Chapinero: corazón de Colombia. Parte I: El “potrero” muisca-europeo

Algo que han olvidado nuestros alcaldes, ediles, concejales y mandatarios en general de Bogotá ha sido rescatar el patrimonio y memoria histórica precolombina e hispánica de las localidades del norte de la ciudad. La historia de Chapinero, de su actual territorio y de sus Unidades de Planeación Zonal-UPZ (unidades administrativas donde se organizan los barrios) y su UPR (lo mismo pero para las veredas y corregimientos de la zona rural) es fascinante, muestra de ingenio, encuentro de culturas y riqueza de valores, tradiciones y legado que en esta era republicana (¿pos-republicana?) son un latido de identidad real en que se vean reflejados sin conflictos ni pugnas movidas por terceros intereses de cara, casi siempre a la contienda electoral.


“Para acertar es necesario contradecirnos. Porque el universo es contradictorio”.

“La filosofía es un género literario”

“Una sociedad civilizada necesita que en ella, como en la vieja sociedad cristiana, igualdad y desigualdad permanentemente dialoguen”.

Nicolás Gómez Dávila, filósofo, políglota y co fundador de la Universidad de los Andes (1913-1994)


Chapinero, es y será la localidad estrella, joya de la corona académica, social y empresarial de Bogotá y el centro del país; y de la integración de la Ciudad Región (o área metropolitana como la preferimos llamar algunos). Por esa razón, es vital la pedagogía sobre su historia, cultura, geografía y dinámica político-social para la reconstrucción de la Cultura Ciudadana y sentido de pertenencia bogotano en nuestra sociedad.

El borde limítrofe hacia el nororiente de Bogotá quedaba después del sector de San Diego, en la actual calle treinta con carrera séptima en la cárcel de Panóptico que hoy día sería el Museo Nacional. Libros como “La dinámica social”  (en mi opinión, de José Eusebio Caro, publicado en 1840 y reeditado en los años ochenta por el Instituto Caro y Cuervo registran estos datos -sin contar los límites por el suroriente por el río Fucha, las colindantes con el actual Teusaquillo, y los pueblos coloniales de Fontibón y Engativá, que  en 1954 serían anexados a la creación del Distrito Especial de Bogotá-.

Por eso empezaremos con la UPZ Chapinero 99, que es el núcleo central de la localidad y una de sus seis UPZ (Unidades de Planeación Zonal) con la respectiva UPR (Unidad de Planeación Rural) del Verjón que colinda con la zona de los Cerros Orientales de la localidad de Santa Fe. Y por cierto, su historia es la referencial tanto con el origen del actual territorio local, como directamente a la fundación de la ciudad.

No hay mejor cita y descripción de la historia local que la realizada hace ya varios años en el periódico El Tiempo, donde existen dos reportajes de 1993 y 2007, donde que es necesario citar de adelante hacia atrás, porque nos permiten tener una visión más realista y menos mitológica hacia la figura del personaje histórico Anto Hero Cepeda (del cual deberían existir archivos históricos que se compruebe su existencia, que dejándolo al beneficio de la duda tal vez fueron incinerados en la destrucción del antiguo Palacio Arzobispal, hoy Museo Botero, donde estaba gran parte del archivo local del período colonial durante el 9 de abril de 1948). Sobre este personaje, que ha rayado en la leyenda y el mito, siendo protagonista de la novela del escritor y periodista Andrés Ospina Chapinero del año 2015:

 En la época de la Conquista, junto con don Gonzalo Jiménez llegó un gaditano zapatero llamado Antonio Hero Cepeda.

Este se casó con la hija del cacique de Usaquén y heredó los terrenos desde el Río Arzobispo hasta la quebrada El Chicó, y desde los Cerros Orientales hasta lo que hoy en día es la Cra. 30 o NQS.

Era tan exageradamente grande dicha posesión que los santafereños lo llamaban ‘El Potrerito de Don Antón’. Construyó su choza de bareque y techo pajizo a la orilla del camino a Tunja (Cra. 7a.) con calle 60, en donde hoy queda la estación de servicio Esso El Triángulo.

Don Antón sabía hacer una clase de calzado llamado ‘chapines’. Eran una especie de zuecos en madera para amarrarlos en cruz a la pantorrilla. Como no había calles ni asfalto o el concreto de hoy en día, pues los chapines eran una alternativa cómoda para cruzar enlodados charcos en época de invierno.

Cuando la gente que viajaba por el camino a Tunja iba llegando a lo que hoy en día es la calle 60 decía: «Vamos llegando a donde el ‘Chapin-Hero'». Así hizo historia nuestro querido barrio bogotano”

No obstante, en el artículo de 1993, hay una claridad importante del proceso de llegada de los pobladores europeos en el período colonial al actual territorio de Chapinero, y fuera del papel de mestizaje y convivencia entre éstos y los muiscas, de los cuáles saldría la generación criolla popular y de la clase dominante del territorio desde los inicios del período republicano con las guerras de independencia hasta la actualidad:

“El poblamiento de Chapinero empezó cuando cedieron los potreros a los particulares. Fue en 1554, en los tiempos en que el conquistador Juan Muñoz de Collantes, pidió al cabildo un terreno para la crianza de cerdos y vacas.

También la comunidad religiosa de los Dominicos adquirieron los primeros terrenos y formaron un latifundio con haciendas. Ellos conservaron el nombre de Chapinero para una hacienda y a las otras dos las llamaron Rosales y Camargo. Entonces, cincuenta años después, los virreyes concedieron más terrenos a los particulares en el sector de Chapinero, para que construyeran sus haciendas a partir de la calle 39 o la llamada quebrada del Arzobispo, que se llama así en honor a don Vicente Arbeláez por ser el fundador de Chapinero: él dió un gran impulso al sector, a finales del siglo pasado.

El tiempo pasó y entonces el zapatero tuvo más vecinos. En los terrenos en donde fabricaban los zuecos, aparecieron las haciendas de las familias de los próceres José María Carbonell y don Primo Groot”.

Hay que detenernos en que han sido a propósito (¿?) de la historia que han sido fundamental para el desarrollo y existencia del territorio: Juan Muñoz de Collantes, quien fuera alcalde ordinario de Santa Fe en los períodos de 1547-1548 y 1551-1552, quien proviene de una gran familia de notables capitanes y abogados, donde su hermano José Plácido Muñóz y Collantes sería padre del Presbítero Pablo Jerónimo Muñóz y Collantes, primer sacerdote católico ordenado en el territorio actual de Colombia. El rastro de los descendientes de esta familia llega hasta la actual aristocracia limeña en Perú y a grandes empresarios del sector inmobiliario en Andalucía, España tierra de orígen de la mayoría de las huestes del Adelantado Jimenez de Quesada.

Continuemos la cronología de ambos artículos donde de forma dispersa, es nuestro deber organizar la secuencia histórica del desarrollo y crecimiento de Chapinero desde la Independencia hasta la estructura y límites actuales, lo que sería el inicio de la expansión de la ciudad hacia el norte y el occidente (en su mayoría de una manera planeada y organizada con inversión de grandes capitales financieros y constructoras), pero en menor medida y con gran aumento en el sur y oriente de las invasiones y urbanización irregular que aprovechó las dinámicas tanto de migración del campo a la ciudad por mejores oportunidades de salud, educación y trabajo cómo de desplazamiento forzado durante la violencia partidista y los nuevos actores del conflicto armado posterior y vigente. Siguiendo la secuencia histórica, el artículo del 93 continúa:

Luego la población comenzó a aumentar considerablemente, hizo falta la capilla que, en esa época, se construía para la Inmaculada Concepción. La terminaron en 1812 y la llamaron Vírgen de Chapinero. Ya no existe, fue demolida el siglo pasado y reemplazada por la iglesia de Lourdes, de arquitectura gótica, que fue un regalo del Arzobíspo Vicente Arbeláez.

Él colocó la primera piedra para su construcción en 1875 y su alrededor comenzó el fulgurante comercio a crecer rápidamente hasta convertirse en uno de los más importantes de la capital”

Y complemente el de 2007:

Es muy interesante anotar que los linderos actuales son como la mitad del ‘potrerito’. En 1905 un acuerdo de la Alcaldía de Bogotá limitó los linderos desde el río Arzobispo hasta la calle 84.

Hoy en día en el jardín Instituto Goethe, y antes la embajada de la RDA, reposa un histórico mojón que hace honor a dicha frontera (ver foto).

En el gobierno de Rojas Pinilla se creó el Distrito Especial y la frontera se amplió hasta la calle 100 y desde los Cerros hasta la Avenida Caracas, que es la que hoy mantenemos como Chapinero.

El chapineruno nato siempre se caracterizó como rural hasta el 9 de Abril de 1948, cuando los bogotanos huyeron despavoridos de los destrozos del ‘Bogotazo’ y Chapinero creció de una forma impresionante”

Quedando clara la historia del crecimiento general, focalizado a la historia del sector central de Chapinero que nos ocupa en este artículo, hay que rescatar toda la diversidad real, de costumbres e histórica de nuestra localidad. Por ejemplo, el Carnaval Costeño, por temas de orden público fue prohibido bajo la administración del alcalde menor Efraín Valencia padre en 1985 (Chapinero fue la primera Alcaldía Menor que tuvo el Distrito Especial, creada en 1960), pero podría regresar para ser un eje articulador del turismo para la definitiva reactivación económica del sector gastronómico (que incluye la industria de bebidas y licores), además del transporte turístico especial -las populares chivas rumberas-, en un días y horas específicas del año, donde se dejen ganancias para la comunidad, la localidad, el Distrito y se articule una inclusión real de las comunidades de la Costa Caribe y los migrantes venezolanos residentes en la localidad. Y haría falta unas festividades de memoria histórica del legado del pueblo muisca que cofunda el territorio con Europa, exactamente con España del estilo del Zaquenzazipa o Fiestas de la Cultura de Funza, ejemplo de aplicación institucional de las industrias creativas y culturales para el desarrollo social, ambiental y económico a nivel nacional.

Y no podremos olvidarnos de la esencia rural de Chapinero, y de todos los bogotanos, ya que nuestra ciudad está constituida de migrantes de todas las latitudes del país, e inclusive de muchas partes del mundo. En el artículo de 2007, el redactor en su tiempo de las desaparecidas separatas El Tiempo Zona, Julio Ríos Romero, describe estas características y el cambio de estilo de vida de la localidad, y este territorio central:

La vida de Chapinero era tranquila, amable y todo el mundo se conocía con los vecinos, había mucho sentido de pertenencia del chapineruno con su comunidad.

Recuerdo que, por reglas de tránsito de la época, las carreras tenían prelación de vía sobre las calles y el conductor que cruzara la calle sin hacer el pare obligado era muy mal visto. Uno tenía que pasar por la pena de la recriminación de los peatones y demás trafico.

Hoy, a pesar de los signos PARE, esto es un caos total. Hacer contravía en esa época era un pecado mortal, hoy en día es el pan nuestro y lo peor es que a muy pocos les importa.

Qué diría el gaditano zapatero llamado Antonio Hero Cepeda si viera lo diferente que está su ‘potrerito’”.

La calle 39, el sector de La Magdalena, es el hito donde se construirían haciendas bajo permiso de los virreyes, pasando por la trístemente célebre Barrocolorado, en las inmediaciones de la actual calle cuarenta y cinco con carrera séptima donde actualmente está ubicada la sede principal de la Universidad Javeriana, donde bajo el gobierno del general Rafael Reyes (1904-1909) se realizaría la última ejecución legal en el país, antes de la Reforma Constitucional de 1910 que prohibiría a través del tiempo la pena capital en nuestro territorio. Estos territorios y el paso de la ruralidad a diferentes formas de urbanización destinadas y motivadas por diferentes necesidades sociales para diferentes poblaciones y comunidades.

Desde esa calle hasta la calle 63 frente a Lourdes, el símbolo emblemático de la localidad, se puede recorrer desde la carrera séptima o la carrera trece del comercio (si usted quiere andar entre los carros, bicicletas y haciendo equilibrismo para no pisar la mercancia de los vendedores informales que no dejan espacio para los peatones, además de baldosas levantadas por ser pegadas con material de mala calidad, y que en olas invernales como las de los días presentes, se levantan haciendo incómodos charcos y siendo un riesgo para caminar). Ahí se puede observar y recorrer los contrastes entre las calles y sectores de los barrios Marly, Sucre, Chapinero Central y Chapinero Alto que son ahora según los Distritos Culturales, “La Playa” -nombre popular dado al sector de la calle 55 con Caracas donde músicos populares, tríos y mariachis se concentran para exponer su repertorio y buscar clientes), ante la incertidumbre frente a la identidad local y memoria histórica que traerá la nueva división administrativa realizada por el nuevo y aprobado Plan de Ordenamiento Territorial-POT del Distrito Capital.

Volveremos la próxima semana con más de la ruralidad y su cambio brusco con la historia de la UPZ Pardo Rubio y sus barrios,


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About the author

Jhon Jairo Armesto Tren

Con estudios en Administración ambiental de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas-Bogotá. Veedor ciudadano en presupuesto electoral de la Universidad desde 2011 hasta hoy registrado ante la Personería de Bogotá. Columnista de opinión en varios medios de comunicación digitales desde 2013. Actualmente director publicitario de El Nodo Colombia y columnista habitual, además en El Quindiano (Armenia) y Diario La Piragua (Montería, Córdoba)

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