Opinión

Desobedecer es un derecho: Lecciones del Mayo Francés del 68

El mayo francés de 1968 fue la construcción de un nuevo relato que marco un derrotero para la juventud en el mundo durante el siglo XX, a pesar del carácter utópico de las expresiones de los manifestantes franceses abrió paso para la ampliación de libertades que requería la entrada a la posmodernidad. Gran influencia marcaría la filosofía para el movimiento las figuras de Jean Paul Sartre, Freud, Marcuse, Michael Focault, Guy Debord, entre otros. La filosofía como siempre angustiando los espíritus para el desarrollo de la humanidad. Los jóvenes franceses salieron a las calles para expresar el hastío que generaba el orden del sistema educativo, las jerarquías establecidas culturalmente, la prohibición al uso de la píldora anticonceptiva, la imposición de derroteros de vida que no contemplarán las pasiones y gustos juveniles establecidas  por sus padres, la represión sexual que extendió el famoso “prohibido prohibir” el sin sentido de la guerra, la manipulación mediática de los medios, por tanto el icónico “¡Apaguemos el televisor, abramos los ojos!” el intervencionismo y la colonización que cita una de las frases más recordadas “¡Las fronteras nos dan igual!

El mayo francés del 68 era el momento de la fantasía, de recrear un mundo hecho a la medida de las palabras porque al fin y al cabo son las que construyen el mundo, por eso en aquel entonces las paredes hablaban y se popularizó una nueva forma de ver el cambio social que a fin de cuentas tras el paso de la historia se han comenzado a materializar en derechos en los Estados democráticos.

En Colombia debería abordarse la expresión de la juventud de otra manera. En lugar de criminalizarla, doblegarla, docilizarla y eliminarla como lo hemos presenciado en los últimos días, es necesario repensar su rol en la sociedad, establecer un gran diálogo nacional sobre sus sentires e interpretaciones. Los jóvenes en el país están en la constante búsqueda del sentido, se pintan el color de su cabello para enviar un mensaje de diversidad y disenso, se expresan con tatuajes y sus elementos identitarios, inundan sus redes de creatividad, se entregan al arte y la cultura, tejen procesos sociales en los barrios populares, cantan rap en los buses, se fascinan con el punk, el reggaeton, el rock y el metal, bailan los más diversos géneros musicales, cuestionan el poder a través de las redes, participan democráticamente, la juventud del no futuro está cambiando al entregarse a sus pasiones.

Esta generación comprende que el desalojo de sus posibilidades es producto de la política que los ha negado o excluido desde siempre, por tanto, se manifiestan, se agrupan en redes, se expresan en red y de acuerdo a sus intereses se unen a movimientos sociales haciendo gala al derecho a desobedecer. Es deseable  que el poder político comprenda que la juventud advierte sobre un futuro que tarde que temprano por las lógicas de la historia terminará imponiéndose, cómo se impusieron las libertades proclamadas por el Mayo Francés,  que su búsqueda por un sentido debe ser valorado, que su diversidad es sinónimo de grandeza, que su demanda por la educación pública, gratuita y de calidad es indelegable, que reestructurar las instituciones hacía unas mucho más democráticas es urgente para una sociedad contemporánea del siglo XXI. A modo de conclusión por más represión policial, por más violencia, por más masacres la juventud colombiana está proclamando como lo hizo la juventud del Mayo Francés su sagrado derecho de soñar.