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El paro nacional nos hizo vulnerables a los jóvenes, al hacernos visibles fue fácil señalarnos

Fotografía tomada durante las movilizaciones y actos simbólicos en Medellín. Foto de: Anderson Gaviria

“Te vamos a matar hijueputa”, fue el mensaje que recibió David Pérez Arias, líder social que hace parte de varios procesos en Medellín relacionados con temas de construcción de paz, fortalecimiento de espacios de diálogo social, acompañamiento a poblaciones LGTBI y defensa de la vida de líderes sociales.

Todo empezó el 4 de junio cuando a través de un correo electrónico les llegó a un grupo de profesores y estudiantes de la universidad EAFIT un panfleto en el que se amenazaba con nombres propios a través de frases como: “Ya los tenemos fichados”.

El primer panfleto que recibieron fue firmado por las águilas negras, pero según recuerda David todo pasó demasiado rápido, como si la película que estaba viviendo hubiera sido acelerada. En medio de la incertidumbre, y los sentimientos encontrados por las amenazas de las que fueron víctimas, se convocó rápidamente a una reunión a la que asistió Claudia Restrepo Montoya, rectora de la EAFIT, en compañía de su equipo jurídico.

Al siguiente día ya contaban con número de noticia criminal en la Fiscalía, pero las amenazas no cesaron. El sábado 5 de junio recibieron de nuevo amenazas vía mensaje de texto. 

David Pérez no estaba vinculado directamente con la Universidad, pero había coordinado temas de convivencia y seguridad con El derecho a no obedecer, una plataforma de incidencia ciudadana que tiene presencia en varias zonas del país.

“Nosotros desde El derecho a no obedecer estábamos planteando el fortalecimiento de los movimientos estudiantiles en varias universidades de Colombia, entre ellas EAFIT” cuenta David.

Quien después de recibir las primeras amenazas y al notar la constancia de las mismas toma la decisión de abandonar su casa. Era un asunto que tenía planeado, pero dadas las difíciles condiciones se vio forzado a acelerarlo.

El temor por lo que pudieran hacerle a él o a su familia eran pensamientos frecuentes, “Yo tenía mucho miedo de poner en riesgo a mis papás, a mis abuelos, a mis hermanas, entonces me fui para otro barrio, me moví de Envigado a Medellín”.

A pesar del desplazamiento David estaba lejos de estar seguro, pues en su nuevo barrio el Carlos E Restrepo empezaron a hacerle seguimientos. La primera semana de estadía observó una persona disfrazada de barrendera haciéndole fotos.

Notó la extrañeza del sujeto al detallar el uniforme que llevaba, pues no coincidía con ninguna de las empresas de limpieza de la zona. “El hombre estaba con una escoba barriendo, y como que literal me vio, movió la escoba dos veces, sacó el celular tomó tres fotos y se fue” recuerda David.

Él vivía en compañía de otras personas, a las que les contó lo ocurrido, pero a pesar de estar en medio de la zozobra, de no saber a qué se estaba enfrentando, continuaba con sus labores de liderazgo.

El mismo día que fue fotografiado tenía programada una reunión con el presidente de la república, a la que habían convocado a varios líderes jóvenes. Sin dejar de lado la impresión que le había causado el extraño suceso, David asistió al evento allí le preguntaron qué había ocurrido, al contarles la respuesta fue: “vamos a hacer todo lo posible por identificar lo que está pasando” pero “nada pasó claramente” concluye con resignación.

Las intimidaciones siguieron aumentando, los seguimientos eran continuos y al parecer mucho menos disimulados. Irrumpían en acciones tan cotidianas como el desayuno, en el que en una ocasión David y sus roomies sintieron como un hombre y una mujer los miraban fijamente desde afuera.

El no saber qué estaba ocurriendo, el no entender un por qué lo agobiaban, y las amenazas nunca pararon, peor aún empezaron a cambiar de autoría pasando de las Águilas negras, al comando central anti-comunista de Antioquia y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.  

Todo continuó escalando, David se sentía desprotegido, a la deriva… hasta que la situación llegó a su punto máximo. El 31 de agosto por la avenida el Poblado dos hombres que conducían una motocicleta lo abordaron. El parrillero lo empezó a golpear, a gritar: ¡Entregue el celular y el computador! Mientras seguían los golpes.

“Yo en el afán se los entregué pero de esas cosas que no fue rápido, no fue como un robo habitual cuando a uno le quitan todo y ya. Tuvieron tiempo de pegarme, insultarme, y de que les entregara las cosas”.

“Le entregué el celular al man y volvía y me pegaba, el computador y volvía y me pegaba, cachazos, puños…yo nunca había peleado en mi vida a golpes, no entendía cuando él me estaba pegando puños y me pegaba y no sé qué” afirma David mientras cuenta los confusos hechos, al finalizar el violento hecho, los dos hombres alzaron la voz y le dijeron: “No nos mire o lo matamos”.

La confusión de nuevo fue mucha, él iba acompañado de un amigo que también cargaba sus pertenencias de forma visible, pero al que extrañamente no le hurtaron absolutamente nada.

David actuó de forma veloz y se dirigió al lugar más cercano, en este caso el Dann Carlton para contar lo sucedido al equipo de vigilancia y que estos hicieran el llamado a la Policía.

Pasados los minutos los policías se hicieron presentes en el lugar y empezaron a revisar las cámaras y a hacer las preguntas: ¿Usted quién es?, ¿usted qué hace?, fueron algunos de los interrogantes que recuerda David, a lo que él respondió que estaba coordinando varios proyectos y que era líder social, además aprovechó la oportunidad para contarles que había recibido amenazas desde junio.

“Ellos me pidieron que les contara más de eso, les conté, y me empezaron a preguntar más sobre la forma en como me habían robado. Luego llegan unos investigadores de la SIJIN, (unidades Seccionales de Investigación Criminal) y lo que dicen es que eso fue un robo de información”.

Tras el ataque varios amigos y personas cercanas le empiezan a aconsejar que deje la ciudad. Fueron días realmente difíciles, el constante sentimiento de inseguridad que se agravó aún más, se manifestaba en el temor a realizar actividades sencillas como salir a la tienda a comprar algo, ir al centro de la ciudad, a teatro o cine, montar bicicleta solo, “Ir al parque del Poblado me daba pánico, el Poblado me daba pánico, caminar en la noche me daba pánico” manifiesta David.

Las amenazas y el ataque cambiaron notoriamente el día a día de este líder social que sentía temor al visitar sus papas por la probabilidad de que lo siguieran, razón por la cual también se vio obligado a cambiar de rutas, a avisar todo el tiempo la ubicación a sus rumies, a estar informando las acciones que realizaba cuando estaba fuera de casa: “voy a coger un Uber”, “voy para este lugar” todo fue muy desgastante.

Además de lo que le ocurrió a David, en días anteriores alguien había irrumpido en el apartamento de otra persona amenazada y había robado su computador, y unos discos duros, con todo esto y una amenaza que llega días después del ataque en el Poblado donde se les da al grupo de personas amenazadas desde el inicio 48 horas para irse de Antioquia David dice: “ya no más, pues… ya” recuerda entre risas.

“Ya con eso decidí irme y bueno, eso ha pasado. Desafortunadamente con el tema de las amenazas que hemos sufrido jóvenes, líderes del paro, nos han roto por completo nuestros procesos y nuestra cotidianidad se vio sumamente afectada y es como que nadie está hablando del tema, como si el paro ya pasó y no el paro yo lo sigo viviendo todos los días al ver que me tuve que ir de Medellín” Reflexiona David.

El paro lo sigue viviendo al no saber si algún día podrá volver a Medellín,  “por ejemplo en diciembre, ¿Vos crees que yo sé si puedo pasar 24 en mi casa? No tengo ni idea” cuenta.

A pesar de todo continúa reflexionando, pensando en la ciudad y el país por el que quiere trabajar. Al preguntarle sobre lo que considera que dejó el paro nacional responde que logró rompernos la cámara de eco.

Porque, según David, hoy en Colombia estamos dispuestos a hablar con quién piensa distinto a nosotros y eso importante para que cualquier cosa pase, añade que el paro hizo que personas que antes no se hubieran sentado a hablar hablaran, pero es enfático en que todos los esfuerzos manifestados en las calles se deben ver reflejados en planes de cambio, porque el diálogo debe llevar a la acción.

El proceso de investigación contra lo ocurrido no avanza pero David, líder social de Medellín que se define como activista, callejero y preguntón, del tipo de personas que hace preguntas incómodas cuando hay que hacerlas, continúa aferrándose a la esperanza, reconociendo que posee una dualidad que le ha llamado la atención.

“La esperanza puede desconectarnos de la realidad, por completo, pero también nos puede ayudar a salir de los males, y está ahí, uno tiene que aprender a jugar con ella pero por eso yo siento que es importante mantenerla viva, porque nos hace conscientes de lo que está pasando, pero nos recuerda que el proceso es más largo”, porque “cuando uno tiene esperanza, la esperanza motiva, la esperanza mueve”. 

 

Publicada originalmente en: Venga le digo 

About the author

Sara Marín

Soy estudiante de periodismo de la universidad de Antioquia, me gusta la política, la economía, los temas de interés público y los relatos del conflicto armado.

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