Opinión Selección del editor

El Jardín Botánico, patrimonio ciudadano

Emblemático, esta es la palabra que define el Jardín Botánico, Joaquín Antonio Uribe, para Medellín y el país.

Quién no ha visitado este lugar para pasar una tarde tranquila, leer un libro o escuchar un concierto. Este lugar, donde se ha inspirado el amor, la poesía, la vida, aporta, además, al espacio público y verde por cada habitante.

Es el segundo en el país en importancia y ha sido reconocido nacional e internacionalmente por su labor educativa, cultural, científica y la maravillosa riqueza florística, con su enorme colección viva de más de 1.000 especies.

Cuenta con 1.000 metros para un mariposario de los más hermosos e importantes del país, y un completo laboratorio para la investigación y la labor de conservación de diferentes especies, además de espacios para reuniones, eventos y convenciones nacionales e internacionales de gran importancia. Allí se realizan anualmente la Feria del Libro, el Festival de Periodismo Gabo, algunas actividades de la Feria de las Flores, entre muchas otras actividades culturales de ciudad.

Hoy, es, además, una entidad dedicada a la investigación, tarea realizada con diferentes entidades, universidades, y grupos de investigación del país, por lo que es un museo vivo de flora y fauna avalado científicamente por Colciencias.

Cuenta con un herbario en el que se conservan colecciones secas y, las vivas, hacen parte de la diversidad de especies de plantas, que son uno de los mayores atractivos que pueden disfrutar propios y extraños que lo visitan.

En 1985, su reconocida labor lo hizo merecedor de ser declarado Patrimonio Cultural de Medellín. Además, es considerado la meca de la flor nacional. Con un exclusivo y destacado lugar para la realización de grandes eventos, llamado Orquideorama, que se convirtió desde 2007 en joya arquitectónica.

Es un sitio visitado por más de dos millones de personas al año y por su condición, es también patrimonio natural para los medellinenses y un punto de referencia del norte de la ciudad, para destacar ante los visitantes.

Mantener vivo este corazón verde de la ciudad, depende de no pocos recursos financieros, de los cuales la Administración Municipal se ha convertido en su mayor inversionista, que representan el 65 por ciento de los ingresos con los que se realizan actividades investigativas, educativas y de conservación de la flora y de la fauna de este territorio. El otro 35 por ciento proviene del sector privado, y del alquiler de espacios para eventos sociales, académicos y culturales, que, que por cierto, son escasos en Medellín.

El Jardín Botánico, Joaquín Antonio Uribe, de Medellín, llamado así desde hace 48 años, pero con una historia de más de 100 años, fue conocido en el Siglo XIX como la Casa de Baños El Edén, y con el transcurrir de los años tomó otros nombres como Bosque Centenario de la Independencia, luego solo El Bosque. Siempre en la memoria y en el corazón de propios y extraños, que se lo han apropiado para el encuentro ciudadano, la recreación y la diversión.

La gran misión de la Fundación Jardín Botánico puede resumirse en conservar, proteger e investigar, bajo métodos científicos, la diversidad florística de Antioquia y del país, con el fin de contribuir al bienestar, no solo de los y las medellinenses, sino de todos los colombianos.

Es por ello que espacios como éste, necesitan del empuje del Estado para que su sostenibilidad en el tiempo se pueda garantizar. Tal como está previsto en la Ley 299 de 1996, en la que el Congreso de la República de Colombia, define a estas entidades como estratégicas para el país y prioritarias en el desarrollo de las políticas ambientales de Estado, que por lo demás, deberá contribuir desde el ámbito nacional, departamental o municipal a su fortalecimiento.

Este lugar, valorado por todos y todas, y del que se han apropiado grandes y chicos, sin discriminación de estrato ni clase social, para el encuentro, la inspiración y la reflexión, es patrimonio de toda la ciudadanía.

Por ello, y por muchas otras razones, es nuestro deber cuidarlo, protegerlo, conservarlo y fortalecerlo, como un legado histórico, cultural y de vida, para las siguientes generaciones.