De la novela, el cuento y otras cosas

     

Construcción, deconstrucción y estructuración para la escritura de la novela y el cuento

Sea este el momento para referirme a un tema que me generó gran interés a partir de una conversación que sostuve hace algunos días con una persona que me planteaba la situación que a continuación expongo.

Mi interlocutora durante aquella charla me manifestó con un notorio sentimiento de frustración el hecho de que ella intentaba escribir un cuento o una novela, comenzando siempre por el “principio”, es decir, “había una vez” o “era el año…”, sin embargo la determinación y entusiasmo por realizar la pieza literaria se veía frustrada después de algunas páginas, o incluso después de algunos renglones, pues, después del arranque inicial no sabía que escribir, ni tenía claro el contexto de la obra, los personajes y por ende el argumento no salía de dar vueltas y vueltas de los dos o tres renglones iniciales.

Ahora bien, considero oportuno tocar el tema de la construcción, deconstrucción y estructuración ya sea de la novela o del cuento para la efectiva realización de un trabajo sólido, coherente y correctamente estructurado. Y quiero dejar en claro de una vez que no pretendo con este articulo dar parámetros algunos determinantes para la realización de tales escritos, sino que me limitaré a presentar las fórmulas que a mí me han funcionado en la realización de estas piezas escritas.

Comencemos con el tema de la construcción, sea cuento o novela, en esta primera parte no haremos gran distinción entre ambos, pues como notará el lector, los puntos específicos que tocaremos resultan análogos tanto al tema de la novela como del cuento.

Como todo debe tener un principio, comenzaremos a realizar nuestra construcción desde la pregunta básica antes de comenzar a escribir, ¿sobre qué quiero escribir? Este primer interrogante tan sencillo a primera vista, resulta convirtiéndose casi en la mitad del desarrollo, pues de allí se desprenderán los elementos fundamentales para la óptima realización del trabajo literario.

Sobre qué escribir. Aquí llega uno de los momentos cumbres de nuestro objetivo, pues cuando se logra tener claridad sobre el tema, hecho o vivencia que se pretende plasmar en la hoja en blanco, se pueden dilucidar otros elementos que no resultan aparentes pero que en realidad son indispensables. El tema puede ser cualquiera, sin embargo, es mucho mejor cuando tenemos un cierto conocimiento del mismo, pues la historia que contemos debe estar sólidamente fundamentada en las características que envuelven ese tema. Es decir, si alguien decide escribir una historia de amor dentro del contexto de la segunda guerra mundial, deberá mínimamente empaparse de los hechos acaecidos durante este periodo de la historia mundial. Esto, para que la historia resulte más creíble al lector. No se puede pretender hablar por ejemplo de la segunda guerra mundial y ubicar a los personajes dentro de una disco de los años 70´s. Aclarado esto, y definido el tema por el escritor, sigue el nervio central de su producción escrita, como lo es el personaje principal. Quien es, como es su fisionomía, como se viste, donde vive, a que estrato pertenece, como habla, si es coherente con los hechos y la época que se pretende narrar. Parece un trabajo algo complejo, pero en realidad es un buen ejercicio de lectura. Cuando nos sentamos a leer un libro con atención podemos observar que el autor nos va mostrando la identidad, fisionomía e inclusive la psiquis del personaje principal, así como de sus antagónicos. Por eso es buen ejercicio la libreta de notas, para ir acumulando uno a uno esos detalles que se nos van ocurriendo y que van consolidando los personajes.

Superado el tema de que es lo que se quiere contar y quien vivirá esos hechos que se quieren narrar, sigue la contextualización del personaje en un espacio tiempo. El tiempo del ejemplo ya lo expusimos que era el de la segunda guerra mundial, ahora sigue darle identidad al personaje, si es hombre o mujer, donde vive, con quien vive, si su forma de hablar se acopla a esos elementos complementarios. Hasta aquí ya llevamos la mitad del trabajo realizado. Finalmente, en esta primera parte se procede a realizar un esbozo de la historia que no es necesario tener muy detallado, pues en el desarrollo narrativo nos enfrentaremos a esos detalles.

Seguidamente veamos en que consiste la deconstrucción del escrito. Esta se da tomando todos los elementos que poseemos y colocarlos sobre la mesa, realizando un examen de cada uno de ellos, valorando, desechando o reestructurando lo que sea necesario. Calificaremos nuevamente los elementos que identifican al protagonista y a su antagonista. Analizaremos una vez más la coherencia entre personajes y el factor espacio tiempo, y comenzaremos a dar forma al argumento partiendo de descripciones hasta llegar a narrar situaciones y hechos, dejando finalmente como trabajo la creación de los diálogos. Téngase muy en cuenta en este punto varias cosas importantes. Primero que no es muy conveniente introducir o familiarizar a los personajes principales con los secundarios porque llegaría a quedar muy cargado y tedioso el contenido del capítulo. Segundo, los capítulos deben ser tan largos como sea necesario, ni más ni menos, procurando dejar siempre un poco para el próximo, así despertara mayor curiosidad en el lector. Tercero los personajes no son ni pueden ser demasiado buenos ni demasiado malos. Se debe procurar que sean lo más parecido a la gente real, excepto que se esté narrando una historia de ficción.  A esta altura si debe hacerse la distinción entre cuento y novela, puesto que el cuento generalmente desarrolla una sola situación, mientras que la novela desarrolla por lo general varias situaciones dentro de un contexto, y se debe tener coherencia entre el tema a desarrollar y la longitud del escrito, tal vez el tema no se preste para una novela, pero si para un buen cuento, o viceversa.

Finalmente analicemos el tema de la estructuración del texto final. Este es el punto donde realmente comienza el trabajo largo, algunas veces frustrante y otras no. Es aquí donde se incorporan las descripciones espacio-temporales, la narración ya sea en primera o tercera persona. La creación de los diálogos y que estos estén acordes con las situaciones que se están desarrollando. Es este punto donde se debe escribir, borrar y reescribir, no importa cuántas veces, lo importante es el resultado, que nos llene, que estén acorde todos los elementos unos con otros y podamos ofrecer un trabajo limpio y solido en un todo. Borrar mil veces no significa fracasar, simplemente significa pulir, corregir… mejorar.

Quedan en el tintero muchos detalles que aquí no se exponen, pero de ser del agrado el presente artículo, procederé a realizar exposiciones referentes a otros factores que se han de tener en cuenta a la hora de escribir, o, porque no, a la hora de leer buenos libros de forma crítica.

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About the author

Alejandro Alberto Arroyave López

Alejandro es estudiante de ultimo semestre de Derecho vinculado a la rama judicial. Ha estudiado musica en Bellas Artes y en la escuela Popular Artes. Apasionado de las artes plásticas y de la literatura.