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“El coronavirus y sus metáforas”: Diarios de Cuarentena

Es la una de la mañana con dos minutos al momento de comenzar este escrito, del domingo 10 de mayo, día en el que en Colombia se celebra el día de la madre, uno que suele ser de los más violentos de cada año en el país. A la fecha, y como comencé mi aislamiento una semana antes de que fuera declarado en el país, llevo 61 días de vivir solo, de no verme con mis compañeros de trabajo ni mis amigos de la Universidad; solo me acompaña mi gata Pandora, una gata criolla color negro que llegó a mi vida en San Valentín del 2018. Llevo unos cuantos días pensando en hacer este escrito con la intención de que sea publicado, también porque justo en el momento en el que comienzo a escribir estas palabras soy presa de uno de los efectos más comunes de este aislamiento: el insomnio.

Titulo este escrito incluyendo el concepto de las metáforas haciendo referencia al nombre que reciben dos ensayos escritos por la novelista y filósofa norteamericana Susan Sontag, El cáncer y sus metáforas y El sida y sus metáforas. Escuché una mención al libro hecha en un capítulo de Presunto Podcast y recordé que meses antes ya había visto el libro en casa de alguien cercano; así que lo compré el lunes 20 de abril y lo recibí en mi casa dos días después. Sin embargo, antes de explicar mis reflexiones y el motivo por el que me quiero referir a las metáforas de este coronavirus, quiero dedicarme un poco a servir de narrador de la experiencia de una persona que ha vivido sin compañía durante estos días.

Al principio de la declaración del aislamiento se hizo muy famoso un dicho que daba a entender que si de esta contingencia no volvíamos a la normalidad sin un libro leído, una nueva habilidad aprendida o más conocimiento que antes, nunca nos había faltado tiempo, sino disciplina. Esta idea me pareció particularmente sugestiva y productivista, en tanto nos considera a los humanos como máquinas con capacidad de producción ilimitada, incluso en condiciones como el de transcurrir una pandemia, que a la fecha según el observatorio de la universidad Johns Hopkins suma 279.329 muertos en todo el mundo. Cómo es que no se considera válido que también existen personas que se ven abocadas no solo a situaciones graves como el hambre y el desempleo, situaciones críticas en las que ni lo básico está asegurado; sino también situaciones como la personal, de perder contacto con todos los seres que hasta entonces formaban parte de una cotidianidad; pregunto: ¿qué efectos psicológicos es posible que experimente una persona que se ve completamente aislada sin sin la posibilidad de tener contacto con quienes incluso tiene lazos afectivos? ¿Será que la mediación de las herramientas tecnológicas remplazan a cabalidad lo que son los contactos físicos? ¿Qué hay de no poder ir a la Universidad y que empiece a ser considerada como un foco de contagio? Son preguntas que quiero plasmar como evidencia de todos los sentimientos y pensamientos que pueden atravesar a una persona en una situación de incertidumbre como la actual, quien aún teniéndolo todo asegurado (porque afortunadamente cuento con un empleo fijo a la fecha, que incluso me permite teletrabajar) no se priva de pensar que estas no son las vacaciones soñadas para ninguno, ni la mejor de las épocas para emprender ningún proyecto, porque también es válido darle espacio a las sensaciones negativas y dejar que se manifiesten como parte del abanico que experimentamos en nuestra vida. Portales como Vice y espacios de opinión como La Pulla ya han dado sus opiniones en esta dirección. Yo lo reitero en defensa de la necesidad de reconocer que no siempre estamos felices ni hiper productivos, ni tenemos ganas de levantarnos temprano porque estamos teniendo noches de insomnio.

Finalmente, y para cumplir con la explicación sobre el título de este escrito, quiero detallar que me llaman la atención ciertas menciones que hace Sontag, sobre todo en El sida y sus metáforas relacionadas con las crisis que generan las epidemias. “El apocalipsis se ha convertido en una serie interminable: no «apocalipsis ya» sino «Apocalipsis de ahora en adelante»”. Y es que el coronavirus ha puesto de manifiesto la necesidad del Estado de garantizar, en condiciones como las presentes en que hay una gripa con características que obligan a aislar la población para prevenir el contagio exponencial, los mínimos vitales que permitan el bienestar de los ciudadanos, y sobre todo de los más vulnerables. Pero no ha sido así, al menos no al grado cabal que se espera que ocurra, quizá porque la naturaleza humana es imperfecta, incompleta, y así mismo es la forma de administrar de los gobernantes de este país; y, sin embargo, es lo que se debe exigir porque esa es la razón de ser de los gobiernos, la administración de los recursos, y hay suficiente para todos, incluso para los que ya tenemos algún tipo de ingreso. Es probable que a esta altura comience a sonar como describiendo alguna utopía, mas pienso que es válido el pensamiento expuesto por Eduardo Galeano quien habló de la utopía como ese más allá que nos hace caminar, aún cuando se aleja al paso que le perseguimos, pero sigue siendo el objetivo, hacia allá es para donde deben apuntar los esfuerzos. También pienso en la idea del Estado como un padre, arquetipo que en la psicología analítica representa al proveedor, el que administra la disciplina (el aislamiento) pero también asegura el sustento para quienes están a su cargo. Colombia es un país que, según datos del DANE del año 2017, el 56% de las madres colombianas son cabeza de familia; somos una sociedad despaternalizada, si se me permite el término, sin figura paterna en el hogar y por eso, una sociedad huérfana de un Estado que nos provea lo necesario. (Quiero aclarar que no creo en la idea de un Estado proveedor de todo en absoluto, solo como parte de la discusión posible a partir de la coyuntura actual.)

Los gobernantes tienen la obligación de asegurar el bienestar de los ciudadanos, y en contraparte los medios anuncian que la administración nacional ha gastado 9.500 millones de pesos en una compra de implementos para el ESMAD. Según El Tiempo, el director de la Policía, Óscar Atehortúa, explicó que este contrato estaba previsto desde el 2019 y entonces por eso se completó la compra. ¿Por qué no considerar primero la condición crítica que está viviendo el país por esta pandemia y cancelar dicha adquisición como una muestra de solidaridad por la situación? ¿Sí es extraordinario el tiempo para emitir decretos todos los días pero no para cancelar una compra de semejante proporción, que podría haber garantizado alimentos a los ciudadanos más necesitados? Me parece que, siendo lo más suspicaz posible, el gobierno nacional prevé las manifestaciones venideras, esta vez no por educación y salud, sino por hambre, y está armándose preparado para reprimir dichas movilizaciones. Esperemos que no.

 

Luis Felipe Arango Mira

Estudiante de Comunicaciones-UdeA

Nota:

En Al Poniente quisiéramos saber cómo ha sido la experiencia de las personas en este tiempo que llevamos confinados en nuestros hogares. Decidimos crear los Diarios de Cuarentena, con la intención de comunicar los sentimientos, sensaciones y experiencias vividas que sentimos en estos momentos insólitos para nuestra especie, a raíz del confinamiento.

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