Anti-Federiquistas: la cacería de brujas

La oposición es legítima, pero la obsesión es un gran problema político; aferrarse a opinar siempre sobre lo mismo, sobre el mismo y por lo mismo (tantos mismos) puede ser muestra de un vago juicio político. Así, he notado una creciente obsesión por el Alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez

La oposición es legítima, pero la obsesión es un gran problema político; aferrarse a opinar siempre sobre lo mismo, sobre el mismo y por lo mismo (tantos mismos) puede ser muestra de un vago juicio político. Así, he notado una creciente obsesión por el Alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, donde las personas -más allá de las políticas que decida la administración municipal- toman un modelo de oposición reaccionario y sectario. Les es imposible trascender el asunto de ser anti alguien, ese debate personalista; a veces pareciera que sus destinos tienen sentido solamente en la medida en que Federico es,  una contraparte que le da razón al existir de estas personas; obteniendo como resultado una dependencia que limita la objetividad. Son personas que se han dedicado a escribir cada 8 días una repetición insólita de argumentos e incluso de falacias y exageraciones. De referirse a quienes apoyamos la administración municipal como urifajardistas, rancios, despóticos, entre otros.

El problema es claro, la oposición que se perfila para los próximos años no es sana; el sectarismo lo único que promueve es que los debates sean sesgados e improductivos. De este modo, no hay diferencia entre la oposición radical al Alcalde de Medellín y  la actitud de Gustavo Petro frente a Peñalosa, una administración que no se movilizó para construir -lo hizo para los discursos de balcón-, pero ahora que llega un gobierno que quiere dar transformaciones, el exalcalde  se dedica a ser más eficiente y activo que cuando era alcalde. ¿Este es modelo que quiere ejercer la oposición de Medellín? La oposición es legítima y necesaria, pero hago un llamado a una sensata y prudente.

Medellín, así no les parezca a los opositores radicales con su visión netamente pacifista, necesita de más policías. Las flores no van a detener a las bandas criminales que azotan a la gran mayoría del territorio de la ciudad. Los invito a que lean y escuchen las intervenciones del alcalde, objetivamente, pues a veces pareciera que escuchan lo que quieren escuchar; fíjense en el momento en que el alcalde habla del concepto de la seguridad integral, donde mientras la administración ofrece garantías y oportunidades en la legalidad, también recupera el territorio mediante la fuerza de la institucionalidad. Por más que muchos sueñen con un Estado asistencialista, que invierta todo su presupuesto en lo social, el crimen no se acabará; algunos delincuentes dejarán de infringir la ley por la vía de la inversión social y las oportunidades, pero otros -muchos- continuarán creyendo en el dinero fácil, en el poder de las armas y en la “comodidad” de transgredir la ley. ¿A estos últimos los vamos a detener con discursos pacifistas? o ¿vamos a individualizar y desintegrar las estructuras criminales?

No señores, los males de Medellín no empezaron en la administración pasada, ni son un mal para el federiquismo; los grandes problemas de Medellín son un mal para toda la ciudad y, en este sentido, para todos los ciudadanos. A veces pareciera que los problemas de la ciudad alegran a la oposición enferma. Los fenómenos de inseguridad de Medellín se remontan a décadas atrás, pero sólo la seguridad integral podrá darles gestión. Sí, esa que en el corto plazo aumenta la presencia policial, la cobertura de cámaras, el mejoramiento tecnológico y los operativos de intervención. Sin embargo, es también esa que en el mediano plazo se legitima, luego de haber dialogado desde el primer día con la ciudadanía. En el largo plazo llega la gobernabilidad, asegura la convivencia pacífica y desmonta las estructuras criminales que le han robado la tranquilidad a la ciudad.

Yo quiero invitar a esa oposición radical y sectaria a evaluar las acciones que tomarán las distintas secretarías de la administración, no a oír exclusivamente a la secretaría de seguridad. Aquí los obsesionados con la seguridad “cortoplacista” no son precisamente los funcionarios Medellín. Hay quienes consideran que hay un gobierno escondido y detrás de la gente; pero, yo no he visto un secretario de seguridad encerrado en el piso 12 de La Alpujarra, lo que he observado es uno que ante las problemáticas ha salido a caminar el territorio y darle la cara a la gente. Así a muchos les duela, y se mofen del slogan “el alcalde de la gente”, lo que se ha visto en estos 45 días de gobierno, es una administración dedicada a la calle, a caminar, a escuchar a las poblaciones. Prefiero un alcalde que haga revisión constante de la seguridad de la ciudad, con consejos de seguridad diaria, a uno que descuide un tema tan trascendental como es la gobernabilidad de un territorio, que hace algunos años fue la ciudad más peligrosa del mundo.

Dejen el sectarismo, un purismo dogmático que los cristaliza como supuestas autoridades morales de Medellín. La crítica desgastante raya con la obsesión. Respeto a la oposición, pero al radicalizarse pierde su objetividad. Ojo: La seguridad integral, odiada por una oposición obsesiva con Federico Gutiérrez, es la que en el largo plazo podría llevarnos del miedo a la esperanza.

Juan Camilo Parra Restrepo

Politólogo, Especialista en Cultura Política y Magíster en Comunicaciones. Demócrata. Preguntón. Runner.

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