Asuntos del mercado

“El verdadero precio de todo, lo que todo realmente le cuesta al ser humano que quiere adquirirlo, es el esfuerzo y la complicación de adquirirlo.” Adam Smith


Seres sociales, autónomos, interdependientes, individuos naturalmente libres al ser dotados de razón… El mercado como orden espontáneo surgido de la voluntad y acto de transar, es asunto de la única especie capaz de emanciparse del instinto, conquistar su naturaleza y transformar el entorno para su propio bienestar, que implica el desarrollo de sí.

La evolución de nuestro cerebro y la sofisticación de este órgano respecto al caso de los otros animales en el planeta, nos permite ejercer poder sobre nosotros mismos, sobre otros miembros de nuestra especie, sobre las especies del planeta y poco a poco, de lo conocido. Poder sujeto, por supuesto, a nuestras limitaciones connaturales y la forma en que asumimos nuestras vulnerabilidades y respondemos a estas. Este poder puede formarse para crear, recrear, innovar y servir desde y a nuestra condición de humanidad, sin ser presos de esta, a partir de criterios morales.

El mercado es. Aunque sus dinámicas están sujetas a condiciones regulatorias de las que hacemos parte, que se disponen según se consideran adecuadas para nuestro propio devenir; el devenir es incierto, pese a eso, somos la única especie capaz de narrar, interpretar y pretender planificar su propia vida en el planeta. Los mercados negros o al margen de la narrativa institucional, apelan a favor de la preponderancia de los hechos frente al relato.

El mercado ha permitido interconectar las necesidades crecientes de la humanidad con las capacidades que tenemos los seres humanos para suplirlas, al punto de generar un crecimiento exponencial en los indicadores de satisfacción, especialmente en entornos en los que hay un mayor margen de libertad económica para ejecutar eficientemente los intercambios de valor.

Solo los seres humanos somos capaces de valorar en tanto nos hacemos conscientes de aquello que disponemos o requerimos, inevitablemente. Sin embargo, el valor es subjetivo, el esfuerzo que estamos dispuestos a asumir por aquello que valoramos es la forma en que incentivamos a otros a valorarlo (o no valorarlo) también.

Cuando aquello que valoramos son bienes y servicios necesarios para nuestro bienestar, podemos entender la economía en la pregunta por el cómo los seres humanos usamos, ofertamos y demandamos recursos limitados que tienen fines alternativos, surgida en contextos de escasez de los mismos, influyendo en el precio que pagamos por tenerlos (o no tenerlos) según el mercado se permita.

El mercado tiende a corregirse en la competencia, ya que configura posibilidades de elección que van ampliando el margen de voluntad requerida entre las partes para cerrar un negocio y acceder a demandar u ofertar un bien o servicio. La competencia motiva la mejora continua para adaptarse a las aspiraciones de valor de los individuos, convirtiendo la tendencia a la desidia en el principal contrincante de quien quiere beneficiarse del mercado durante el mayor tiempo que le sea posible, respetando el riesgo que se asume al emprender.

Al ser un gran juego de oferta y demanda el que organiza y coordina la producción y el consumo de bienes y servicios en la economía de mercado, este sistema económico determina que las decisiones fundamentales (qué, cómo, cuándo, dónde y para quien producir) las da el mercado en el que participamos todos, en un espectro propicio para aprehender oportunidades y soluciones. Así mismo señala al mercado como el mecanismo más óptimo para la distribución de la renta a través de los factores productivos, que corresponden a aquello que ya tenemos y es valioso para los otros porque necesitan lo que podemos lograr con eso.


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María Camila Chala Mena

Poeta. Abogada con énfasis en Administración Pública y Educadora para la Convivencia Ciudadana, Especialista en Gerencia de Proyectos y Estudiante de Maestría en Ciudades Inteligentes y Sostenibles. Fundadora de Ágora: Laboratorio Político. "Lo personal es político".

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