Opinión Política Selección del editor

Cambiar la política

Tomada de: Pacifista

Para nadie es un secreto que los partidos políticos en Colombia atraviesan una crisis de credibilidad. Una de las preguntas de la más reciente Encuesta Polimétrica de Cifras y Conceptos, la de septiembre de 2021, era: ¿con cuál de los siguientes partidos políticos tiene afinidad? El 10 % de los encuestados contestó con la Colombia Humana; un 5% todavía siente afinidad con el Centro Democrático y, con el Polo, una de las principales fuerzas del Pacto Histórico, apenas un 1 %.

Hay claramente un desafío para los partidos progresistas. La Colombia Humana, ya con personería jurídica, tiene el desafío de transformarse en un partido democrático. En el caso del Polo, con la salida del Moir, tiene el desafío de renovarse en su V Congreso que se realizará a finales de este año.

Quiero resaltar un fenómeno que podría explicar esta crisis de credibilidad. Es claro que el Pacto Histórico no podría llegar al poder sin la confluencia de muchos sectores, y por esto se buscan todo tipo de alianzas. Pero ¿por qué no se ha diseñado una estrategia para atraer a los abstencionistas? Un grupo de más de 15 millones de personas compuesto no solo por las personas a las que no les interesa la política –me atrevería a decir que son una minoría–, sino por personas que se han desencantado de la política. Es decir, personas que en algún momento se aproximaron a la política electoral, pero, con el tiempo, se alejaron de ella.

Que los partidos tradicionales tengan prácticas clientelares y corruptas es la norma, pero que las tengan los partidos progresistas, no deja de ser decepcionante. Para que estos partidos vuelvan a tener algo de credibilidad, y las personas decidan afiliarse a ellos, o por lo menos simpatizar con ellos, tendrán que empezar por transformar en prácticas políticas reales sus discursos de renovación y cambio.

«Si no somos capaces de transformar nuestros propios espacios políticos, difícilmente le estaremos ofreciendo a Colombia una política distinta».

Por eso es tan importante la crítica dentro de los partidos. Esta, en la izquierda, se ha satanizado, convirtiendo a los que hacemos uso de ella en “enemigos”. Lo que no entienden, o mejor, ignoran, es que nuestras críticas buscan democratizar las estructuras partidarias, es decir, incorporar las demandas de los sectores excluidos de las instancias de dirección y de decisión de los partidos y de la sociedad.

Hay una entrevista al exvicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera en la cual afirma que el triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia, en octubre de 2020, se debió a que hubo un proceso de articulación entre la antigua generación y la nueva. Esto significa que las demandas de los y las jóvenes, en particular después de las históricas movilizaciones de este año, no deben ser vistas como una amenaza por parte de las antiguas generaciones, sino como una señal de cambio.

Lo mismo sucede con las demandas de las mujeres. El discurso de la paridad, posicionado en el debate público por una decisión del Pacto Histórico, se circunscribiría a un simple discurso electoral, si no se aplicara también en el interior de los partidos y movimientos que componen el Pacto.

De igual forma, la violencia política contra las mujeres en los partidos debe dejar de ser normalizada. En Colombia todavía no se ha investigado la salida de las mujeres de los partidos progresistas por casos de acoso sexual o de violencia política contra ellas. Estos espacios, en vez de incentivar su participación en política, terminan desestimulándola. Las mujeres tenemos que hacer política sin temor a ser atacadas en nuestros propios espacios de militancia.

Cuando hablamos de transformar las relaciones de poder en la sociedad, incluimos también las relaciones de poder dentro de los partidos. Si no somos capaces de transformar nuestros propios espacios políticos, difícilmente le estaremos ofreciendo a Colombia una política distinta.

Vía: Sara Tufano.


Esto fue escrito por

Sara Tufano

Italocolombiana. Socióloga de la Universidad de París 7, con una Maestría en Sociología de la Universidad de São Paulo. Se ha especializado en el estudio del conflicto armado colombiano y de los procesos de paz desde una perspectiva histórica.

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