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Ejercicios de política-ficción: la reseña convertida en hipótesis

“determinadas acciones políticas (atentados terroristas), harían que el curso de otras realidades paralelas se entrecrucen con la realidad que vivimos en el presente”


En su libro “El camino de ida”, el escritor argentino Ricardo Pligia presenta a Thomas Munk, un doctor en matemáticas y filosofía que lleva una hipótesis ficcional al terreno de la política. Antes de introducir dicha hipótesis, quisiera contextualizar brevemente el libro. “El camino de ida” presenta las vivencias de Emilio Renzi como profesor de literatura en una prestigiosa universidad de New Jersey. Allí, Renzi tiene una fugaz, pero intensa relación amorosa con la directora del departamento llamada Ida Brown. Si bien el libro comienza como un aparente relato amoroso, gracias a la misteriosa muerte de la profesora Brown, el libro termina convirtiéndose en el retrato psicológico de Thomas Munk; un personaje inspirado en Theodore Kaczynski (conocido como Unabomber).

Para los que no conocen a Unabomber, este era un matemático y filósofo yanqui que pasó a la posteridad por sus atentados terroristas sustentados en la idea según la cual, el desarrollo tecnológico fruto de la Revolución Industrial tuvo como consecuencia las desigualdades que vivimos en el mundo moderno. Su accionar político consistió en enviar cartas bomba a prestigiosos académicos tratando de evitar con ello cualquier desarrollo científico. El mismo modo, el Munk de Pligia comenzó una serie de atentados basado en la siguiente idea (he aquí la hipótesis ficcional que ensayaremos con la política): tomando el argumento modal que incita a pensar la coexistencia de varios universos, determinadas acciones políticas (atentados terroristas), harían que el curso de otras realidades paralelas se entrecrucen con la realidad que vivimos en el presente. Dicho de otro modo, las acciones políticas contundentes hacen que el destino de los pueblos pase de meras ficciones a acontecimientos reales. Así, en el caso de Unabomber y Munk, optar por las vías de hecho cambiaba el curso del presente.

Pero, ¿qué pasaría si extrapolásemos la hipótesis de Munk a la política Colombiana? Ciertamente, ante nuestra historia marcada por asesinatos extra-políticos y grupos de izquierda y derecha que tomaron rumbos sinuosos, esto no tendría otra consecuencia que propagar más ríos de sangre. Lejos de incitar a la violencia con esta reseña literaria convertida en hipótesis política, lo que trato es hacer un ejercicio de política-ficción en donde, pensemos qué hubiera pasado sí el 26 de abril de 1990 Carlos Pizarro no hubiera sido asesinado, o pensar sobre las posibles consecuencias del triunfo en 2018 Gustavo Petro a la presidencia. Particularmente, quisiera pensar en un escenario hipotético donde las marchas no fuesen estigmatizadas y los líderes sociales no acabasen muertos a tiros por plantear condiciones de vida digna.

Si apareciera un Munk en nuestro acontecer político, entonces este tendría que lidiar con los siguientes asuntos: i) la estigmatización de los medios, (ii) el sistema autónomo que ha creado el gobierno y (iii), quizá el reto más fuerte, es la sedimentación ideológica en las personas de derecha. Imaginemos pues estos escenarios: en primer lugar, la estigmatización de nuestros medios atacaría sin piedad a nuestro Munk rotulando sus acciones como “vándalas” o “terroristas”. A pesar de que sus objetivos sean los “ladrones de cuello blanco” (parapolíticos, evasores de impuestos, banqueros, criminales de este y demás tipo), sus acciones serían adjudicadas a disidencias o políticos opuestos al gobierno de turno (léase irónico: algún “castro-chavista”). En segundo lugar, si nuestro Munk tratase de eliminar ciertos personajes indeseables de la política nacional, esto no serviría de mucho porque las figuras en nuestro gobierno son reemplazables. Tal vez, una de las virtudes—léase: perversamente— mejor establecidas de nuestro sistema político actual es la que hace de los dirigentes piezas dentro de un sistema que, si llegan a faltar, son reemplazadas por otras que desempeñan su misma función. En este punto, no se debe atacar las piezas (que son reemplazables), sino, el sistema mismo; esto es, la estructura que permite un gobierno a favor de los poderosos y firmas internacionales extractivistas. Pero, he aquí el reto: ¿cómo atacar la estructura? En tercer lugar, si nuestro Munk llevase a cabo su plan, debería enfrentar a los residuos ideológicos que quedaría en ciertas personas que seguirían pensando que “uno es pobre porque quiere”; “las protestas que reclaman derechos son de vándalos” y “Petro es anarquista”. Con todo esto, si el Munk que aquí ensayamos llegase a superar estos retos ficcionales de nuestro acontecer político, muy posiblemente las acciones políticas no se quedan en marchas en las cuales somos machacados (o contagiados de Covid), y permitirían que pasemos de ficciones políticas a actos reales. No obstante, nuestro Munk se queda en el primer filtro porque para ser, à la Unabomber, un doctor en matemáticas y filosofía, éste deberá pagar la inmensa deuda que contrajo con Icetex. Así las cosas, nuestro ejercicio ficcional encuentra, antes de devenir en hipótesis política, un tropiezo inicial.

 

 

Esto fue escrito por

J. Sebastián Mejía-Rendón

Egresado del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia y actual maestrando de la Maestría en tecnología, políticas y cultura de la Universidad Nacional de Córdoba. Los temas de trabajo en los que se ha centrado son filosofía de la ciencia y de la tecnología. En la actualidad estudia un cruce entre filosofía de las mentes animales y mente extendida. En un contexto más detallado, estas investigaciones se ubican en la perspectiva de la técnica animal.

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