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Hay momentos en la vida de un pueblo en los que las diferencias políticas, las discusiones electorales y las posiciones personales deben quedar a un lado. Cuando la tierra tiembla, cuando una familia ve comprometida su vivienda, cuando una escuela queda afectada y cuando nuestros niños y maestros deben enfrentar condiciones de riesgo, solamente debería existir una prioridad: la gente.
Por eso, como ciudadano y como profesional que durante muchos años ha tenido la responsabilidad de estudiar y comprender la administración pública, no puedo permanecer indiferente ante lo que está ocurriendo en Andes después del reciente sismo.
Debemos comenzar reconociendo a quienes sí han estado en el territorio. El Cuerpo de Bomberos y la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo han venido realizando una labor que merece nuestro respeto y gratitud. Su trabajo operativo y técnico ha permitido conocer una realidad que no podemos minimizar: alrededor de 220 viviendas damnificadas y afectaciones en 22 instituciones educativas, entre sedes principales y alternas, en diferentes lugares de nuestro municipio.
Detrás de cada cifra hay una historia.
Hay una familia que posiblemente perdió la tranquilidad de su hogar. Hay padres que miran con preocupación las condiciones en las que sus hijos deben regresar a estudiar. Hay campesinos que sienten que nuevamente les toca enfrentar solos una dificultad. Hay personas mayores que necesitan saber quién va a responder por ellas.
Por eso las cifras no pueden quedarse en un informe técnico. Necesitan convertirse en decisiones, recursos, acompañamiento y presencia institucional.
Comprendemos perfectamente que el Gobierno Nacional deba atender los territorios donde la tragedia ha sido mayor. Nadie puede desconocer esa realidad. Pero precisamente por ello, la responsabilidad de defender los intereses de Andes recae con mayor fuerza sobre nuestras autoridades municipales y departamentales.
En una emergencia, la presencia del alcalde no es un asunto de imagen política; es una obligación de liderazgo. La comunidad necesita verlo, escucharlo, saber qué está haciendo, qué ha solicitado, a quién ha acudido y cuáles son las acciones que se están adelantando para conseguir ayuda.
El silencio institucional genera angustia.
Y cuando una comunidad afectada no escucha a sus gobernantes, comienza inevitablemente a preguntarse si alguien está realmente defendiendo sus intereses. También preocupa profundamente que, ante una situación de esta magnitud, Andes no haya recibido la presencia y atención que merece de las autoridades departamentales. No estamos reclamando privilegios. Estamos reclamando equidad.
Andes no es un municipio cualquiera. Es una comunidad que durante décadas ha servido como centro comercial, educativo, agrícola y de servicios para buena parte del Suroeste antioqueño. Sus habitantes han trabajado, producido y aportado al desarrollo de Antioquia y de Colombia.
Por eso no podemos aceptar que, cuando llega una emergencia, Andes quede relegado al silencio y al olvido. No estoy escribiendo estas palabras para hacer política. Las escribo porque me duele mi municipio. Las escribo porque conozco a muchas de las familias que hoy están preocupadas.
Las escribo porque sé que detrás de cada escuela afectada hay niños que tienen derecho a estudiar seguros, y detrás de cada vivienda dañada hay una familia que merece respuestas.
Y las escribo porque creo firmemente que gobernar no consiste solamente en administrar recursos, inaugurar obras o aparecer en los momentos favorables. Gobernar significa estar presente cuando la gente enfrenta sus momentos más difíciles.
HOY ANDES NECESITA LIDERAZGO. Necesita que el alcalde levante su voz ante el departamento y la Nación. Necesita que el gobernador mire hacia nuestro municipio. Necesita que nuestros representantes políticos acompañen a la comunidad. Necesita gestión, coordinación y resultados.
Pero, sobre todo, el municipio necesita sentir y saber que no está solo.
Los terremotos pueden sacudir nuestras casas, pero jamás deberían sacudir nuestra confianza en las instituciones.
Que esta emergencia sirva entonces para unirnos, para dejar a un lado las diferencias y para recordarles a quienes tienen responsabilidades públicas que detrás de sus cargos existen seres humanos que esperan de ellos algo tan sencillo como fundamental: PRESENCIA, SOLIDARIDAD Y COMPROMISO.
ANDES NO PIDE PRIVILEGIOS.
ANDES PIDE QUE NO LO OLVIDEN.














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