Carta violeta

“Todo en el mundo es sobre sexo excepto el sexo. El sexo es poder”. Oscar Wilde


Otro día en que la prensa me estremece, siento miedo de las calles, otra mujer ha sido asesinada con sevicia y violentada sexualmente. Ya no caben las excusas que desvíen la atención sobre el machismo estructural, los casos no están asociados a una hora en específico ni a una forma de vestir, la situación no es mediada por sustancias estimulantes ni alucinógenas y los hechos acontecen recurrentemente en regiones muy distintas de todo el país, quizá, del mundo.

Mi habitación es un calabozo seguro, quiero llorar por la culpa de los enemigos que no hice, abrazar a las mujeres que partieron antes de tiempo, gritar la impotencia que me detiene débil ante la afrenta. Mi cuerpo femenino es asumido como un campo de batalla, no quiero que lo observen, el perturbador deseo de sangre le transgrede. Buscan profanar templos que son carne, despojados de Dios al perecer colectivamente en la revictimización de la ira bendita que condena el silencio cómplice de este sufrimiento impune.

Mi conciencia exhorta, palabras que susurran “esa pude ser yo”. Tomar el teléfono, escribir a mis amigas advirtiendo lo que pasa y llamar a mi mamá para prometerle cumplir acciones que resguarden, en lo posible, mi integridad. Toda potencia cuidadora yuxtapuesta a mi feminizada vulnerabilidad; me destroza pensar que, por el hecho de ser mujer, ya el mundo sea para mí un lugar hostil y de riesgo, siento asco al saber lo que mi propia especie hace con personas como yo, me aterroriza la idea probable de verme reducida a una retorcida fantasía que ni la misma ley condena.

Letras muertas ordenan protegerme con ilusiones de libertad que se agotan en un piropo callejero, en la cerradura de una casa, en el acoso laboral, en la insinuación tras una nota. Categoría de fruta en el paisaje de Adán, más del Edén no expulsan las serpientes, es normal que la acusada sea Eva; es norma el poder misógino que gobierna nuestra realidad indigna. La cotidianidad es una tensión deshumanizante, mudo clamor divino para que no sea a mi paso la próxima emboscada, certeza de que nadie estará para evitar la barbarie si sucediese.

About the author

María Camila Chala Mena

Poeta. Abogada con énfasis en Administración Pública y Educadora para la Convivencia Ciudadana, Especialista en Gerencia de Proyectos y Estudiante de Maestría en Ciudades Inteligentes y Sostenibles. Fundadora de Ágora: Laboratorio Político. "Lo personal es político".

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