El fenómeno joven en la política

Hay un senador de 33 años que ya es vicepresidente de una comisión, un congresista que a los 35 fue el más votado del país, una estudiante de 20 que se sentó en un comité de empalme de un gobierno entrante y un joven que fundó un movimiento político antes de tener edad para votar. Y todavía hay quien dice que a los jóvenes no nos importa la política.

Durante décadas nos repitieron la misma frase hasta convertirla en hecho inamovible: “los jóvenes son el futuro”. Que forma tan elegante de decirnos que esperemos al futuro para actuar. Pero se acabó la sala de espera. En 2026 hay 9.777.190 colombianos de entre 18 y 28 años habilitados para votar, casi una cuarta parte del censo electoral, según La República. Una de cada cuatro personas que decide el rumbo del país tiene nuestra edad. Y eso pasa de convertirnos en un público más de la política, a convertirnos en medio escenario de ella.

Y no solo votamos. En octubre de 2025, más de millón y medio de jóvenes de entre 14 y 28 años eligieron sus Consejos de Juventud, un 18,44 % más que en 2021, y los votos nulos se desplomaron de 23,11 % a 1,98 %, según la Registraduría. La traducción: aprendimos a votar, o por lo menos dejamos de marcar el tarjetón como si fuera un parcial sorpresa.

Pero los Consejos son apenas una puerta, y esto tiene más puertas que un centro comercial. Están las Juntas Administradoras Locales, la política del parque, de la cuadra y del presupuesto del barrio, la que casi nadie mira y la que más se siente. Están las personerías estudiantiles, donde descubrimos a los dieciséis años que representar a alguien es más difícil que opinar sobre él. Están las juventudes de los partidos, las listas independientes, los colectivos, las veedurías, el voluntariado y los semilleros universitarios. Hasta la Registraduría abrió más de dos mil cupos de trabajo para jóvenes de 18 a 28 años en esas elecciones, porque a veces la forma más honesta de entrar a la política es ayudar a que la democracia funcione. Y no es una puerta decorativa: Federico Gutiérrez, hoy alcalde de Medellín, empezó siendo consejero municipal de juventud.

Juan Fernando Caicedo nació en Ibagué en 1993, es politólogo del Rosario, trabajó como asesor de Álvaro Uribe, fue director político nacional del Centro Democrático y hoy, a los 33, es senador de la República. Daniel Briceño es abogado, creció en La Candelaria y empezó a publicar denuncias en X casi como una rutina; pasó por el Concejo de Bogotá y en marzo de 2026, con 35 años, terminó siendo el congresista más votado del país. Andrés Krohne, estudiante de Jurisprudencia en el Rosario, fundó el movimiento Fuerza de Juventud Consolidada cuando todavía era menor de edad, con una idea simple: que los jóvenes participen. Jerome Sanabria fue personera del colegio, consejera de juventud en San Cristóbal y hoy, con 20 años, es una de las voces más visibles del debate económico. Julián Uscátegui llegó al Concejo de Bogotá en 2023 con 23 años por el Centro Democrático, convirtiéndose en el concejal más joven de la ciudad. Con esto, tomó el relevo de Julián Sastoque (del Partido Alianza Verde), quien había obtenido esa misma distinción al ser elegido en 2019.

Y no todo ocurre en Bogotá. Jorge Rangel presidió el Concejo de Bucaramanga con 25 años, el más joven en la historia de esa corporación, Miguel Polo Polo llegó al Congreso a los 26, John Taquez fue elegido alcalde de Iles, en Nariño, a los 28. Hermes Martínez entró al Concejo de Curumaní a los 21 y años después llegó a la alcaldía. Mismo país, distintas orillas, distintos partidos, pero todos jóvenes.

Eso es lo brutal del asunto: muchos de ellos no se parecen en nada y se parecen en lo único que importa: ninguno esperó a que alguien le abriera la puerta. Algunos empezaron con un tarjetón, otros con un micrófono, otros con una cuenta de X y un par de datos bien investigados. Hoy, 19 de los senadores elegidos para 2026-2030 tienen menos de 40 años, según Asuntos Legales. Lo que antes era una carrera de treinta años hoy puede arrancar con una idea clara, una comunidad y muchas ganas de trabajar.

Lo mejor de nuestra generación es que no nos quedamos en el discurso. Las encuestas de Cifras y Conceptos describen a una juventud activa y concentrada en exigencias muy concretas: salud, seguridad, educación y empleo. Un 61 % considera fundamental vivir en democracia, aunque el desafío de conectar con la ciudadanía sigue siendo enorme pues en 2021, solo el 7 % manifestaba confianza hacia el Congreso. No se trata de desinterés, sino que se trata de una juventud que exige resultados reales para volver a creer en las instituciones.

Pero la idea tampoco es echarnos flores. En la primera vuelta presidencial de 2022, cerca de la mitad de los jóvenes de 18 a 28 años no fue a votar. La mitad. Y ahí está el verdadero examen de esta generación: participar no es salir en tendencia, y tener cien mil seguidores no reemplaza una propuesta. La visibilidad abre la puerta; lo que te deja adentro es el trabajo, la constancia y la capacidad de aguantar un debate con argumentos.

Porque una generación puede ser brillante, informada y conectada, y aun así quedarse en la barra del bar de la política, opinando sin servir. O puede entrar a la cocina, con todo lo que eso implica: equivocarse, aprender, llevar la contraria, sudar y trabajar por una mejor Colombia.

Nunca habíamos tenido tantas formas de entrar. Nunca habíamos tenido tantas voces de nuestra edad adentro. Nunca habíamos tenido tan poco que perder y tanto por construir. La pregunta ya no es si hay un lugar para nosotros en la política. Esa se respondió sola. La pregunta que sigue es mucho más importante: ¿qué vamos a hacer con él?

Sebastian Avila Cabal

Soy joven, colombiano y orgullosamente de derecha. Estudiante de Relaciones Internacionales y Jurisprudencia. Tengo una convicción firme en la libertad, la democracia, el Estado de derecho y la defensa de las instituciones. Me apasionan la política, el derecho y los asuntos internacionales, y participo activamente en el debate público colombiano.

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