Corrupción Infinita: Más que un Cliché

Las sociedades que toleran y trivializan la corrupción, están inmersas en el abismo de la decadencia y muestran desprecio hacia el bienestar colectivo. Un estado que perpetúa la corrupción, que constantemente reinventa sus formas, donde la zanganería y la debilidad institucional se han arraigado, crea el ambiente propicio para el caos.


Sin duda, uno de los mayores obstáculos para el progreso de una nación es la corrupción. Este veneno social, que se extiende como un circuito reverberante, mina las bases de la sociedad y socava la confianza en las instituciones. Con el tiempo, la corrupción erosiona el tejido mismo de la sociedad, debilitando su capacidad para avanzar y prosperar.

Las sociedades corroídas por la corrupción se convierten en una pesada carga en la vida cotidiana de sus ciudadanos. Se genera un ambiente de desesperanza, mientras los políticos recurren al cliché de la lucha contra la corrupción, ofreciendo soluciones mágicas para resolver problemas arraigados durante décadas en cuestión de semanas, algo que carece de veracidad. La corrupción se convierte en un negocio altamente lucrativo, tan descarado que los cargos políticos se heredan, perpetuando así las prácticas corruptas en las futuras generaciones que forman parte de esas élites, marcando su destino hacia tales conductas.

La corrupción y la ética son como el agua y el aceite, son incompatibles. Cuando un político novato se ve contaminado por ella, se sumerge en un estilo de vida donde la mentira, los lujos y el poder se convierten en la norma.  Durante la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción en 2003, la ONU estableció un marco y un derrotero para la lucha y combate contra este flagelo. La sociedad civil debe unirse para emplear estrategias que aseguren que los infractores sean debidamente sancionados a través del sistema judicial. Las ONG, junto con el sector privado, deben colaborar de manera conjunta para que la prevención sea el principio rector a seguir.

La corrupción engendra violencia y socava el estado de derecho. Un país cuyos líderes son corruptos y someten a la comunidad a la miseria y la inestabilidad política es un caldo de cultivo para conflictos. El papel de los medios de comunicación en mantener a la sociedad informada de manera imparcial es crucial. La sociedad necesita conocer todo lo que propicie la corrupción, así como las estrategias para combatirla y reparar el daño causado por los corruptos.

Solo los corruptos y sus familias parecen disfrutar de los frutos de la corrupción. Esta red de malas prácticas se extiende desde el líder político hasta la secretaria que realiza  los contratos, e incluso alcanza al vecino del corrupto, quien se regocija por el poder y los bienes adquiridos de manera ilícita. Los políticos corruptos se enriquecen a costa del dinero público, desviándolo para su propio beneficio y dejando a la sociedad desprotegida y empobrecida.

En las sociedades impregnadas de corrupción, aquellos que actúan con ética son estigmatizados como tontos e imbéciles. Se ha construido una fachada que justifica el derroche del erario por parte de los individuos más astutos. Los políticos corruptos actúan sin escrúpulos en cualquier lugar o escenario donde puedan obtener algún beneficio económico. Son despiadados. Por lo tanto, la lucha contra la corrupción es una obligación moral para todos los ciudadanos.

El gran error de los corruptos radica en su creencia de que el resto de los ciudadanos somos ciegos ante la barbarie que implica apropiarse de los recursos públicos. Sea en forma de nepotismo, cohecho o peculado, la corrupción sigue siendo una forma de violencia. Cuando la corrupción desvía fondos del sistema de salud, se crean condiciones que impiden que los pacientes reciban la atención adecuada, lo cual constituye una forma de violencia. Del mismo modo, si la corrupción desvía fondos del sistema educativo y priva a los estudiantes de aulas adecuadas y recursos tecnológicos, también se está perpetuando una forma de violencia.

Entiendo la fatiga que genera el constante bombardeo de noticias sobre corrupción, pero esta no puede llevarnos a la complacencia. La corrupción no puede ser tolerada; no es un problema de ciertos países, aunque algunos sean menos afectados que otros. Es un desafío global que requiere un enfoque centrado en la educación para prevenirla y en estrategias de penalización efectivas y contundentes.


Todas las columnas del autor en este enlace: https://alponiente.com/author/luisrmoscote-salazar/

Luis Rafael Moscote-Salazar

Medico Neurocirujano
Consejo Latinoamericano de Neurointensivismo (CLaNi), Colombia
neuroclani.org

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