El cuerpo de la enfermedad

“El valor del cuerpo en el culto al cuerpo implica un rechazo a la degradación, a la enfermedad, a la vejez, a la muerte.


La condición terminal de una enfermedad, es la promesa de muerte que goza de la certeza temporal verificable en la consunción física del cuerpo. Con las manifestaciones subjetivas (tristeza, negación, rechazo, nostalgia), la enfermedad toma ente y ser del individuo. Su cuerpo es rehén, una propiedad. La enfermedad del cuerpo se convierte en el cuerpo de la enfermedad.

En las enfermedades terminales, el protagonismo lo tiene el cuerpo. Lo visible, lo objetivamente verificable constituye un desafío para la subjetividad del enfermo y de quienes lo rodean. La degradación corporal suspende la palabra, bajo el asombro o la compasión. ¿Qué decir frente a la certeza de la muerte?

Como lugar del diagnóstico, el cuerpo tensiona entre una bilogía para el estudio clínico y una que se inserta en las relaciones sociales de poder en la cultura. En esta última el diagnóstico pasa a la opinión pública. El enfermo, generalmente, será juzgado por su condición. Como quien ha violado la regla de la inmortalidad al vivir la vida que le ha correspondido. Reproches por descuidos, desconocimiento o excesos, forman parte del repertorio para ser señalado.

El valor del cuerpo en el culto al cuerpo implica un rechazo a la degradación, a la enfermedad, a la vejez, a la muerte. Lo que supondría un cuidado físico con libertades individuales, se ha tornado un dogma intolerante a las “desproporciones” propias de los cambios. Una madre dos meses después del parto “recupera” su cuerpo con el propósito de exhibirlo públicamente. Más que peso, ha perdido la autonomía sobre sus elecciones, porque no puede asumir las consecuencias físicas del parto.

En ese contexto, la degradación corporal del enfermo terminal está expuesta a los juicios de valor, “¿por qué no se cuidó?”, y apunta a la idea, discreta pero firme, de que su condición ha sido su elección, omitiendo el contexto clínico, socioeconómico y emocional del individuo enfermo. Frente al cuerpo enfermo, se hace más fuerte una moralidad sobre la crisis. En palabras de Giorgio Agamben: “La Krisis es originalmente un concepto médico, que designaba en el corpus hipocrático el momento en que el médico decidía si el paciente sobreviviría a la enfermedad”. Los superalimentos, los entrenadores, los influencers, las redes sociales, los chefs, hacen parte de la gurulogía sobre el cuidado del cuerpo. Entre tantas opciones para ejercitarse e infinitas pautas de alimentación, cómo se le puede ocurrir a alguien enfermarse, peor aún, morirse de enfermo.

Finalmente, ¿qué le queda a un enfermo en un contexto así? La culpa. La de haberse enfermado, la de quedarse continuamente sin fuerzas para “la lucha”, la de no poder ganarle la batalla al cáncer o al sida (por nombrar enfermedades terminales paradigmáticas). Porque frente a la metáfora de la “batalla librada al cáncer” usada con los sobrevivientes, ¿le corresponde a quien muere ser un perdedor?


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About the author

Xenia Guerra

Licenciada y magíster en Letras por la Universidad de Los Andes en Venezuela. Profesora universitaria de la misma casa de estudios. Investigadora en el ámbito literario con enfoque en filosofía política y el arte.

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