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Juan Daniel Oviedo es un tipo brillante. Un técnico a todo dar. De esos que sacan pecho porque son inteligentes y toman decisiones según los datos. A diferencia del burócrata, que decide según la primera oportunidad de beneficio. Integró el gobierno del uribismo y no aceptó la invitación de Petro de sumarse a su gobierno en la dirección del DANE. Ser la revelación electoral en la consulta del 8 de marzo, nos tomó por sorpresa. Aceptar ser fórmula vicepresidencial de Paloma, nos tomó por sorpresa. La primera: un logro. La segunda: un descalabro. Una decisión precipitada que echa por la borda todo lo que había construido sobre su perfil de independiente. Daniel el travieso aceptó la copa envenenada. ¿Ingenuo o ambicioso? Una y otra respuesta desdicen lo técnico y lo instalan en la acera del oportunismo. El interés de Paloma por Oviedo solo tiene origen en su impacto electoral. No es interlocutor. Oviedo mostraba una manera de ver y hacer política diferente a lo que es y representa Paloma. Daniel el travieso debe saber que le espera el cuarto de rebujo. Justo como hicieron con Francia. Pero una no aprende en cuerpo ajeno. Paloma no tiene agenda propia, es la vocera de una fuerza externa que se resiste a dejar el poder. Lo dice y lo pregona siempre. Es una lástima que una persona que había construido el escenario político con base en el pluralismo, la diversidad y la autonomía se entregue a manos llenas a la primera de cambio. En Colombia hay apuestas pendientes en materia de igualdad, de equidad, de justicia social, de respeto a la diversidad; de hacer lo que el Estado social de derecho ordena, y la perspectiva ideológica desde la cual, el grupo político de Paloma ve el mundo, ha sido insuficiente. Se pierde una oportunidad de reflexión independiente a cambio de un puesto en la burocracia venidera. La misma que tendrá que compartir con la extrema coherencia, que hoy en campaña, lo acusa de promover la agenda gay en niños, niñas y adolescentes. Y justo por esa decisión precipitada, tendrá que soportarlos, y mañana, gobernar con ellos.













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