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Conflictos y nuevas violencias en el Huila

Llanto, tristeza, angustia y desesperación son algunas de las emociones que el conflicto armado produce en algunos habitantes de nuestro país, sobre todo los de las zonas más apartadas y marginadas. Para miles de familias, la firma del acuerdo con las FARC significó la oportunidad de mitigar los hechos de dolor y sufrimiento, sin embargo, en distintos territorios del país el conflicto no cesó.  Basta con decir que en el último mes han ocurrido 7 masacres. No obstante, el conflicto continuó con diferentes expresiones según la región y los actores armados que tienen presencia. Es así como, Felipe Morales, sociólogo, estudiante de maestría y activista político nos contó la historia y actualidad del conflicto en el departamento que lo vio nacer y crecer, el departamento del Huila.

Nació en Neiva, sus primeros pasos y su niñez estuvieron atravesados por los rayos del sol se acostumbró a vivir entre el calor, alimentado con tamal y lechona; Felipe inició su práctica política en el colegio, tiempo que lo llenó de sentimientos y razones para dedicar su vida a la lucha social y política. Años más tarde, comenzando la década del 2000, inició sus estudios superiores en Bogotá y comenzó su activismo en el movimiento estudiantil, hizo parte de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), organización estudiantil de carácter gremial y posteriormente del movimiento político y social Marcha Patriótica.

Cuenta Felipe que, “después del fallido proceso de paz en el Cagúan, llegaron los periodos de Álvaro Uribe Vélez y la represión al movimiento estudiantil tuvo momentos difíciles. Una estigmatización grande, a los líderes estudiantiles, a las universidades […] como en Colombia había un conflicto de origen social y político con manifestaciones armadas, la narrativa del entonces presidente era de anular al adversario, negar al otro. Desde la voz del presidente, escuchábamos que los estudiantes éramos guerrilleros, milicianos, miembros activos de la guerrilla en la universidad; organizaciones como la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios (ACEU), la Federación Universitaria Nacional (FUN) y nosotros (FEU), eran catalogadas como objetivos de la fuerza de inteligencia del Gobierno. Fue una época dramática”.  Las organizaciones estudiantiles, además de organizar a los estudiantes, también estuvieron dispuestas a organizarse junto con los campesinos para conseguir mejores condiciones de vida. Es así como Felipe, en medio de las dinámicas de luchas campesinas, acompaña y apoya a los campesinos en los departamentos del Huila y del Tolima. Incluso, su tesis de pregrado en Sociología fue sobre desposesión a los campesinos en los megaproyectos, cómo despojaban campesinos para explotar recursos naturales. Un claro ejemplo de la academia al servicio del pueblo y no del capital.

Así pues, el activismo político en Marcha Patriótica, el trabajo articulado con los campesinos en un territorio que vivió en medio del conflicto armado, le da los argumentos suficientes a Felipe para hablar con claridad. Antes del acuerdo de la Habana, dice Felipe que, “en Colombia existía un conflicto social con una expresión armada que no solo se caracterizaba por el interés de promover movilización social sino de influenciar toda la estructura social. No solo con los campesinos sino con las empresas y la vida económica de las regiones. Las FARC funcionaban como estado regulador de la vida social en varias zonas del departamento; acordaban los procesos de convivencia con las juntas de acción comunal. Impartían justicia.

Sobre el control territorial de los grupos armados antes del acuerdo de la Habana: “aquí en el Huila hubo presencia de varios frentes: el 55 en el norte y el 17 de la zona rural de Neiva. En el Tolima estaba el frente 21; también estaba el frente 25 uno de los frentes con más historia”. Por otro lado, los paramilitares habitaban y controlaban poblaciones del Tolima y del Huila. Comenta Felipe que “en Puerto Tolima, al sur del Tolima, existía una base paramilitar. Ganaderos y gente pobre organizada, dotada de armas por el ejército, gente con instrucción militar. Las familias generaron un grupo en contra de la guerrilla. Había una base en medio de la población, ese pueblo fue destruido por la guerrilla en una acción militar. Así mismo, en Rio Blanco, hubo gente que empezó a pertenecer a las autodefensas campesinas, unas 50 personas que coordinaban acciones con la complacencia del ejército”; A pesar de la fuerte presencia paramilitar, en el caso del Tolima y Huila, “se puede decir que el paramilitarismo fue derrotado militarmente por las FARC” menciona Felipe.

Posterior a la firma de los acuerdos de la Habana, la guerrilla de las FARC entrega las armas y se reincorpora. En los territorios donde existían grupos armados ilegales comenzó una disputa territorial de carácter armado por el control. En el Huila la situación es distinta. “El conflicto armado en el Huila en su forma clásica desapareció. La confrontación militar de una organización con el estado se acabó, pero quedaron secuelas del modus operandi de lo que hacia la guerrilla, por ejemplo, cobrar dinero, aunque no con criterios políticos, sino que ahora se le cobra a cualquiera”. Así mismo, no hay rastros de que exista un grupo armado que domine el territorio, lo que sí hay es el crecimiento de bandas y grupos de personas que se organizan para realizar acciones como extorción, microtráfico, robo y sicariato. La nueva configuración del territorio está dada por bandas que se disputan los negocios. Según datos de la Fiscalía, hay bandas como Los Caqueteños, los Yoguis y Los del Sur que tienen presencia en el departamento del Huila. Felipe asegura que “en Colombia se están configurando un nuevo tipo de guerra, un tipo de conflicto […] Su forma de operar es el sicariato, dos manes en una moto, son bandas nuevas que controlan negocios ilegales”. Son viejas formas de violencias en los territorios, pues las pequeñas bandas dieron origen a las grandes estructuras armadas, pero también son nuevas porque surgen tras la desmovilización de las FARC y del proceso de Justicia y Paz con los paramilitares.

Estas viejas-nuevas formas de violencia, surgidas después de los acuerdos son un fenómeno que se debe investigar y sobre todo solucionar, para que el llanto, la tristeza, la angustia y el desespero dejen de ser las emociones de los habitantes de nuestro país.