El desbarajuste moral de Gustavo Petro

¿Dónde quedaron esos debates en los que el senador Gustavo Petro denunciaba en el Congreso la corrupción y la politiquería? ¿A dónde fueron a parar aquellos discursos en los que, de forma magistral, hilvanaba datos y hechos para mostrarle a la sociedad el vínculo macabro entre paramilitares y narcotraficantes con las más altas esferas del poder político en Colombia? Las denuncias públicas de Petro llevaron a más de treinta senadores a la cárcel por las alianzas de estos con grupos criminales, y otros tantos, por ser determinadores de masacres y homicidios selectivos.

Por tal motivo, las coaliciones hechas en días recientes, con tal de ganar votos de cara a la Presidencia, lo ha hecho entrar en contradicciones verdaderamente alucinantes – y desconsoladoras para sus defensores y futuros e incautos votantes -. Encarnizados contradictores políticos suyos, inescrupulosos politiqueros y radicales de todos los pelambres han empezado a llenar sus diáfanas filas en las que, en vez de luz, está entrando estiércol.

Hace unos meses llegó a sus huestes Roy Barreras, esa veleta que desde hace más de treinta años ha deambulado a su antojo por cuanto partido sirva a sus intereses: desde las juventudes galanistas, a los cuestionados Cambio Radical y Partido de la U, hasta aterrizar en el bando del líder de la Colombia Humana. Político tradicional, de aclamada oratoria (algunos de sus debates de control político han llevado a la caída de varios ministros), amigo del poder y, por ende, con marcadas ambiciones de poder, lo de Barreras se entiende porque hay aspectos fundamentales para el país en los que coincide plenamente con Petro, y con gran parte de los ciudadanos, entre ellos, ser un defensor a ultranza de los acuerdos del proceso de paz y de los derechos de las víctimas del conflicto armado en Colombia, lo cual es plausible. Hasta aquí, todo bien, pues, si en algún momento sorprendió recibir a un otrora contradictor, dicho recibimiento le quitaba, en principio, esa deshonrosa etiqueta de “radical”.

Días después, acoge a quien también fuera su antagonista ideológico, el senador Armando Benedetti: oligarca liberal de la costa, embutido de poder político desde hace más de veinte años y tibio defensor del proceso de paz, y claro, con “uno que otro” escándalo de corrupción por los cuales hoy es investigado. Pero hasta ahí bien, nada tan grave como para no aceptar su ingreso en el Pacto Histórico. Continúo.

Casi que a la par de la entrada de Benedetti, Petro le da la bienvenida al cristiano radical, y uribista pura sangre, Alfredo Saad, el mismo de sus posiciones en contra del aborto y de las comunidades homosexuales, el que apoyó abiertamente la candidatura del misógino, racista e indolente Donald Trump, y quien venía de uno de los partidos más politiqueros, descompuestos y cuestionados: Cambio Radical: radical como el propio Saad, radical como Petro. Saad tiene como aspiración ser vicepresidente. ¡Ojo! Saad sería la ficha que, de llegar Petro a la Presidencia, organizaría el golpe de Estado en su contra.

Sigue uno observando alianzas, ¿y con qué se encuentra? Con el más uribista de los uribistas: el pintoresco Luis Pérez Gutiérrez, recordado no por sus grandes obras como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, sino por sus escándalos de corrupción y sus alianzas non sanctas con personajes del mundo político regional y con estructuras criminales. En su mandato como alcalde se gesta la tristemente célebre Operación Orión, llevada a cabo entre el 16 y 17 de octubre de 2002, cuyo objetivo era acabar con la presencia de milicias urbanas de las guerrillas de las Farc y el ELN. El operativo dejó como saldo más de cien personas asesinadas, cerca de 120 desaparecidos, decenas de heridos y torturados, y un centenar de familias que tuvieron que salir desplazadas huyéndole a la muerte. ¡Y estos son los que el líder de la Colombia Humana acoge en sus filas! ¡Cuánto humanismo el de este cachafaz!

Y cuando se creía que Pérez era el techo del asunto, que con él paraban los desaciertos, aparece en su “Pacto” la señora Sandra Villadiego, esposa del parapolítico Miguel Ángel Rangel Sosa, condenado por la Corte Suprema de Justicia a seis años de prisión por sus vínculos con grupos paramilitares. A Petro solo la faltó decir, como lo hiciera un innombrable expresidente, “que los delitos filiales no existen”. ¡Ja! ¡Se nos uribizó el orense!

Pero, claro, la ambición de Petro no tiene límites, por lo que con la señora Villadiego no cesaron los desaciertos. Ahora se trata del senador liberal Julián Bedoya, a quien el año pasado “el Consejo de Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín decidió anularle el título de abogado por obtenerlo de forma fraudulenta a través de influencias políticas”. Pero lo de la compra del título es tan solo una nimiedad. Bedoya cuenta con oscuras alianzas políticas en el Bajo Cauca antioqueño, pues sus tentáculos, al parecer, van más allá de las simples filiaciones ideológicas en esta subregión de Antioquia. ¿Con quiénes? ¡Alce el tapete para que se aspire el polvo! Siguiendo: es de público conocimiento su cercanía con el entorno político de César Pérez García, exsenador liberal condenado a treinta años de prisión por ser el determinador de la masacre del municipio de Segovia, ocurrida en 1988, en la que más de cuarenta pobladores fueron asesinados.

Y lo último, lo que pareciera ser la cereza del pastel, es el guiño hecho al expresidente César Gaviria, ese personaje oscuro, cuestionable, manipulador, politiquero repudiable, de figura y ademanes caricaturescos, a quien hace un par de días lo invitaron para ser parte del Pacto Histórico. ¡Propuesta vomitiva! El Pacto Histórico, y la tal Colombia Humana, apestan. ¿Qué falta ahora? ¿Una embajada para el “mamerto”, “liberal de izquierda”, Iván Duque Márquez?

Pero, bueno, es de humanos equivocarse, y quizás el líder de la Colombia Humana, el impoluto Gustavo Francisco, abrazado a lo mejor por una repentina vocación franciscana, haya cometido algunos “inocentes” errores y caído en algunas “pequeñas” distracciones. O, tal vez, vaya uno a saber, que a lo que está acudiendo sea a esa vieja premisa mafiosa: “mantén cerca a tus amigos, pero mucho más cerca a tus enemigos”. ¡Lo que es el ajedrez político en Colombia! Al paso que vamos, Petro pareciera ser el candidato soñado por el uribismo.

Lo más lamentable es que, alza uno la vista para ver el abanico de aspirantes al solio de Bolívar, y este mamarracho es lo menos malo que hay. Pero votar por uno malo, para no votar por uno peor, me parece francamente inmoral.

¡Qué se va a hacer! ¡Esto fue lo que dio la tierra!

P.S.: Una fuente de mi entera confianza me informa que en las próximas horas será presentada como jefe de debate del precandidato Gustavo Petro Urrego la aclamada, laureada, imparcial e internacional periodista bugueña Claudia Gurisatti. Me dice, además, que Petro ya tendría definido parte de su gabinete ministerial. En Educación, sumiría el hoy senador Carlos Felipe Mejía; el Ministerio de Deporte estaría a cargo de Giovanni Vega; la Defensoría del Pueblo la ocuparía Rito Alejo del Río. Por su parte, Diego Molano pasaría de la Cartera de Defensa al Ministerio de Relaciones Exteriores.

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Luis Felipe Gutierrez Hoyos

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