Antes a las 4 am, hoy a la 1 pm

“no sé si es hora del desayuno o la cena”

Ya llevamos más de 29 días de cuarentena, y ¡vaya! Que nos hemos adaptado a un muy diferente estilo de vida. Soy hijo de un trabajador informal el cual por tradición desde hace 18 años trabaja en el planchón campesino de nuestro municipio, los que alguna vez han ido a una “plaza de mercado”, sabrán que la vida en este lugar de bellos colores y diferentes sabores empieza desde muy temprano. Mi padre un hombre de huesos duros e ideas claras con 52 años de edad, lleva 432 meses levantándose todos los días como un relojito, de lunes a sábados de 4 am hasta finalizar tareas.

Hoy en nuestro día 29 de cuarentena, me desperté temprano por cuestiones de hambre, así que detrás mío se fueron despertando los demás, pero solo faltaba mi papá, quien se encontraba durmiendo.

Pasaron los minutos y horas, hasta que el reloj marcó la 1 pm, en ese momento mi padre marcó punto y se levantó, se le notaba muy sorprendido por la manera en que miraba la ventana, así que decidí acercarme y preguntarle que sucedía. me respondió que – la mañana estaba muy brillante por el sol-  le dije   -papá son la 1 pm-  en medio de su asombro me dijo que él nunca había tenido unas vacaciones tan largas y que la verdad no las quería tener, porque por mucho tiempo ha sido muy feliz en su trabajo, donde ha podido compartir y hablar con cualquier persona que se le pasara por el puesto de la plaza.

Tratando de buscarle otra cara a la moneda, decidí interferir diciéndole que deberíamos darle gracias a esta situación por mostrarnos lo que muchos y el no han podido ver. Este virus trajo consigo la opción de que las familias lejanas se reunieran, de que los hijos volvieran a casa, de que los padres ocupados pasaran tiempo con sus hijos por primera vez de verdad en familia, y que descubriéramos talentos que desconocíamos que nuestros familiares tenían.

Solo espero que mañana, a la 1 pm mi padre se despierte con otra idea de su encierro y goce un poco más de su familia.

FIN