El cine, como la vida misma

     

Existe un mito poco sustentable de que la calidad del cine norteamericano está en su peor momento. Se murmura que la cinematografía europea es la única que en la actualidad produce películas de calidad artística y de rigor narrativo, de ese a veces inclasificable “cine inteligente”. Mientras tanto, la meca comercial de Hollywood se ha tragado por completo a los pocos directores que alguna vez marcaron la historia del séptimo arte en su país. Scorsese, Burton o De Palma, por ejemplo.

Sin embargo, y tal como se remarcó al principio, esta afirmación dista de ser cierta. Pues hay una cantidad respetable de directores, llamados independientes -aunque eso no sea cierto del todo-, que llaman la atención a la crítica especializada por su estilo único y llamativo. Por un lado, Todd Solondz, Spike Jonze, Alexander Payne o Wes Anderson, se vienen consolidando como el presente del buen cine estadounidense; por el otro, y con más peso mediático y comercial, maestros como David Lynch, Paul Thomas Anderson o los hermanos Coen siguen siendo modelos diferenciados para la nueva generación de realizadores.

En tanto, hay un director que, a pesar de tener ya una larga trayectoria en la industria norteamericana, viene sonando más de lo habitual este año. Y la verdad, se estaban demorando en darle el reconocimiento que se merece a unos de los más talentosos realizadores de los últimos veinte años. No creo exagerar al decir que el texano Richard Linklater pertenece a la élite de lo mejor del séptimo arte actual, su trilogía amorosa Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013) merece un puesto de lujo en las listas de obras maestras del cine, su película Waking Life (2001) está, con creces, inmersa en el finito álbum de las grandes cintas animadas y su última película,Boyhood (2014), al igual que lo hecho por Pulp Fiction en su momento, está cerca de irrumpir en la manera habitual de apreciar el cine, pues es completamente transgresora a los cánones de producción. Repito: no creo que esté exagerando.

Premio a mejor director en el pasado Festival de cine de Berlín, Boyhood, que en Colombia -según Arcadia- ya tiene distribuidor pero no estreno comercial garantizado, posee una mirada real de lo que es el paso del tiempo. Y cuando digo real es, literalmente, real: Linklater grabó durante doce años, con los mismos actores, tomando su desarrollo tanto físico como mental, ligado a unas bases sociales y familiares que, como el desarrollo de una comunidad, necesita moldearse a los incesantes cambios que propone el ser humano. Aunque, y aquí está el truco, el proceso suele invertirse: es el individuo quien debe adecuarse a lo que el entorno le pide.

Linklater ya había demostrado en la aclamada trilogía su genio para hablar del paso del tiempo, para platicar consigo mismo sobre el sentido de nuestra existencia y, aquí agrupo toda su filmografía, para delinear diálogos de exquisita solidez narrativa, siendo un inmenso director de actores y de situaciones, pues su recurrente uso de la calma en los espacios donde suele construir su universo conmueve hasta las entrañas a quienes disfrutamos con cada una de sus arriesgadas propuestas. La exploración de la conducta humana que emerge de las cuestiones filosóficas inducidas a lo largo sus metrajes suma ese sentir poético que todos, en su medida, alguna vez hemos sentido. Asimismo, Slacker (1991),Dazed and Confused (1993) y SubUrbia (1996) son catalogadas de culto entre un grupo, así sea reducido, de espectadores que entienden que su cine, no sus películas, son un baluarte artístico y, por qué no, literario de lo que son las relaciones humanas.

Por esto, podría asumir que este texano de 54 años, con una portentosa filmografía a sus espaldas, ha logrado a la cumbre de su ideario: ha hecho, como pretende reflejar la crítica especializada, su gran obra: su épica cinematográfica. Y esto ya es mucho decir. Esperemos que las principales distribuidores nacionales entiendan la necesidad de proyectar una película que, guste o no, es, como la vida misma, única e irrepetible.

Por ahora, el tráiler:

https://www.youtube.com/watch?v=x6GhFu1PDfI

[author] [author_image timthumb=’on’]https://scontent-b-mia.xx.fbcdn.net/hphotos-xpa1/v/t1.0-9/10356220_10152575733628112_5221994349825380317_n.jpg?oh=7131973ae7d67aa81c54d493a9deb9f6&oe=5460205C[/author_image] [author_info]Diego Pérez Torres Estudiante activo de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Antioquia y de Comunicación Social en la Universidad EAFIT. Ha participado en la elaboración de diversos documentales y cortometrajes que han alcanzado presencia en diversos festivales de cine. Apasionado por el cine, la literatura y las artes visuales; con proyección en la realización e investigación cinematográfica.[/author_info] [/author]

About the author

Al Poniente

Al Poniente es un medio de comunicación independiente que tiene como fin la creación de espacios de opinión y de debate a través de los diferentes programas que se hacen para esto, como noticias de actualidad, cubrimientos en vivo, columnas de opinión, radio, investigaciones y demás actividades. Esta publicación ha sido hecha por la línea editorial de Al Poniente.

3 Comments

Click here to post a comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • I simply want to mention I’m newbie to blogs and truly savored you’re web site. Almost certainly I’m going to bookmark your blog . You definitely come with wonderful posts. Regards for sharing with us your blog site.

  • Apple now has Rhapsody as an app, which is a great start, but it is currently hampered by the inability to store locally on your iPod, and has a dismal 64kbps bit rate. If this changes, then it will somewhat negate this advantage for the Zune, but the 10 songs per month will still be a big plus in Zune Pass’ favor.