territorios de origen.

A mitad del siglo XX, en pleno auge de la violencia se dio un gran desplazamiento de los habitantes de las zonas periferias de Antioquia hacia las zonas urbanas, sin embargo, estas migraciones no representan un acontecimiento del pasado

El trovador al encontrarse ante un mundo nuevo de dinámicas fue modificando los temas sobre los que construía sus versos, las visiones del mundo de los campesinos se nutrían de las nuevas realidades con las que se toparon, creando así una convergencia que permitió unir los temas de la Antioquia de antaño con las nuevas corrientes culturales y sociales de la ciudad.

“Hoy en día el joven campesino puede levantarse a cultivar zanahoria papa, frijol pero el domingo se pone unos Nike o unos converse, tiene WhatsApp y lo usa para chatear con la novia, la trova abarca todo ese tipo de cosas, no es sólo el romanticismo que hay alrededor del campo y el abuelito, nosotros entendemos que a la gente le gusta reírse de las embarradas que hace y ese tipo de cosas ha contribuido mucho a que la gente vaya a oír trovas y nuevos públicos se identifiquen con la trova” afirma James Álzate, periodista- comunicador social y trovador

Para James el gran cambio de la trova del campo a la ciudad ha sido la apropiación de los jóvenes por la trova, la tecnificación, la musicalidad que se le ha otorgado con mayor fuerza y la figura del trovador entendida en mayor medida como la de un artista.

La trova como herencia en los jóvenes

“La trova llegó a los jóvenes

Como herencia de sus abuelos

Con la intención de que el verso

Nunca estuviese muerto”

Son muchos los jóvenes que se interesan por la trova y todo lo que representa, porque encuentran una forma de expresar sus ideas sin dejar de lado la tradición antioqueña

Esta nueva generación de trovadores  trata de dejar atrás estigmas del pasado y se enfoca en la construcción de versos más elaborados que puedan trasmitir un mensaje conciso, mezclando el arte de la improvisación con la denuncia social y temas de la actualidad

“Los jóvenes la practican

Con dedicación y amor

Expresando sus ideas

Sin ninguna limitación”

“A través de la trova comunico lo que siento, lo que pienso y lo que vivo”, dice sin dudarlo Jaime Andrés Múnera, sin poder ocultar la pasión que le genera hablar de la tradición que practica. Jaime tiene 23 años, y es diseñador gráfico, desde muy pequeño encontró en la trova un sonido que lo cautivó y hace más de 15 años inició a trovar.

Al preguntarle sobre su sello personal responde con cierta malicia, sin poder  evitar que una sonrisa sutil se dibuje en su rostro “yo trato de hablar de lo que pasa en el momento, procuro preparar mentalmente lo menos posible y trato de ser muy didáctico con la trova.”

En la foto Jaime Andrés Múnera.

Para Jaime la trova colombiana no está ni en el 1% de lo que podría ser, “Realmente si hablamos internacionalmente de la trova colombiana falta mucho nivel, falta mucho compromiso y disciplina para que podamos darle otra imagen a la trova. A la trova le falta quitar esa imagen del arrabal de la fonda de la discoteca y mostrar una trova intelectual.”

Existe una tendencia a que niños y jóvenes hagan parte de esta tradición, solo el año pasado se inscribieron al festival nacional de la trova ciudad de Medellín 52 trovadores de 26 años o menos, coronándose finalmente como rey Juan José Castaño, un joven de 19 años y estudiante de derecho.

“Los jóvenes de ahora contamos la trova de una forma mucho más de universitario, entonces ahora usted ve jóvenes en la trova y son universitarios, todos tienen una proyección profesional entonces la trova ha ganado mucho. Y eso le aporta mucho a esa visión, a una visión juvenil y una visión futurista” afirma Juan Felipe Salazar, estudiante de ingeniería química e ingeniería sanitaria y semifinalista del festival nacional.

El surgimiento de nuevos estilos está expuesto a críticas y aplausos, para algunos trovadores de antaño la trova joven representa una evolución de la práctica, mientras otros no están muy de acuerdo con estos nuevas formas de trovar.

Como es el caso de Aicardo Martínez “el cura” quien no comparte muchas cosas del presente, a pesar de todo piensa que “sentir que alguien hace un verso acompañado de un tiple, es sentir que todavía tenemos tradición y tenemos piso todavía para decir ¡Juepucha es orgulloso sentirse antioqueño!”

Las nuevas generaciones se interesan más por la trova porque esta les permite comunicar todo lo que sucede en la sociedad, convirtiéndose así en voceros de esta. Encuentran también referentes cercanos que los inspiran y motivan como es el caso de Leonardo Cuervo.

Su estilo personal se aleja mucho del trovador tradicional, sin restarle nada a su talento a la hora de trovar. Audacia, astucia e inteligencia son algunas de las habilidades que maneja en tarima, que le han permitido ganar varios festivales como el  orquídea de oro y el ciudad de Medellín

Actualmente se desempeña como libretista de Blu radio, “La trova como arte oral necesita sacar palabras de donde no las hay y la escritura de guiones es básicamente lo mismo pero en cámara lenta, entonces cuando vos vas a escribir un guion tienes que buscar ideas, tienes que buscar que esas ideas tengan coherencia, lo mismo que en la trova, o sea que la trova es el primer paso, diría yo, para escribir guiones”.

Las habilidades que se desarrollan para trovar pueden usarse fácilmente para desempeñar otro tipo de actividades, como la escritura  de guiones, la poesía, el teatro y el humor. Algunos grandes referentes de la trova se desempeñan en este campo como Yedinson Flóres, más conocido como “Lokillo”, Juan Pablo Martínez, Alejandro Marín “Cocoliso”  y César Betancur “pucheros”.

La trova abarca entre sus versos y rimas la historia de una cultura pujante, las vivencias de nuestros antepasados que se resisten a desaparecer permaneciendo en el tiempo como una bella tradición digna de ser practicada y  escuchada

“Siempre que alguien trova

Nos devolvemos en el tiempo

Por eso es lindo escuchar

Un trove, trove compañero”