El problema de las etiquetas

Curiosamente, lo que causó más comentarios sobre mi primera columna en Al poniente no fueron las ideas que expuse sobre el sin sentido del día sin carro, sino mi autobiografía al final de la página. Mis padres aun conociendo cada una de las cosas con las que me describí, llamaron a reprocharme. Me costó un poco de trabajo entender el  porqué de su enojo. La palabra de discordia fue ‘marihuanero’.

Lo primero que se vino a mi mente es la doble moral tan común en todos los niveles de la sociedad colombiana. Asumí como filosofía de vida, un poco queriendo ser exigente con mi propio comportamiento, que no debo hacer privado nada que me avergüence de admitir en público. Probablemente las cosas que esconde la gente son porque la sociedad tiende a reprocharlas. La idea detrás de esto es el afán de la gente por proyectar una imagen íntegra ante el mundo que la conoce.

El comentario de un muy buen amigo sobre mi autobiografía fue: “muchas etiquetas”. Y ahí creo que recae el problema. Aun percibiendo que existe un imaginario de la nuevas generaciones por no ser encajado o limitado dentro de un prototipo, las etiquetas siguen siendo usadas. Pero el lío no son las etiquetas, sino esperar un comportamiento específico por causa de esa etiqueta. Me explico. Señalar a alguien como gay, costeño o marihuanero no tiene pecado. El pecado está en esperar que el gay sea afeminado, que el costeño sea flojo o que el marihuanero sea un delincuente.

Probablemente la marihuana es la mejor evidencia de la doble moral del país y las razones de esto, ya han sido expuestas muchas veces. No es posible que sea socialmente aceptado consumir alcohol y cigarrillo, y no marihuana. ¿Saben hace cuánto es legal consumir marihuana en Colombia? Hace 21 años. ¡Hace dos décadas! Por supuesto que hay responsabilidad del Estado por solo despenalizar el consumo y no también su cultivo, distribución y comercialización, pero aquí la gente se pasa de morronga.

Y ser morrongo es preferir una sociedad donde todos vivamos bajos los mismos preceptos de comportamiento; la mayoría construidos por o alrededor de la religión. Es curioso que piensen que las personas que son diferentes terminan afectando negativamente al resto de la sociedad. Pues no. Todo lo contrario. Si en realidad la afectara, lo haría enriqueciéndola con puntos de vista diferentes precisamente por vivir vidas diferentes.

About the author

Camilo Baldovino

Ingeniero administrador. Amante del fútbol y el tenis. Defensor de las libertades individuales. Marihuanero. Apasionado por la política y el urbanismo. Me vine a Medellín hace 8 años y pienso vivir el resto de mi vida entre estas hermosas montañas.

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