Charlie Hebdó

     

Cuarenta jefes de Estado y de Gobierno acudieron a París a marchar contra el fundamentalismo y a favor del pluralismo, contra el terrorismo y a favor de las libertades, como la de expresión. Solo había lugar para los importantes. De ahí que no estuviesen Juan Manuel Santos, Evo Morales, Daniel Ortega, Nicolás Maduro, entre otros parias legitimadores de la brutalidad subversiva.

Los terroristas que atacaron en Charlie Hebdó y masacraron a quienes allí ejercían del legítimo derecho de opinar, a lo mejor obraron en obedecimiento a la sentencia del libertino anarquista Carlos Gaviria Díaz, que enseña que <<una cosa es matar para enriquecerse y, otra cosa, matar para que la gente viva mejor>>, porque aquello de linchar al prójimo no deberá obrar en el Corán.

Para honrar a Alá no hay que derramarle sangre, ni de esa manera horripilante, ni de ninguna otra. Estoy seguro que en dicho sagrado libro debe obrar algo equivalente al mandamiento que nos obliga a los cristianos a no matar.

Los sucesos de París nos obligan a reflexionar a quienes nos ocupamos de opinar, porque algo hay de mucha verdad en lo que dijo Silvio Villegas al defenderse ante la Corte Suprema en la causa que se le siguió por injuria y calumnia: a veces al periodista se le van los gavilanes de la pluma.

Milito con la idea de Voltaire, podremos estar en desacuerdo con los demás y aun así deberíamos estar listos de dar la vida en defensa de su derecho a expresarlo. Esa es la base fundamental de la tolerancia. Pero ante intolerantes como resultan ciertas facciones minoritas del Islam y toda laya de oponentes a cualquier causa, lo prudente es la autocensura que es tan importante como la libertad misma de expresarse.

Bien hizo el gobierno de Francia al emplear a fondo la fuerza legítima del Estado contra los fanáticos autores de los crímenes. Todo lo contrario de Colombia en la era Santos.

Con frecuencia hay que dar vueltas en la cabeza buscando la mejor manera de decir las cosas para llegar al mismo fin: ¡decirlas! Y así y todo con frecuencia se nos van los gavilanes. Los únicos que no tendrán que voltear, ni mucho ni poco, son esos que llamo periodistas ventrílocuos de los  gobiernos y grupos de interés.

Yo también soy Charlie, todos tenemos que ser Charlies, eso no admite término medio, si es que queremos vivir en libertad. De otra manera estaríamos regresando al medioevo oscurantista y perverso.

Cualquiera haya sido el motivo, en Colombia también tenemos auténticos mártires y no pocos de la libertad de expresión, de Guillermo Cano para abajo, solo que aquí nos importa una higa la sangre derramada. Como en todas partes, la indignación es pasajera mientras los muertos gozan de la paz en los sepulcros.

Tiro al aire: no perdamos la capacidad de asombrarnos, tampoco la voluntad y el valor de expresarnos… al precio que fuere. No huir como las ratas de alcantarilla.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://alponiente.com/wp-content/uploads/2013/07/Francisco.jpg[/author_image] [author_info]Francisco Galvis Ramos  Abogado y comentarista en internet. Leer sus columnas. [/author_info] [/author]

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