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Carta de fe

“Dios, concédenos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para las que podemos y sabiduría para ver la diferencia.”


Y de pensar en libertad ¡vaya fantasía de la democracia!, aspiración de la conciencia, más nos definen nuestras cadenas.

A las personas que compartieron conmigo algún momento de su vida, gracias, y que en la relatividad del tiempo fueron generosas por su apertura en acción, palabra y escucha. A las sociedades que nos cultivan el alma, educación como premisa de cultura, convivencia y pervivencia. Desarrollo como catalizador de la furia arrasadora, todo lo que la carne desea.

Del afecto como humanidad, cuya virtud artística rescata de sus abismos más oscuros donde anidan las frustraciones que enceguecen y los dolores que acongojan, honra la luminosidad de las ideas que tejen y construyen a pesar de nuestra limitación, la esperanza de apabullar con amor – filosofía y sosiego – tan desconcertante fracaso, o mejor, la concurrencia de ciclos. Imperante para débiles señalar el horizonte del respeto, atender con prudencia y pertinencia las diferencias que nos abisman en posibilidad, actuar con inteligencia para salvaguardar el mayor número de vidas ya valiosas en sí mismas.

Dignificar al otro para entonces dotarnos de derechos todos, todas y todes que sentimos y razonamos. La era de la información y la grandeza de hacernos pequeños para aceptar – que permite corregir – nuestra ignorancia a causa de un fútil rechazo, la insolencia de la apatía, fracturas históricas que olvidamos adrede para que su horror nos pese muchísimo menos, realidades tan distintas que nos perturba hasta imaginarlo. La perfidia de las balas que aniquilan la riqueza de los consensos, puentes entre mundos mutuos y en contraste, destruir el patrimonio inmaterial para terminar bajo lógicas extractivistas que al suicidio como especie nos están conduciendo.

Explota el color en las calles y gritos desenfrenados manifiestan sueños, ¿atemorizar hasta intimidar la existencia sublime para postergar la resignación hasta nuevos intentos de vindicación y brotes evidentes de sometimiento? Humanizar es también creer en el otro como en mí, la ética de la apertura que ya es señal de crecimiento. La humildad como uno de los pilares de la sabiduría, cuando los recursos se agotan, es moral acceder al conocimiento y confrontarlo para enriquecerlo.

De la estigmatización, la ignominia decadente y una polarización que debilita, presas fáciles de los violentos que a la sensatez desprecian, desestabilización e indignación que desconoce cómo la economía se está hundiendo, hambre que desgarra. A monstruos más grandes les interesa tener los ojos de inversión puestos en tanto terreno allanado por la sangre con la que se escribe la historia de una patria boba, ¿cuándo asumiremos con honor las instituciones para ejercer en ellas a la altura y a favor de este pueblo resiliente?, ¿las mayorías minimizadas estamos preparadas para reclamarlas a su ideal honra?

La Constitución “de los ángeles” y un as bajo la manga en su artículo 103, y desde ya advierto enfáticamente que todos, todas y todes los cobijados por esta estrella polar de país, tenemos que hacer algo por él, que es hacer por nosotros mismos para superar el caos lo más pronto posible.

El voto que se programa depositar en el 2022 es una estancia que nos aleja de las decisiones directas para delegarlas al arbitrio de representantes democráticos, sin embargo, la Constitución de Colombia establece 7 mecanismos de participación ciudadana, que tenemos el deber de estudiar con atención para no seguir impulsando a grupos poblacionales vulnerables a tomar vías de hecho que multiplican las muertes, cuando contamos con canales formales que nos permiten gestar iniciativas reformistas sin atravesar primero una guerra civil o la depresión del tejido productivo.

Uno de esos mecanismos de participación es el Cabildo Abierto; una figura constitucional de origen popular solicitada por el 5 x 1.000 del censo electoral, semejante a la asamblea popular o las tulpas en la minga indígena, pero en el marco de las instituciones y sus garantías generales de ser escuchados por poderes con la competencia de implementar directrices vinculantes, sin excepción de ninguna clase ni de su participación activa o no en movilizaciones, ni riesgos a su integridad personal por decir o disentir, que permite una participación directa de la ciudadanía en su pluralidad, diversidad, complejidad y compromiso ante las autoridades administrativas locales – principales ordenadores del gasto – y departamentales (L. 1757 de 2015).

Pactos esenciales como aquellos que salvaguardan la vida, sus compuestos, que nos provee al planeta Tierra en el cual nuestra raza florece y se abona. Los abruptos tecnológicos nos retan a paradigmas colaborativos e incidencia, la automatización transgrede imaginarios del esfuerzo y la digitalización oferta innovadoras formas de relacionarnos en la existencia. Situaciones trasversales a la economía mundial que debemos tener presentes ya que, en las inevitables dinámicas del poder, nos atraviesan y contamos con la remota opción de trastocarlas. Recordar y recordarnos siempre que, en el pacto social vigente entre los 193 Estados Miembros de la Organización de Naciones Unidas y que rige como obligación humanitaria en sus territorios, el atributo principal de las personas son los Derechos Humanos.

Como coterráneos observemos con suspicacia nuestros gajes internos que evidencian fallas intolerables en el Estado Social de Derecho y la pérdida de soberanía, tramitemos e implementemos las soluciones incluyentes y decididas por nuestro bienestar conjunto como habitantes de este espacio compartido, para evitar que se anchen grietas por las que circula la dominación tiránica para el empobrecimiento. Unidad es sumar poder de negociación ante propietarios transnacionales gigantescos, realidad que nos interpela, perspicacia para defender lo nuestro y no perder en el global intento del que irremediablemente somos parte.

¿Potenciamos o desfallecemos a la ola del más desconsiderado?, ¿podemos conversar entre iguales como ciudadanos protegidos por la misma carta política nacional más allá de nuestra diferencia por etnia, posición socioeconómica, credo, sexo y tendencias ideológicas desprendidas de la dialéctica que a sí misma se alimenta? Métodos, superemos el hobbesiano Estado de naturaleza que nos acompaña a la sombra desde los albores de la República.

Colombia está herida, agonizamos con ella y existen las oportunidades para sanar con ella.

El resentimiento y el odio asaltan con estupor a las posiciones más cómodas y cercanas al poder inmediato, para otra gran parte, era solo cuestión de tiempo tras años y años de irresponsabilidad política, clientelismo que vandaliza la legitimidad institucional y desconexión cínica que erosiona la de confianza desde las bases. Paciencia, aún estamos a tiempo de entendernos, antes que la enemistad entre hermanos se haga la desdicha de retroceder sufridos esfuerzos generacionales.

El interés electoral de la demagogia de extremos sin soporte más allá de sus fusiles, no debe sumergirnos en la hostilidad de una campaña eterna y la miseria cívica. Una población que necesitamos el diálogo para salvarnos de nosotros mismos, este es nuestro hogar y no un cementerio, no una “olla” con lujos.

Nuestro país es un arduo proceso que nos convoca como seres políticos, interdependientes, a la paz… ¿Tendremos la capacidad de equilibrar y prosperar en el progreso? Hay encuentro si hay sustancia, y la hay, y es más que el plomo. Mal mayor es la ignorancia.

JUVENTUD

La Ley 1885 de 2018, que modifica parte del Estatuto de Ciudadanía Juvenil (L. 1622 de 2013), establece la creación de Consejos Territoriales y Nacional de Juventudes, promoviendo escenarios y mecanismos de participación política para las personas entre los 14 y los 28 años, permitiendo que adolescentes y jóvenes puedan elegir y ser elegidos mediante el voto popular como consejeros fortaleciendo así el Sistema Nacional de Juventud y la garantía de condiciones de igualdad para el ejercicio y goce pleno de sus derechos ciudadanos, vinculando a este grupo etario a la orientación y decisión sobre temas sociales, económicos, culturales y políticos para jóvenes, asegurando la posibilidad de intervenir dentro de organismos públicos y privados que estén encaminados a la protección, educación y progreso de la juventud.

El número de miembros por cada Consejo de Juventud, dependerá de la densidad poblacional: a. Municipios con menos de 20.000 habitantes podrán elegir 7 consejeros, b. Los municipios con hasta 100.000 habitantes podrán elegir 13 consejeros, c. Ciudades con más de 100.000 habitantes podrán elegir 17 consejeros.

Cabe señalar que la mencionada ley indica que el total de los integrantes de los Consejos de Juventud estarán conformados así; el 40% serán elegidos por listas de jóvenes independientes, el 30% provendrán de procesos y prácticas organizativas de juventudes, y el 30% restante serán de partidos o movimientos políticos. Es importante resaltar la paridad de género en la ley: las listas serán cerradas y en modalidad cremallera que implica hombres y mujeres en alternancia de posiciones e igual número de participación.

La ley contempla que donde existan organizaciones juveniles de campesinos, indígenas, afrocolombianos, negros, palenqueros, rom, raizales de San Andrés y Providencia, otras comunidades étnicas y población víctima, habrá la posibilidad de elegir un representante adicional por cada una de estas poblaciones, reafirmando así el carácter participativo, diverso, pluralista e incluyente de una democracia que se rejuvenece, valores a los que deben aspirar todos los sistemas democráticos que se rigen en la base de los DD.HH. y el D.I.H.

Representantes democráticos administrativos y legislativos, actores políticos en general:

Los nuevos paradigmas que aceleran proyecciones de futuro hoy se tiñen de utopía al agitado cambio, que compiten contra una añejada realidad espuria que implica el poder en imaginarios de masa que reducen y revictimizan en la violencia simbólica, psicológica y física para ganar más fácil. Lo político nos atraviesa en plenitud y cada decisión implica efectos, el compromiso de enterarse de lo que el poder soporta. Este momento histórico exige mejores formas. Oro porque habite alguna buena intención en medio de los desmanes que ciertos actos en función desatan y que se tenga la osadía de reestructurar lo nocivo que perjudica a favor de pocos, ¿por qué el omitir, negar de algunos este estallido social que nos convoca en plenamente?

Cada voto, individuos, familias, pueblos, comunidades, empresas reclaman en este momento la acción decisoria coherente al país que avizoramos con optimismo y planes de acción que se funden en el interés general y la representación sincera que aspira al bien común. Generaciones de liderazgos que nacen con las eras han vencido miedos propios de lo mucho que hasta entonces poco se concebía, más la renovación es un surgir constante en la vigencia de una vida al servicio de lo público, quienes genuinamente forjan el accionar político institucional tendrán la entereza suficiente para corresponder abiertamente en mecanismos constitucionales que fortalezcan la democracia directa para una población que ha dado todo y que exige ser oída como ciudadanía civilizada y visibilizada como seres humanos dignos en el país que les suscribe en cada momento con el IVA.

CIUDADANÍA

La #DesobedienciaCivil definida por John Rawls como “acto público no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido habitualmente con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno”, por ejemplo, evadir el pago de impuestos al considerar injusto su establecimiento regresivo, irrumpir un programa formativo para inmiscuirse en un programa de nación, la movilización pacífica o el desacato de actos administrativos por considerarlos ilegítimos, y defendida por Ronald Dworkin como un derecho “en el sentido fuerte” ya que apela a la libertad de conciencia, libertad de expresión y participación política; es un instrumento de presión política sobre quienes realmente tienen el poder y la competencia de modificar la realidad formal contenida en el ordenamiento jurídico que sustenta al Estado Social de Derecho en todos sus niveles, formalidades desproporcionadas en los detalles vinculantes urgidas de transparencia popular.

La #NoViolencia como escudo a la represión, camino para posicionar las ideas cuando su viabilidad nos permite acceder a ellas a través de la razón. Colombia, validemos nuestras luchas de resistencia en el espíritu creativo de la población que enaltece la narración de una historia perversa con impactantes expresiones de la sensibilidad humana que conmueven, despiertan y hacen memoria más allá del silencio para ver el acaecer de tantas horribles noches. Dar a luz en juntanza para la armonía y no un círculo vicioso de aniquilación como verdadera transformación de país.

Perdón.