El desespero de los párvulos políticos

     

En aras de contienda electoral es insoslayable presenciar un riguroso panorama político ambientado por la crítica, la figura mediática y la pugna entre aquellos que pretenden alcanzar la tan anhelada presidencia de la República.

Colombia se encuentra a escasas semanas de ser escenario para que el pueblo, en ejercicio de la democracia, elija su nuevo mandatario. Todo apunta a que la balanza está inclinada más de un lado que otro, existe un candidato que presenta altos índices de favorabilidad para ocupar el cargo, por tal razón es este el que concentra un mayor foco de atención de los medios de comunicación y es una pedrada en los zapatos de aquellos que han administrado el país durante los últimos años. Por otro lado, ha nacido un prominente desespero en aquella clase política que durante las últimas décadas ha desarmado al país.

En el ejercicio de la política prevalece la capacidad de construir propuestas con una visión centrada al progreso, formar una agenda pública que priorice la solución a corto plazo de los problemas públicos emergentes es un compromiso ineludible con la población. La recriminación y el desprestigio son formas sucias e inapropiadas de hacer política, y parece ser que el principal candidato de la ultraderecha colombiana no ha entendido aún cuál es la verdadera razón de ser de la política, su campaña la ha fortalecido gracias a alianzas con corruptos, sus propuestas están mal enfocadas, no tienen cuerpo ni forma; al parecer fueron construidas con los mismos principios de las propuestas de Iván Duque.

Ganar popularidad bajo el lema “cuidemos la democracia”, siendo partícipe de la desfiguración de esta, es un notable cinismo y un crimen a la dignidad de los individuos. Debemos entender que la democracia no solo se limita a marcar con una equis al candidato de tu preferencia, la democracia implica que cada uno de nosotros tengamos una significante inserción dentro del desarrollo político de los territorios. Infortunadamente esto se ha desfigurado gracias a las élites políticas de los últimos 50 años, que han limitado a los ciudadanos en el ejercicio de la democracia de tal forma que estos son maltratados por las decisiones tomadas por aquellos que los administran.

Razón tenía platón al decir que «La política es el arte de gobernar al hombre con su consentimiento.» Cuando entendamos que nunca nos han gobernado, nos vamos a dar cuenta que aquellos que se han repartido el poder durante los últimos años son unos párvulos políticos, de esta manera los nombro debido a que no tienen la mínima competencia para gobernar, no cuentan con una aptitud suficiente para reconstruir un tejido social deteriorado por la violencia, la corrupción y un conflicto armado impulsado por el estado. Un ejemplo apropiado para esta definición de párvulos políticos es el uribismo, la única cualidad competente de este movimiento es que son expertos en apropiarse de los recursos públicos, políticamente no tienen nada que aportarle al país, van a perder el poder y quieren evitarlo a toda costa a través desprestigios políticos y morales dirigidos a su contrincante. El uribismo no solo se encuentra dentro del gobierno ejerciendo cargos públicos, también está en medios de comunicación y redes sociales esperando órdenes de su líder supremo para atacar en masas, de estos debemos cuidarnos incansablemente.

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Nicolás José Llanos Cabas

De Ciénaga, Magdalena. Estudiante de Derecho, diplomado en fundamentos de Derechos Humanos, Políticas Públicas y participación ciudadana y fundamentos del Derecho Internacional Humanitario. Activista juvenil y apasionado por la defensa de los Derechos Humanos.

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