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Carlomagno, Imperator Romanum Gubernans Imperium

El surgimiento de una dinastía

La historia está llena de hombres que han sobresalido en diferentes disciplinas, tanto en las artes, la academia y la política, como en la guerra, y entre estos últimos encontramos a personajes que han inspirado a ejércitos enteros por la valentía, el coraje y la habilidad demostrada en el campo de batalla.

Uno de esos hombres fue Carlos I el Grande, más conocido como Carlomagno (Carolus Magnus), Rey de los Francos, Rey de los Lombardos y coronado Imperator Romanum Gubernans Imperium, Emperador del Sacro Imperio Romano por el Papa León III.

Pero la historia de Carlomagno comienza siglos antes de su nacimiento, cuando el pueblo franco era parte del Imperio Romano de Occidente, y tras la caída de este en el 476, se formó el reino de la dinastía Merovingia al oriente del río Rin.

Bajo el gobierno de los Merovingios, los francos llegaron a tener una extensión de territorio que abarcó la actual Francia, Bélgica, una parte de Alemania y de Suiza.

Durante esta dinastía, existió una figura política central llamada Mayordomo, que se asemeja a del actual Primer Ministro de las monarquías modernas, y con el paso de los años, los Mayordomos empezaron a ser el poder oculto tras la corona, acumulando más poder que los mismos regentes. Este cargo fue ocupado por dos antecesores de Carlomagno, su abuelo Carlos Martel y su padre Pipino el Breve.

La dinastía Carolingia nace en efecto con Carlos Martel, también apodado el Martillo, quien fue vital para la pacificación del pueblo franco (720 – 738) y le puso freno a la expansión musulmana en Europa, aunque estos últimos se quedaron en Al-Ándalus (península ibérica).

El hijo de Carlos Martel, Pipino, sucedió a su padre en el cargo de Mayordomo y con el apoyo del Papa Zacarías, le propina un golpe de Estado al Rey merovingio Childerico III en el año 751, tras lo cual se hace coronar como el nuevo Rey de los Francos.

Tras el apoyo de la Santa Sede, Pipino se compromete a prestarle protección al Papado, así como a resguardar los intereses de la iglesia; en contraposición, Roma reconocería el reinado de Pipino, así como los derechos dinásticos de su familia.

Durante el Papado de Esteban II, el sucesor del trono de Pedro hizo un llamado tanto al Emperador Bizantino de la época, como al Rey Pipino para defenderlo del asedio de los lombardos, pero sólo el monarca franco acudió en auxilio del  Pontífice. Esta movida político-militar le significó a los francos sellar una alianza importante, además del título de “Patricio de los Romanos” a Pipino, lo que ratificó el acuerdo que se había realizado con el Papa Zacarías. La campaña militar contra los lombardos se extendería hasta el 758.

El 24 de septiembre del 768 Pipino el Breve moriría, dejándole su reino a sus hijos: Carlos y Carlomán. Fue enterrado en la abadía de Saint-Denis, donde aún reposan sus despojos mortales.

 

El ascenso de Carlos

Carlos y Carlomán heredaron cada uno la mitad del Reino de los Francos. Carlomán gobernaría sobre Languedoc, Provenza, Borgoña, al sur de Austrasia, Alsacia y Alemania, es decir, el interior de los antiguos dominios de su padre.

Por su parte, Carlos se quedaría con las regiones exteriores del reino franco, las cuales bordeaban el mar, es decir, Neustria, el oeste de Aquitania y el norte de Austrasia.

No obstante, la relación entre los dos hermanos siempre fue de rivalidad, y cada uno reclamaba el dominio total del reino, pero esta disputa familiar no duraría mucho, pues Carlomán murió en el 771, y todo el reino pasó a ser de Carlos.

Como Rey único de los francos, Carlos emprendió su primera campaña militar en el 774 contra los antiguos enemigos de la Corona y del Papado, los lombardos, lo que le significó una victoria rápida y el título de Rey de los Lombardos, dejándolo así como el hombre más poderoso del norte de Italia.

Siguiendo las enseñanzas de su padre, Carlos visitó la Santa Sede, donde se reunió con el Papa y ratificó los acuerdos realizados por Pipino, sellando así una alianza que sería indispensable para su éxito militar y político.

 

Freno a la expansión musulmana

En el 777, los gobernantes musulmanes de Zaragoza, Barcelona, Gerona y Huesca, acudieron a Carlos por protección contra Abd al-Rahmān Primero, Emir de Córdoba que los tenía arrinconados. Esta situación fue aprovechada por Carlos, quien vio una oportunidad de extender la cristiandad, y un año después, cruzó los Pirineos con sus ejércitos, sin embargo se encontró una gran resistencia en la península Ibérica y estando en Zaragoza, decide retirarse, pues avizoraba una inminente derrota.

Durante la retirada del ejército franco, por el paso de Roncesvalles (778), ocurrió uno de los eventos militares más conocidos de la edad media. Los vascones atacaron al ejército franco por su retaguardia, destruyéndola por completo, y en este enfrentamiento, murió Roldán, un célebre comandante franco y mano derecha de Carlos, lo que dio origen a la canción de Roldán o Rolando, uno de los cantos de gestas más famoso de la época medieval.

Dice la primera estrofa de esta canción.

 

“El Rey Carlos, nuestro emperador, el Grande, siete años enteros permaneció en España: hasta el mar conquistó la altiva tierra. Ni un solo castillo le resiste ya, ni queda por forzar muralla, ni ciudad, salvo Zaragoza, que está en una montaña. La tiene el rey Marsil, que a Dios no quiere. Sirve a Mahoma y le reza a Apolo. No podrá remediarlo: lo alcanzará el infortunio”.

No obstante esta derrota, Carlos no cesó en su intento de ponerle un freno al Emirato de Córdoba y a la expansión musulmana, y en el 785 conquistó Gerona, y extendió el reino de los francos por la costa catalana, dominio que se extendería hasta el Siglo XIII.

En 797, la principal ciudad de la región, Barcelona, cayó en poder de los francos después de que su gobernante musulmán se revelara contra Córdoba con apoyo del ejército franco. Dos años después, Carlomagno había añadido a su reino los territorios de Córcega, Cerdeña y las islas Baleares, y en ese tiempo entró en contacto con el califa de Bagdad Harún al-Rashid, quien le regaló un elefante asiático blanco llamado Abul-Abbas que se cree, fue el primero de esta especie en llegar al norte de Europa.

Este elefante participó en una batalla en el 804 contra Godofredo I de Dinamarca y murió de neumonía seis años después.

Este detalle podría ser menor, pero recordemos que uno de los generales más famosos de la historia, Aníbal, del imperio Cartaginés, fue el terror de los legionarios romanos durante muchos años y éste es aún hoy recordado por usar elefantes guerreros en sus batallas. El solo hecho de que el imperio Carolingio contara con un espécimen como este, podría recordar la ferocidad y el miedo que infundía Aníbal.

En 799 el Califato Omeya de Córdoba reconquistó Barcelona, pero durante dos años estuvo bajo el asedio de Ludovico Pío, hijo de Carlos, y en el 801 el imperio Carolingio volvió a tener el control. Los francos siguieron avanzando, conquistando Tarragona y Tortosa, hasta llegar a la desembocadura del Ebro.

 

Campañas en Sajonia y Baviera

Desde el 762 Carlos luchaba por conquistar el territorio de Sajonia en un intento por acabar con la religión pagana, además de anexar ese territorio a los dominios del reino franco. Ese año, se apoderó de un Irminsul, un objeto sagrado que según la leyenda, conectaba al cielo con la tierra, y lo mandó a destruir para acabar con el mito.

En los años 770 y 780 regresó numerosamente a Sajonia para socavar revueltas en territorios ya conquistados, someter nuevos, construir fortificaciones y para presidir bautizos masivos.

En este periodo, conocido como las Guerras Sajonas, Asfalia, Westfalia y Hungría fueron conquistados, perdidos y reconquistados, hasta que en el 780 Carlomagno decretó la muerte para los sajones que se negaran a bautizarse, practicaran la cremación y celebraran fiestas religiosas no cristianas.

Hacia el 782 el politeísmo en Sajonia era minoritario en relación al cristianismo, situación que fue aprovechada por Carlos, quien impuso un severo código legal, ordenando la decapitación de 4.500 personas por practicar el paganismo después de convertirse al cristianismo.

Como era de esperarse, esta situación produjo gran indignación en el pueblo sajón, por lo que hubo un estallido, a lo que Carlos respondió con la designación de Marcas (más conocido como marquesado), Condados y Ducados en el territorio sajón, imponiendo marqueses, condes y duques tanto francos como sajones, pero todos cristianos. Esta división político administrativa sería el inicio del llamado Feudalismo.

Esta cruel medida produjo una era de 7 años de paz en territorio sajón, hasta que en el 792 Westfalia se revelara contra Carlos, lo que trajo una revuelta en los territorios de Eastfalia y Nordalbingia, pero tras dos años de batallas, fueron sofocadas por el ejército carolingio.

Finalmente se produjo un nuevo levantamiento contra el reino franco en el 796, pero esta vez, la revuelta sería aplacada por los propios sajones cristianos, lo que se constituyó en no solo una victoria militar de Carlos, sino también en una conquista evangelizadora.

El triunfo del cristianismo en Sajonia, sería la inspiración para las cruzadas que tendrían lugar siglos después.

 

Carlomagno, el Emperador

El Papa León III fue atacado en el 799 por los propios romanos, quienes estaban dispuestos a arrancarle la lengua y los ojos, pero el Pontífice logró escapar y se reunió con Carlomagno, y en su condición de protector de la Santa Sede, recibió a unos embajadores de Roma quienes acusaban a León III de adulterio y otros delitos graves.

El año siguiente, el propio Carlomagno viajó a Roma y juzgó de primera mano los hechos. León III juró inocencia, recuperando el pleno reconocimiento como Papa, y el día de navidad del año 800, fue coronado por el Papa como el Primer Emperador el Sacro Imperio Romano en la Catedral de San Pedro de Roma.

La coronación simbolizó una restauración del Imperio Romano de Occidente, y se le atribuye esta decisión política del Papa, para contrarrestar el poder del Imperio Romano de Oriente, o Imperio Bizantino, que en ese entonces era gobernado desde Constantinopla por la Emperatriz Irene.

Esta jugada de León III incrementó al poder de la Santa Sede y además consolidó el papel del ejército carolingio como protector de la iglesia.

No obstante, esto representó una indisposición para el Imperio Bizantino, lo que llevó a que en el 804 el emperador de oriente, Nicéforo I, atacara las costas italianas, lo que desató la única confrontación entre los dos imperios, conflicto que se prolongó hasta 810, dando como conclusión el reconocimiento de Venecia como parte del Imperio Bizantino, y a su vez, el Imperio Bizantino reconocía a Carlomagno como emperador.

 

Muerte y legado

A principios del 814, tras casi 46 años en el poder, Carlomagno cayó enfermo de pleuritis y murió el 28 de enero, después de solo 7 días de padecimientos.

Un mensaje anónimo de un monje dice así tras saberse la muerte de Carlomagno: “Desde las tierras donde se alza el sol hasta las playas occidentales la gente llora y se lamenta… los francos, los romanos y todos los cristianos se duelen con enorme preocupación… jóvenes y ancianos, gloriosos nobles, todos lamentan la pérdida de su César… el mundo lamenta la muerte de Carlos… Cristo, tú que gobiernas los cielos, concede a Carlos un lugar tranquilo en tu reino. Para mi desgracia”.

El sucesor de Carlomagno fue Ludovico Pío, quien gobernó hasta su muerte en el 840, pero realmente no tuvo la capacidad y liderazgo político y militar de su padre, lo que provocó gran inestabilidad en el imperio, temporada  marcada por la lucha por el poder, que protagonizaron sus hijos.

Tras la muerte de Ludovico, estalló un conflicto entre sus herederos, que fraccionó el Imperio Carolingio en tres territorios, esta repartición quedo consignada en el tratado de Verdún:

Francia Occidental, bajo el reinado de Carlos el Calvo

Francia Oriental: bajo el reinado de Luis el Germánico.

Francia Media: bajo el reinado de Lotario.

Tras la división del Imperio Carolingio entre los hijos de Ludovico Pío y nietos de Carlomagno, se sentaron las bases para la conformación de las modernas naciones de Francia y Alemania.

La influencia de Carlomagno fue tal que cambió la estructura social y monárquica de Europa, instaurando el feudalismo y dándole un poder aún mayor a la Iglesia Católica, lo que sin duda marcó una época tan extensa y vital para la historia como el medioevo.

Su imagen se llevó casi al mito, y hace parte de los Nueve de la Fama, entre los que encontramos a Héctor de Troya, Alejandro Magno, Julio César, Josué el conquistador de Canaán, David Rey de Israel, Judas Macabeo el reconquistador de Jerusalén, el Rey Arturo y Godofredo de Bouillón.

 

Sacrum Romanum Imperium

Técnicamente, el Sacro Imperio Romano existió desde el año 962 bajo la dinastía sajona de la Francia Oriental, pero quien inspiró la creación de este supraestado fue sin lugar a dudas Carlomagno, aunque ninguno de los posteriores emperadores fuera de la dinastía carolingia.

Este imperio llegó a abarcar gran parte de Europa y fue disuelto en el año 1806 cuando Francisco II decretó la supresión de Sacro Imperio, tras las derrota a manos de Napoleón Bonaparte; fue una astuta jugada para que Bonaparte no se hiciera con el título, ni con la legitimidad esta dignidad que otorgaba.

 

Esto fue escrito por

César Augusto Betancourt Restrepo

Soy profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Defensor del sentido común, activista político y ciclista amateur enamorado de Medellín.

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