Opinión

Dos libros de superación personal.

Metro de Medellín, viaje de Bello a Itagüí con Octavio Restrepo.

Esta semana estaba en el Metro leyendo lo mío, María,  pero mi distracción me llevó a interrumpir la lectura porque había mucha gente y cuando eso ocurre, me pongo a leer sus ropas, sus miradas y todas esas cosas, y cuando tienen libros hago el mayor esfuerzo por ver qué leen, pasando a veces por imprudente y metido.

Dos personas en el trayecto de ida y venida, leían cada una un libro  de superación personal o autoayuda, como le dicen otros, pero lo curioso es que tenían que ver con dos esferas fundamentales en la vida del hombre (antropológicamente hablando, antes de provocar la ira de cualquier feminazi): las relaciones sociales y el bolsillo.

Respecto a lo de relaciones sociales, había una rubia con muchos bolsos y bolsas, y con aspecto de viajera, que leía Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Antes de bajarse en su estación de destino, miraba con ansias las páginas restantes, un poco más de la mitad de libro, quizá añorando terminar rápido para conseguir amigos lo más pronto posible. Increíble que alguien necesite que un libro le dé instrucciones de cómo conseguir amistades, y peor aún, que le diga cómo influir en la gente.

Los libros pueden utilizarse como medios para conseguir amigos, pero cómo se le ocurre a alguien escribir un libro para decirle a alguien cómo entablar relaciones sociales; ¡qué irresponsable, de por Dios!

Se puede conseguir amigos dialogando sobre literatura. Por ejemplo, en una librería donde dos extraños coincidan en algún libro de José Saramago, y quizá ambos dialoguen sobre por qué están buscando ese libro en particular. Quizá uno de los dos tenga un libro de Sartre en sus brazos, y quizá el otro lector encuentre alguna coincidencia entre las temáticas de ambos autores y dialoguen por unos minutos para luego intercambiarse sus WhatsApp y desde allí entablar una amistad y terminar esa conversación pendiente sobre literatura y por ende, sobre la vida misma. Insisto, si de libros y amistad vamos a hablar, ellos pueden servir como medio para entablar una bonita amistad, pero muy difícilmente un libro le dirá cómo conseguir una amistad.

Montaigne habló ya sobre eso a lo que llamamos amistad, a partir de la que tuvo con un pintor que trabajó en su casa, sentenciando, en ese sentido, que pareciera que no hubiera nada más a que la naturaleza nos hubiera encaminado, que al trato social. Trae a colación diferentes posturas sobre la amistad, y citando a Aristóteles dice que no hay amigos, pero con Cicerón dice que el amor es el deseo de alcanzar la amistad de una persona que nos atrae por su belleza, y además dice también mediante ese mismo autor, cuyo texto es homónimo de este ensayo de Montaigne, De la amistad, que la amistad no puede ser sólida sino en la madurez de la edad y del espíritu. Dudo mucho que aquella rubia consiga amistades sólidas leyendo un libro que le dé instrucciones de algo tan complicado como lo es forjar una sólida amistad o conseguir un amor, porque seguro que habrá libros que den instrucciones para esto último, y quizá sean de Walter Riso.

En otro pequeño ensayo, De la desigualdad que existe entre nosotros, ese mismo autor menciona algo de las falsas amistades, con las que quizá aquella rubia no querrá toparse pero que seguramente ya lo hizo, y cita el caso del Rey Hierón quien se ve privado de toda amistad y relación social, en lo que según el autor, consiste el estado más perfecto y el fruto más dulce de la vida humana, y cuánta razón. Ojalá que algún día la rubia llegue a esos momentos de perfección.

En cuanto al bolsillo, un hombre con pinta de obrero de una fábrica cualquiera de Ayurá, leía algo así como Cómo ser efectivamente exitosos, que infiero trataba de cómo conseguir dinero a la mayor brevedad puesto que en su portada había unos signos de pesos. También infiero, no sé por qué, que algún ser “libre financieramente” de Amway o Herbalife, le sugirió ese libro como seguramente le habrá sugerido a Kiyosaki. El autor de este libro no lo alcancé a ojear, pero sí  sé que en su contraportada decía que gracias a su carisma (?) lo han catalogado como el Sócrates latinoamericano, por lo que espero que algún dios los perdone por semejante herejía.

Para conseguir dinero en este país se necesita tener ‘rosca’ en alguna empresa que pague muy bien a sus empleados, de los cuales el 90% ya han entrado también por ese mismo mecanismo. Pero antes se necesita “estudiar algo que dé dinero”, como dice mi madre, consejo que afortunada o infortunadamente no seguí, y es que se se supone que si se sigue tal exhortación, alguien de x o y empresa puede ‘colaborarnos’ o ‘palanqueanos’ en su trabajo. Otra opción es estudiar algo que realmente nos apasione y correr con la suerte de no terminar vendiendo Vive 100 o manejando un amarillo sino ejerciendo la profesión y conseguir algo de dinero, cosa que en las ciencias humanas, por ejemplo, es bastante complejo. Pero de por Dios, no seamos tan ingenuos de creer que un libro de Kiyosaki o del “Sócrates latinoamericano”, nos va a abrir las puertas de la riqueza o que un el primer libro que mencioné nos vaya a ayudar en esa materia.

 

 

 

 

 

Esto fue escrito por

Santiago Molina Roldán

Licenciado en Humanidades, Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia.​

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