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El Jardín de Freud

Primero fueron unas sesiones rigurosísimas de fotografía comunitaria. Llegaban saludando a las amistades, a los cohabitantes, para proponerles ser fotografiados con total libertad, en este, su espacio: el jardín de Freud. Después, entre la cotidianidad, aparecieron unas fotos instaladas en tabloides de exposición al aire libre, haciendo parte de la cotidianidad, en el espacio que circundan los edificios de Odontología, el nuevo de Enfermería, Derecho y Ciencias Políticas, Sociología que destaca por su proximidad al centro del Jardín, la escultura Amérika de los artistas Manolo Colmenares, José Manuel Patiño y Gabriel Quiñones, y Aulas de Ciencias Humanas, donde estudian historia, psicología, lenguas, lingüística, filología y antropología en la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá: la Ciudad Universitaria.

Aparecieron al poco tiempo unas cajas plásticas con cientos de calcomanías de cada persona que había sido fotografiada, para que cada quién se tomara a sí mismo y se instalara en el lugar que considerara en los tabloides de fotografías en gran formato, instaladas como ya dije en el jardín, se trató para mí y varios participantes de la posibilidad de reconocernos por nuestra cercanía, nuestro espacio, pero mirando para sí. Me instalé en una pared irreverentemente rayada por un tag que dice Gib en spray rosado con azul claro, mirando de perfil hacia abajo, en medio plano.   Y la instalación cohabitó lluvias y fiestas, todos los días David Esteban Wilches, asistía a la Universidad para recopilar las notas dialogantes que hacían parte de la exposición sociológica de la población de la comunidad  dialogando con el hábitat que identificó dentro de la museología experienciada en el Museo Nacional y en Museos del Banco de la República y su estudio destacado en la sociología de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, reflexiones profundas que hace tiempo, cuando nos conocimos me dejaron maravillado, pues Camilo Meneses y David Wilches son lo más cercano que conozco a sociólogos de las dinámicas, difusiones, apropiaciones y habitabilidad del Campus, El Búho, la Ciudad Blanca.

Estar en casa allí es una catarsis que debería ser asequible, universal y gratuita, para que la colombianidad pueda efectivamente transformar vidas, no necesariamente egresando profesionales, que también, como siendo un epicentro de interacción de miles de personas al día entre transeúntes, estudiantes, profesorado, administrativas y trabajadores/as. Y los espacios que vivimos se convierten en nuestros recuerdos, el cultivo de amistades y la interacción de subjetividades en la colectividad más grande y cualificada del país. Por eso haber podido ser participe y verme reflejado y a mi contexto, amigos y amigas, resultó trascenderme a la otra vida, la que anunciaba hace unos años, a la salida de la UN por la puerta de la 26: “Al otro lado: la vida real”.

Fue mágico que en la Feria Internacional del Libro de Bogotá de 2019, me encontrara con el escritor andariego y laborioso Rogelio Iriarte, con quién nos emocionamos en nuestras historias paralelas de nuestra alma mater, pues él, escritor que vivió décadas en Europa, estuvo ilegalmente preso en medio oriente, y se dedicó varios años a ser un tenaz pescador en el Mediterráneo, tenía entre su cuantiosa producción literaria, una novela inédita llamada Jardín de Freud, la emoción fue compartida y acrecentada cuando hablé de David Esteban con él, y bueno, la emoción de hablar con David sobre este veterano del Freud, Regelio Iriarte. Luego la tesis de Wilches sobre las intervenciones de apropiación y curaduría del jardín de Freud.

Pero nuestros rumbos que se cruzan en la Nacho, magnetizados en el Freud, tuvieron su punto cumbre en noviembre de 2018, cuando escribí este poema mientras, junto a David Esteban, hacía parte del Laboratorio de Teatro Universitario, y mientras vivíamos nuestras altervidas, él como curador teatral, en la sociología y la museología, yo en la psicología, la dirección y la dramaturgia, pero confluyendo en habitar e incidir culturalmente en la comunidad universitaria. Vivíamos nuestras idas, y confluíamos ahí en el Freud:

Ida

ese poema lo necesitaba

Daniel Rodríguez

Ya no quiero tener que irme más así,

dejándome regado y esparcido, inmóvil

como una explosión de herida a borbotones

¡tal vez así se revientan las ideas!;

detenidos en implosión total del otro en uno

y uno destellante en lágrimas belicosas…

 

No quiero irme así, prefiero, si me pidieran,

llegar con la desolación vigente, y las mechas

prendidas de la insatisfacción caprichosa,

inicio fragmentado con reclamos, guerra

enfurecida

recrudecimiento altivo, algidez sucinta

y que terminemos reconciliando el principio

terminando con comienzos definitivos

y extremos y excesos en el saludo tranquilo

antes de partir irnos dándonos mañanas y no

una bomba de Hiroshima en flash back

no la guerra nuclear escalando hasta el B-28

y el avión en reversa despegando en Florida

detonando el apocalipsis, terminando con el fin.

cuando todo a la inversa nos mantiene

lo que venía del amor a él vuelve, entonces

las esquirlas del boom son la emergencia

que me obliga a quedarme, llegar y luego irme.

Jardín de Freud, Ciudad Universitaria. 2018.

Cuando David y su equipo fueron juiciosamente como todos los días, a echarle pintura a los tabloides el último día de exposición, se dieron cuenta de que uno de los tabloides transversales de la exposición estaba destruido, y fui testigo de la discusión de todo el día sobre el color que debían tener los tabloides. Un naturalismo profesional y humano que demostró que en la indignación de los habitantes estaba la semilla de lo que la exposición nos había provocado. Y fue un logro para nosotros, nosotras y nosotres ser parte de la exposición en la Biblioteca Central Gabriel García Márquez de la Nacho. Esta se realizó como una simbiosis que sin duda trascendió la exposición en una apuesta de punta por hacer curaduría de un espacio de la Universidad en el claustro central, el corazón de la UN. De allí migró al legendario Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas Rogelio Salmona, que ha acogido las manifestaciones diversas de la comunidad universitaria y el dialogo intracomunitario, convive con la cotidianidad de uno de los edificios insignias de la ciudad capitál.

En estos espacios pude hacer parte de la curaduría de la esencia de lo que soy, fui y seré a partir de mi paso por la Universidad Nacional de Colombia, y mi pertenencia al Jardín de Freud, sus rutas titánicas y redes de tejido humano invaluable. Lo que habité y habitó mi parche. Nuestros propios motores en nuestras aulas, pasillos y hábitats. Es precisamente en ese epicentro donde David genera las indagaciones sociológicas respecto al arte y la asimilación de espacios desde la reflexión y la apropiación, se alimenta con el patrimonio en la Universidad y deriva en un dialogo profundo de significación y autodefinición de los rumbos en el principal centro humanístico, artístico, científico, educativo del país. Le ganamos unos años al mito del Jardín de Freud y eso hizo parte de la reflexión en el Campus, la museología y sociología de la ciudad y el país en las exposiciones del Jardín de Freud. Y lo que le falta, y lo que nos queda.

Esto fue escrito por

Gibran Mouarbes Giraldo

Psicólogo, creador y gestor, candidato a magíster en dramaturgia de la Universidad Nacional de Colombia, actualmente director del Laboratorio de Teatro Universitario en la misma universidad. Miembro de la Unidad Nacional de Artistas UNA y del Polo Democrático Alternativo.