Así están las cosas

Opinion

Para nadie es un secreto la profunda división que existe en el país, pues viene de época anterior y tiene sus raíces en diferentes circunstancias con énfasis en la parte social, económica y de seguridad; aspectos que inciden directamente en el devenir de la nación.

A pesar de las múltiples evidencias de anomalías y fraudes en las elecciones, el aparato estatal aceptó como ganador a quien representa la antítesis de la democracia, con su discurso notificó al pueblo colombiano que su programa de gobierno contempla enfoques de tipo comunista y al parecer varios periodos presidenciales, el inconveniente es que Colombia está definida en su carta magna como un estado social de derecho, donde NADIE, está por encima de la Constitución Nacional y la reelección no es una opción.

La diferencia ideológica es abismal. En las votaciones con un porcentaje de abstención cercano al 35% del total de habilitados resulta muy escaso el margen que lo definió como vencedor, por ello es inquietante que se den pasos para imponer un sistema que no goza de aceptación, ni representa a las mayorías, adicionalmente el accionar de quien marca el derrotero es el de un guerrillero, enemigo del sistema democrático y son las víctimas los testigos de sus atrocidades, adicionalmente en plena campaña manifestó su deseo de volver por sus prácticas criminales, a la fecha no se ha dado reparación, justicia y menos aún, signos de no repetición; por ello insistimos en que si durante su gobierno va a promover desconocer la ley, traerá consecuencias. Quienes no acepten este razonamiento, se puede asegurar que no son colombianos, ni conocen la historia reciente de nuestra nación.

Cuando la cabeza de un gobierno, sus ministros, los que  hacen parte del grupo político y sus aliados hacen apología del delito, son partidarios de la combinación de formas de lucha y abiertamente manifiestan su deseo de convertir el país en una miseria, no podrán tener ni respaldo ni apoyo de las mayorías, ni de quienes somos partidarios del sistema capitalista, la democracia, la libre empresa y competencia; de muy poco sirve que ahora, por arte de magia el tono de sus manifestaciones sea moderado, se muestre aparentemente respetuoso de la ley y pretenda que nadie les enrostre su pecado.

El sector productivo de la nación muestra expectativas sobre el futuro, la amenaza de una recesión económica se cierne sobre todos y afecta desde la canasta familiar, hasta la salud física y mental de la sociedad. El trasbordo ideológico y cultural que desde hace décadas se viene ejerciendo sobre los jóvenes, trajo como resultado la generación de los NINI, que mutan dolorosamente a “los mantenidos”; ellos sirven a los intereses del Socialismo del Siglo XXI y en montonera exigen derechos, sin aportar absolutamente nada benéfico a su círculo familiar y menos aún a la sociedad, casos de ejemplo tenemos de sobra.

La guerra jurídica desatada contra las fuerzas del orden, y el poder judicial con una carga de infiltración altísima, no genera confianza; día a día empeora la percepción pues los hechos de corrupción pasaron de ser un rumor a una dolorosa realidad. Los comandantes de las tropas se desgastan respondiendo interrogantes y rumores, tiempo que deberían emplear para dirigir y acompañar a quienes ejecutan operaciones, dando consecuencialmente resultados más contundentes.

El legislativo pasó de ser una corporación independiente, a convertirse en un apéndice del ejecutivo; todos tenemos en la memoria las directrices que impartía a un selecto grupo de asesores, hoy integrantes del gobierno un senador repitente y que por desgracia ejerce hoy la presidencia de esta institución. La experiencia de burla y traición del plebiscito, deja muy en claro que lo que hoy vivimos es la resultante de viejos planes de la extrema izquierda para doblegar a Colombia, los cuales sin lugar a dudas han sido reactivados, por ello, la manipulación, el engaño y fraude, en caso de una constituyente está cantado, así actúan los que promulgan la guerra popular prolongada, como principio de su accionar.

Los asesores y nuevo mandatario tienen un deber constitucional, asumen la responsabilidad de cumplir la ley, hacer, construir y mostrar resultados. Se les acabó el tiempo de criticar, son esclavos de lo que han hecho, dicho y prometido, por ello la desconfianza es absoluta.

Quienes asumen que la “primera línea” está lista para reemplazar a nuestros héroes, no solo son ilusos sino degenerados, pues no es lo mismo jurar bandera, a recibir 70 mil diarios para destruir, asesinar y dañar gravemente la infraestructura de las ciudades; quienes así actúan, son mercenarios de la muerte y la modalidad delictiva no tiene otro nombre que terrorismo.

Con este panorama, muchos analizan otros horizontes, de pronto un lugar donde la fortaleza de las instituciones dé garantías para la libre empresa, en el que la competencia sea por ser productivos, sin que esos esfuerzos se conviertan en el motivo para amenazas tales como la extorsión, el secuestro o la expropiación.

El horizonte presenta nubarrones y amenazas de tormenta, por ello decimos este es el plan: aquí estamos, es momento de ser coherentes, respaldamos las instituciones constitucionales, nos declaramos en oposición, hacemos parte de la sociedad y como tales estamos listos a defender la democracia, entendemos que es gracias a ella que personas como el presidente posesionado ayer pueden llegar a este cargo; a pesar del escepticismo, convocamos la sociedad para que de manera pacífica, pero sin dejar dudas, cerremos filas, conservemos tradiciones, creencias, costumbres, la herencia de nuestros ancestros nos hace sentir orgullosos, es imposible defraudarlos y menos renunciar al hermoso regalo que con esfuerzo nos legaron; estaremos expectantes a denunciar desafueros, abusos o intentos por convertir a nuestra amada Colombia en un estado donde las libertades y los derechos sean privilegio de una camarilla de copartidarios del comunismo. Por ello, no hay plan B. ASÍ ESTAN LAS COSAS

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Cr (RA) Augusto Betancourt Llanos

Presidente ACORE Seccional Antioquia

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