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Educación y Política no se pueden separar

“Lo que se necesita es todo lo contrario: que la política entre a las aulas, no buscando un adoctrinamiento, sino brindando la información necesaria para tomar posiciones críticas”

Paulo Freire, tal vez el más grande de los pensadores sobre educación de América Latina, decía que “la educación es siempre un quehacer político”, no porque tuviera ámbitos políticos sino porque la educación “es un acto político en sí misma”. Esto es evidente cuando se entiende que, por un lado, la educación toma posiciones con respecto a la realidad y, por otro lado, que el medio por excelencia para educar, que los griegos conocían bien y que en la sociedad moderna se ha diluido, es el debate.

Evitar que se tomen posiciones al enseñar es hacer del profesor un tecnócrata frío, sin sentimientos y, en todo caso, inhumano. Así mismo, evitar el proceso de discusión de ideas, que es lo que realmente propone el Centro Democrático, implica imponer una ideología, una sola versión de los hechos y un solo método de pensamiento.

Lo anterior es todo lo contrario a lo que se ha venido adelantando con el acuerdo de paz y, concretamente, con la JEP, pues con esta se busca precisamente conocer todas las versiones, y todas las verdades, del conflicto que nos ha desangrado por tantas décadas.

En general, la idea de limitar la libertad de enseñanza encierra la intención de homogeneizar una sociedad, no ya matando al diferente, sino mediante la inculcación de “la verdad” de quienes detentan el poder. No ha existido una sola dictadura que no haya adelantado este proceso. Es más, este hecho de imponer “la verdad”, suprimiendo la libertad de expresión, es, como lo exponía Hannah Arendt, una de las características esenciales de los totalitarismos (de izquierda o de derecha).

Por otro lado, esta propuesta va en contravía de lo que el país necesita: mientras los jóvenes, y la población en general, se dejan influenciar por propuestas populistas, no toman posiciones claras y argumentadas ante la política tradicional y ante la situación del país o, peor aún, se mantiene en una cómoda ignorancia de lo que les está sucediendo, el Centro Democrático pide “no politizar la educación”. Es Absurdo. En definitiva, esta iniciativa, como muchas otras del Centro Democrático, es totalmente antidemocrática.

En realidad, lo que se necesita es todo lo contrario a lo que se ha propuesto: que la política entre a las aulas, no buscando un adoctrinamiento, sino brindando la información necesaria para tomar posiciones críticas. La educación tiene el deber de fomentar la cultura política y no dejarles este trabajo a las narconovelas, ya vemos lo que sucede cuando un niño se educa con estas.

Los jóvenes son el futuro de esta sociedad y negarles el derecho de una educación de calidad, política y crítica solo nos llevará a perpetuar las condiciones desastrosas en las que vivimos hoy.

@CamiloADelgadoG

Esto fue escrito por

Camilo Andrés Delgado Gómez

Politólogo en formación en la Universidad Nacional de Colombia. Lector crítico de la dinámica política y la historia, dos cosas que en este país siempre se olvidan. Como Keynes, cuando los hechos cambian, cambio de ideas, ¿qué hace usted, señor?