Caos

Después del caos y de la confusión más oscura es posible la danza, lo nuevo y lo distinto. La creación del mundo, con sus particulares formas de belleza, no surgió de la calma y el orden, sino de la oscuridad y la turbulencia. Así se lee en el libro judeocristiano del Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra era un caos [estaba desordenada], un vacío” A partir de lo oscuro y lo nebuloso Dios comienza a dar forma al universo. Esta consciencia de un caos primario que da paso a lo bello está presente también en la antigua cultura griega. Sus mitos dan cuenta de ello: en el mito pelasgo de la creación, la diosa de todas las cosas llamada Eurínome, surge desnuda del caos, para luego danzar al ritmo del viento. En el mito olímpico de la creación, la Madre Tierra sale del caos para gestar la vida, incluso la de los dioses. Otros hablan de un principio oscuro y caótico desde donde aparecen el aire, el día y la noche. Lo mitológico como una forma de imaginar y de decir lo que nos asombra, nos desborda y nos espanta, da cuenta del caos como una antesala de transformación, de nacimiento, la posibilidad de algo más. Y bueno, si pasa en la literatura, pudiera pasar también en eso que llamamos la realidad de la vida.

Digamos que mientras el caos está en su furor sacudiéndolo todo, agitando la cotidianidad que suele ser matriz de serenidad y de paz, la luz que promete la llegada de una nueva mañana es débil, tenue y muchas veces escasa. Ante esa furia, y en el mejor de los casos, uno asume el positivismo, la esperanza y la fe como escudos para salvaguardar la vida ante los zarandeos y las amenazas de la alteración del orden, pero si la confusión se prolonga y se agudiza, éstos se desgastan también, y qué va quedando sino esa sensación de desamparo y de desnudez que suele ser tan insoportable.

Entonces, ¿qué pudiéramos ir haciendo y siendo mientras el caos está presente? Quizá sería bueno aferrarnos con fuerza a las cosas que nos ayuden a vivir el tan anhelado, y a veces cliché, un día a la vez. Probar con pequeñas siembras traducidas en reflexiones profundas, oraciones silentes, conversaciones significativas y muchas veces incómodas, lentos y sinceros encuentros con las personas y las mascotas amadas. Probar con la pausa, con la contemplación de los árboles que se desnudan a causa de las hojas que mueren, y se revisten con otras que nacen. En últimas, avivar la consciencia de que la vida es hoy.

Para el escritor José Saramago, el caos es el regidor único del universo, y, por lo tanto, tarde o temprano nos alcanza, y lo hace para debilitarnos. Este debilitamiento toma muchos rostros: sufrimientos, pérdidas, confusiones, crisis, desesperanzas, rupturas, entre otros, ante los cuales se suele decir que nos acontecen con una finalidad, y que además estaríamos en la obligación de encontrar ese propósito. Es esa idea de que todo tiene el objetivo de redundar en un bien superior presente y futuro, y que se instalará en la existencia en algún momento, sin hacer nada, e incluso mágicamente.

Pero qué tal considerar la posibilidad de hablar del propósito como eso que creamos con los restos, no algo que llega por estar predestinado de alguna manera. Esas cosas, relaciones, momentos, a los que logramos dar forma partiendo de los añicos que han quedado por ahí esparcidos, pero que no siempre encajarán del todo y a la perfección, y bueno, sin perder de vista que hay caos que no terminan, que no pasan ni se aplacan; estados de confusión constante; dolores que no tienen que ser sanados como si fueran enfermedades. Esto equilibra de algún modo nuestras más desaforadas ilusiones. Sin embargo, si en algún momento sentimos un impulso demencial que nos invoque a la esperanza, si logramos creer en el propósito como el algo que creamos, si esto ocurre, podemos recordar que después del caos es posible la danza, lo nuevo y lo distinto.


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Juan Fernando Morales Valencia

Juan Fernando Morales Valencia, seguidor de Jesús, teólogo, magíster en hermenéutica literaria.

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  • Suena poético, real, y melancólico desde una mirada profunda del corazón «la danza después de lo caótico y oscuro «