Curas sin cura

     

Algo muy grave tiene que estar creciendo en el alma de los colombianos para que un sacerdote difunda un video suyo fustigando con razón a Álvaro Uribe e Iván Duque, el cual circula en redes sociales (https://bit.ly/2NdXAuB). La furia sacerdotal se relaciona con su crítica a la actitud silente del Centro Democrático frente a los asesinatos de líderes sociales. El fogoso sacerdote además sostuvo su punto de vista en una entrevista radial en la que alternó con la sectaria, ignorante y desapacible senadora María del Rosario Guerra, cuya defensa de su partido fue deplorable.

Aunque muchas de las afirmaciones del cura en contra de Uribe y Duque son razonadas y están fundadas en hechos ciertos, no está bien que ningún religioso se valga de su investidura para imponer sus personales creencias políticas, cualesquiera que ellas sean. Desde siempre esta tribuna ha protestado contra los abusos de los curas que intervienen en favor de políticos de ultraderecha o en decisiones trascendentales, como lo hicieron abiertamente y sin pudor al oponerse al plebiscito en octubre de 2016, contando con el apoyo del cardenal Rubén Salazar y monseñor Ettore Balestrero, el nuncio apostólico que en buena hora se va de Colombia.

No voy a cambiar de criterio ahora que un sacerdote guadalupano rompe su silencio haciendo afirmaciones que coinciden con mi línea de pensamiento. No estaré jamás de acuerdo con que ningún religioso haga manifestaciones políticas, cualquiera sea el tono o su destinatario. Los curas han de estar en sus templos, alejados de la política, no solo para respetar la libertad de cultos, sino para honrar el principio cardinal de nuestra democracia de que Colombia es un Estado laico.

Es aquí donde es importante llamar la atención de la inconsistencia ideológica evidenciada por la errática senadora Guerra en el malhadado reportaje radial donde se enfrentó al cura de marras. Uribe y sus gentes no solo gobernaron de la mano de la iglesia católica, sino que se han servido de los electores cristianos para avalar sus listas en el Congreso y para apoyar al propio Iván Duque. No se olvide que, siendo Uribe presidente, al Opus Dei se le permitió todo y para eso el gobierno rompió todas las neutralidades a las que estaba obligado porque, además, varios de sus ministros eran cooperantes de esa poderosa y excluyente organización, entre otros Sabas Pretelt y Marta Lucía Ramírez.

La contradicción uribista es evidente. Les gustan los sacerdotes de todas las religiones, pero cuando están de su lado, porque cuando excepcionalmente alguno los critica, entonces es un pastor extraviado y abusivo. Es más, cuando un prelado muestra preocupaciones de índole social lo descalifican sindicándolo de comunista, como el arzobispo de Cali, un defensor de la paz, maltratado por el héroe de Invercolsa, Fernando Londoño, y por varios momios o sus obsecuentes estafetas, como Mario Fernando Prado.

No es coherente criticar a los curas por intervenir en política en contra de Uribe y Duque, pero valerse de ellos y su innegable poder para obtener réditos electorales. Los sacerdotes no pueden ser buenos o malos dependiendo si creen en dios o en el diablo o en ninguno de los dos, como lo pregonaba de sus compatriotas el temido monseñor Builes, perseguidor de liberales, a quien entre otras cosas Roma pretende convertir en santo a pesar del inmenso daño causado a la Nación.

Ese defecto de no ser coherente es incorregible, pues el mismo mandatario electo, que se ufana de querer gobernar para todos y no distinguir contradictores, sin embargo manda señales en contra de la marcha que Petro pretende organizar el próximo 7 de agosto, la que a su juicio ha sido convocada por “inercia”. Semejante argumento ya lo recogió la disparatada senadora Guerra, quien salió a exigirle a Peñalosa que no autorice esa marcha. Veremos si incurre en esa alcaldada. Lo que quiere el uribismo es seguir disfrutando de la complicidad de sus curitas de bolsillo y que la oposición proteste, pero al ritmo de ellos y cuando les parezca conveniente.

Adenda. A juzgar por la nómina de empresarios que Duque está nombrando como ministros, este será un gobierno de empresarios y plutócratas o negociantes.

@RamiroBejaranoG

About the author

Ramiro Bejarano Guzmán

Abogado, especialista en Derecho Procesal. Profesor universitario de la Universidad Externado y de la Universidad de los Andes. Columnista de opinión y analista político.