El desplazamiento a la ciudad

“Las elecciones nacionales, que ofrecían una prueba de la fuerte tradición civilista del país, eran también un látigo que caía sobre el cuerpo político. Con notoria regularidad dichas elecciones, algunas veces tres en un año, como en 1913, mantenían abiertas las heridas causadas por la violencia política. El vigoroso municipio cafetero del Líbano suministra otra vez un ejemplo. Se había fijado el 3 de octubre de 1915 para la primera elección de concejales en Colombia dentro de la reforma electoral de 1910. Los liberales del Líbano, orgullosos de su pueblo y de su reputación como el más próspero en el norte del departamento, estaban ansiosos de demostrar, ganando la mayoría en el concejo, que era igualmente un bastión del liberalismo. Antes del amanecer del día de las elecciones los primeros campesinos comenzaron a entrar a la población y, cuando salió el sol, una procesión de personas se abrió paso a pie o a lomo de mula desde todos los caseríos y veredas circundantes. Venían de las tierras altas y frías alrededor de Murillo, de San Fernando y Santa Teresa en el sur-occidente, y de las fincas esparcidas por las montañas que rodeaban la cabecera municipal. Debajo del árbol de mango que crecía a un lado de la plaza se habían instalado dos mesas, una azul para los conservadores y una roja para los liberales. A la mitad de la mañana se escuchó un grito entre los primeros: el general Sandoval estaba entrando con cientos de sus partidarios, algunos de los cuales portaban banderas azules que danzaban con la brisa de esa clara mañana de montaña. Un poco más tarde llegó el general Echeverri con cientos de liberales provenientes de Convenio y San Fernando. Muchos traían escarapelas rojas y desplegaban estandartes colorados. Se formaron filas delante de las mesas de votación y todos los que eran elegibles, junto con otros que no lo eran, votaron. Después se fueron a la cantina a tomar tinto o aguardiente o se unieron a una de las dos agrupaciones estacionadas en cada lado de la plaza. Terminada la votación, a las tres de la tarde, se recolectaron las papeletas para ser contadas. Poco a poco la ansiedad de la espera, el aguardiente y la aproximación de las dos facciones cambiaron el ambiente de alegría por otro de presagios. De repente se abrió una puerta y se anunció el resultado: ¡por primera vez en treinta años el concejo pertenecía a los liberales! Las provocaciones y las burlas de los aparentes vencedores fueron contestadas por una balacera que terminó con la vida de dos jóvenes liberales, Secundino Charri y Jesús Santa. Con ese estallido violento los conservadores ganaron la escaramuza y la elección, porque se impuso la ley marcial y los comicios fueron anulados (Medio siglo más tarde hablaban todavía de la tragedia. Durante la década de 1960 el Dr. Luis Eduardo Gómez escribió en su historia inédita del Líbano, “hombres de mayor experiencia no se han olvidado el día 4 octubre de 1915…una mañana de domingo de votación y derramamiento de sangre”. Luis Eduardo Gómez, “El Líbano”). Al final de la jornada todo lo que los liberales habían ganado eran dos nuevos mártires para su causa y la lívida memoria de un mal que algún día tendría que ser vengado” (James Henderson; Cuando Colombia se Desangró. Un Estudio de la Violencia en Metrópoli y Provincia; El Ancora Editores; 1.984; Pag. 84)

El siglo XX comenzó con una desgarradora guerra civil en Colombia entre liberales y conservadores. Partidos que llevaban 50 años en confrontación desde su fundación. Esa guerra que fue un levantamiento liberal radical dirigida por Rafael Uribe Uribe contra la llamada Regeneración que incluía a los conservadores y a los liberales moderados dirigidos los primeros por Miguel Antonio Caro y los segundos por Rafael Núñez, ocasionó el zarpazo de Panamá, lo que privó a Colombia de la construcción del canal interoceánico.

Para reconstruir el Pais después de ese desastre se eligió Presidente a Rafael Reyes, ingeniero, quien se dejó arrastrar por el hacer y el hacer con el lema de Porfirio Díaz en Méjico: Menos política, más administración!. También lo llevó a la confrontación con los partidos políticos. Reyes era de Boyacá. Santa Rosa de Viterbo. Su caída fue fruto de un convenio de ambos partidos para retornar a la normalidad institucional. La obra que llevó a cabo aquello fue de Benjamín Herrera (Liberal) y Carlos E. Restrepo (Conservador) y dio origen al Republicanismo: 1910-1914.

Para retornar a la normalidad y la civilidad se hizo una importante reforma constitucional con el fin de garantizar la participación de los dos partidos tradicionales en el mismo gobierno, la reforma de 1910, y se eligió Presidente al Doctor Carlos E. Restrepo. Primer Presidente antioqueño. Funcionó durante cuatro años, pero el Partido Republicano se hizo añicos y volvió la disputa entre los partidos tradicionales: conservadores y liberales, después de 1.914. Vino la presidencia de José Vicente Concha.

Lamentablemente el republicanismo no fue mantenido con la madurez que requerían las circunstancias y ese afán de volver a la confrontación entre los dos partidos originó ese hecho de violencia política que anotamos en la primera parte de este artículo. Una violencia política partidista que dio origen al desplazamiento forzado a las ciudades. El campo comenzaba a quedarse sin campesinos. Podríamos decir que ese fue un punto de inflexión de la historia de la violencia en Colombia, consecuencia de la guerra de los 1.000 días y de la ligereza de los partidos políticos y sus dirigentes en ese momento que no entendieron la trascendencia del republicanismo.


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Julio González Villa

Doctor en Derecho U Externado de Colombia; Abogado UPB; Magíster Administracion de EAFIT; Especialista Dcho Ambiental U Externado; Dcho Administrativo y Ccial.

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