De muchedumbres y banderas, en el país de Angulos y Ardilas

Lo cierto es que la mejor forma de rechazar los abusos a la base social colombiana tiene fecha y ya se ha dicho: ¡Ojo con el 2022!


Caminar contra la injusticia está en los genes de este país. Desde las gestas libertarias por la independencia, de ese periodo que fundaba los cimientos de una república y nos daba ley propia que regiría nuestros destinos más allá de la cosmovisión del viejo continente, hasta los días donde nada es tan diferente, salvo por alguna tesis del modernismo y uno que otro ímpetu impasible. Pero entre cada situación que ha tenido nombres, rostros, próceres y muertos, se han levantado las voces reaccionarias de quienes a través del privilegio –o en el engaño de estarlo- han tratado de minimizar la búsqueda de situaciones de equidad de una nación más justa, de un país que logre convocar a la una unidad nacional por la defensa de lo común.

La apuesta por el “28A”, y lo que está antecediendo esa movilización, es la respuesta de los ciclos de la historia: movimientos y levantamientos ciudadanos por la reivindicación del solo hecho de ser parte de este fragmento de tierra llamado Colombia vs. movimientos de sectores reaccionarios que no deseaban perder los privilegios que la Corona española les había otorgado, o como en nuestros días, las prerrogativas que una clase económica hoy logra ostentar gracias a sus alfiles en el Estado. Situaciones de privilegio y buen gozo de la renta. Circunstancias actuales hoy nos llevan a unos ejemplos claros de esas proposiciones reaccionarias: quienes hoy lideran y convocan las movilizaciones del “28A” son tildados de “irresponsables” por salir a marchar en pleno tercer pico de pandemia en el país. Una retórica a los incautos cibernautas que replican este mensaje, la masa que vota por estos que hoy desean gravar con el 19% alimentos como el café, los huevos y la leche. Abogando a la falta de memoria de un país que fue convocado en agosto de 2020 para respaldar a un expresidente por encima de las decisiones de las instituciones democráticas, aún más lejos de la vacuna.

Es cierto que el Covid-19 se está llevando vidas en nuestro país, pero las decisiones arbitrarias que están asfixiando a la clase media y baja agudizan los problemas asociados a la pobreza y la falta de oportunidades. Lo cierto es que la mejor forma de rechazar los abusos a la base social colombiana tiene fecha y ya se ha dicho: ¡Ojo con el 2022!

Vale resaltar la importancia de las líneas que Otto Morales Benítez nos regala en su obra magnífica Muchedumbres y banderas para entender que seguimos en unas situaciones cíclicas. En cita a Salvador Camacho Roldán “todo está gravado: el capital y la renta, la industria y el suelo, la vida y la muerte, el pan y el hambre, la alegría y el duelo. Monstruo multiforme, verdadero Proteo, el fisco lo invade todo, en todas partes se encuentra, y ora toma la forma enruanada del guarda de aguardiente, el rostro colérico del asentista, el tono grosero del cobrador de peaje, la sucia sotana del cura avaro, los anteojos del escribano, la figura impasible del alcalde armado de vara, la insolencia brutal del rematador del diezmo, o la cara aritmética del administrador de aduana”.

Pasamos de los españoles a unos Angulos y Ardilas.

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Jonathan Chaverra

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