¡Bello se respeta!

Hubo una época en la que convivíamos con la materia fecal de propios y extraños. Por ejemplo París, que aunque era uno de los centros del poder mundial, también era conocida por sus fétidos olores a excremento humano y descomposición. No obstante, con la invención del sanitario muchas cosas cambiaron, sobre todo en lo que tiene que ver con la asepsia: la limpieza y el buen olor. Por eso todos querían instalar sanitarios en sus casas y ciudades pero, aunque parezca evidente, antes de instalar un sanitario hay que definir hacia dónde irán los desechos que se boten por él, y cuando el Valle de Aburrá comenzó a urbanizarse decidimos que nuestros desechos irían a parar al río. Una decisión fatal que ha determinado la vida de quienes lo habitamos.

Es así que al usar el río como pozo séptico y, además, al canalizarlo como se hizo, lo matamos. Por eso hemos buscado todas las formas para solucionar este dilema, entre las que se encuentran la construcción y puesta en marcha de enormes plantas encargadas de filtrar el agua del río y devolverla sin contaminación. Es decir, contaminamos el agua del río para poder descontaminarla.

Hasta el día de hoy se han construido dos Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), la de San Fernando (ubicada en el sur del área metropolitana del Valle de Aburrá) y la de Aguas Claras (ubicada en el norte). La primera fue puesta en funcionamiento en el año 2000, mientras que la segunda fue inaugurada en el 2019 pero funciona desde 2018.  Todo esto estaría muy bien si no fuera porque, al parecer, EPM no aprendió nada durante los 19 años de experiencia que le proporcionó la PTAR de San Fernando, y la que construyó en Bello ha representado más problemas que beneficios para los cerca de ochocientos mil habitantes que tiene este municipio.

 

Cuando EPM quiso construirla se comprometió a que su funcionamiento no iba a afectar la vida normal de los bellanitas; sostuvieron férreamente que aunque se iban a procesar millones de litros de aguas putrefactas, no se iba a sentir ningún olor proveniente de este proceso. Pues bien, esto no se ha cumplido y los habitantes de los sectores aledaños a la PTAR han vivido un calvario manifestado en un hedor tal que ha disminuido el valor de sus propiedades, les ha quitado calidad de vida y ha afectado la salud de niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Durante los casi dos años que Aguas Claras lleva procesando aguas negras de los municipios del sur del Valle de Aburrá, en lo único en lo que ha sido constante es en producir malos olores que invaden las calles y viviendas de todo Bello. Muchos hemos elevado la voz, muchos hemos pedido respuestas y soluciones; pero aunque las primeras las dan a dos manos, las soluciones siguen sin llegar. En febrero se hizo un compromiso entre EPM y la Administración Municipal en el cual los primeros se comprometieron a ejecutar 36 puntos para controlar los olores, pero de estos solo se han cumplido 17 y el olor a mierda sigue presente.

Es en este contexto que el martes pasado el Inspector Primero de Policía de Bello ordenó el cierre de la PTAR. Es una noticia que ha generado apoyos y críticas, pero al mismo tiempo es una medida que parece que era necesaria. Históricamente Bello ha sido maltratado por la centralidad metropolitana; desde la calidad de los terminados al pavimentar una calle, hasta la forma en la que se ha enfrentado el problema de Aguas Claras parecen demostrar lo que muchos desprevenidos afirman: “si esta PTAR estuviera en un barrio estrato 6 de Medellín o Envigado, ya el problema se habría arreglado”.

Por eso es tan importante la medida que tomó el señor Inspector. Sabemos que las consecuencias de este cierre generarán inconvenientes a EPM, pero los bellanitas no aguantábamos más el tener que dormir con la ventana cerrada (porque es preferible dormir sofocados a dormir en el mismo ambiente de un sanitario público). Los bellanitas no aguantábamos más el mal trato que EPM nos demuestra al tratar este enorme problema como si fuera un chiste, como si fuéramos ciudadanos de segunda clase.

Los bellanitas merecemos respeto. Cerrar la planta es una medida transitoria y no arregla el problema, pero sí hace que se nos tome en serio desde la centralidad metropolitana, porque tras tantos intentos hemos aprendido que lo único que nos está prohibido es hacernos los pendejos y seguir esperando. ¡Bello no puede seguir oliendo mal! ¡Bello se tiene que respetar!

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Jonathan Roldán Jiménez

Diputado Liberal. Desde la Asamblea de Antioquia trabajo con mucho amor y mucha convicción por los hijos de las entrañas de Antioquia.

Bellanita - Creo en la PAZ 🕊

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