El Chavo no murió, se hizo inmortal

Me senté a escribir esta mi columna semanal para el portal Al Poniente en un café de la ciudad de los Ángeles, en el Estado de California, Estados Unidos, donde hay una gran población inmigrante de América Central, en el momento en que los medios hacían eco de la muerte, el día viernes 28 de noviembre, de cinco entrañables personajes: El Chavo del 8, El Chapulín Colorado, El Chómpiras, El Chaparrón Bonaparte y el doctor Chapatín.

Todos estos cinco personajes fueron creados y recreados por Roberto Gómez Bolaños, apodado Chespirito, quien murió a los 85 años de edad el último viernes de noviembre. Es difícil elegir cuál de esos personajes es el preferido de la gente, puesto que cada uno tiene su gracia y su encanto.

Si bien todos estos personajes identificados con la “CH” marcaron la vida de varias generaciones de centroamericanos y suramericanos, quiero detenerme en esta columna en un homenaje a uno de ellos que fue pensado para un público adulto y terminó cautivando a los televidentes de todas las edades y condiciones sociales desde su aparición en la televisión mexicana: El Chavo del 8, creado en 1971.

El Chavo es un personaje que representa la imagen del niño que todos llevamos adentro, (chavo en México significa niño), que llegó a vivir en la “vecindad” y con un toque ingenuo e inocente se ganó la amistad de sus vecinos y de millones de televidentes, que lo integraron a sus vidas, al considerarlo parte de su familiaridad. Con un humor simple, y si se quiere elemental, las historias del Chavo se parecen a las historias de muchos niños latinoamericanos: es humilde y de buen corazón y no obstante cuando sus vecinos “se lo gozan” nunca pierde esa mirada inocente de la vida.

La magia del chavo es que aun cuando uno como televidente sabe cuál va a ser la respuesta ante una situación de este personaje en la “vecindad”, siempre termina con una sonrisa en el rostro y en el corazón. Y esto se presenta aun viendo un capítulo repetido. Una hipótesis explicativa de esta situación es que en el fondo todos tenemos algo del Chavo en una sociedad llena de particularidades, pertenencias y falencias en este mundo Hispanoamericano.

Si pudiera definirse en forma breve el significado de este personaje, ya legendario, tal vez la mejor opción es la siguiente: ingenuo, noble y afectuoso.

Los personajes que acompañan al Chavo en la vecindad, también hacen parte de la cotidianidad de varias generaciones de hispanoamericanos. Basta con mencionarlos en una reunión social para que vengan a la mente en forma espontánea sus figuras y sus personalidades interactuando en el patio de la vecindad: La Chilindrina y su papá Don Ramón, Quico y su mamá doña Florinda, Doña Clotilde, Ñoño y su padre el Señor Barriga, el Profesor Girafales, la Popis y Godínez. Todos quisiéramos en algunos momentos escondernos en el barril de la vecindad, cuando necesitamos que la soledad sea nuestra buena amiga y compañera.

Por todo lo anterior no es cierto que el Chavo del 8 haya muerto el último viernes de noviembre: simplemente se volvió inmortal.

Ante la tristeza que embarga a los niños-niños y a los niños-grandes de Hispanoamérica por la muerte del Chavo del 8, invito a los lectores del Portal al Poniente a cerrar los ojos y hacer la siguiente pregunta en voz alta:

¿Y ahora quién podrá ayudarnos?

Cuando abran los ojos verán de frente a un personaje que les dará la respuesta esperada:

“Yooo, el Chapulín colorado!” “No contaban con mi astucia!”

Como homenaje al Chavo del 8, personaje que nos seguirá acompañando, con sus travesuras y sus andanzas, en la vecindad, me tomé el trabajo de seleccionar sus frases más populares que quedaron almacenadas para siempre en el inconsciente colectivo de Hispanoamérica:

  • “Es que no me tienen paciencia”.
  • “Fue sin querer queriendo”.
  • “Se me chispotió”.
  • “Bueno, pero no se enoje”.
  • “Zali´bale”
  • “Pues al cabo, que ni quería”.
  • “Eso, eso, eso, eso”.
  • “Zas, zas, zas”.
  • “¿Y yo que dije? ¿Y cómo es?
  • “Ahora si te descalabro los cachetes”.
  • “Tómalo por el lado amable”.
  • “Lo último que se pierde es la Barriga, señor Esperanza”.
  • “Si tengo padres, nomás me los han presentado”.
  • “Primero muerto antes que perder la vida”.
  • “Aguas, aguas”.
  • “La venganza nunca es buena, mata el alma y envenena”.

Gracias Chavo por habernos despertado tantas sonrisas. Esperamos seguir disfrutando tus historias y tus aventuras.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://scontent-b-mia.xx.fbcdn.net/hphotos-ash3/t1.0-9/1512389_1429197034004824_2448223768463337392_n.jpg[/author_image] [author_info]Diego Germán Arango Muñoz Ingeniero Administrador de la Universidad Nacional de Colombia Psicólogo, de la Universidad de Antioquia Administrador Turístico, del Colegio Mayor de Antioquia. Especialista en Mercadeo, de le Universidad Eafit. Especialista en Investigación Social, de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Universidad nacional de Colombia desde 1977. Profesor invitado a 35 universidades hispanoparlantes. Consultor en Marketing para más de 350 compañías. Director de más de 3,500 investigaciones empresariales en el campo del Marketing. Leer sus columnas.[/author_info] [/author]

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