Selección del editor

Análisis semiótico de “The Wall”

El Cogito ergo sum de Descartes modificó la historia de la filosofía moderna. A partir de entonces, el racionalismo cartesiano y su máxima sobre la duda metódica fue adoptado por muchos pensadores de la época y las relaciones sociales en un devenir dicotómico que desestructuró el pensamiento teológico se modificaron completamente. Pero luego llegó Freud y con él la herida narcisista del cogito, puesto que en el hombre no siempre prima la conciencia y él en su nulo dominio de la mente puede actuar bajo su inconsciente.

The Wall, la película de Pink Floyd no sólo da cuenta de la “significación metafórica” de Freud y el arte conceptual, sino que se vale de un video que, mediante animaciones abstractas, música y elementos psicodélicos tiene una gran carga semántica y semiótica, que no sólo demarca el “inconsciente” en distintas dimensiones, sino que abarca el trasfondo social de la época de posguerra.

 

De vicisitudes políticas y coyunturas económicas

La Segunda Guerra Mundial golpeó fuertemente los sistemas económicos. El muro de Berlín que separó la ciudad entre la RDA y la RFA[1] por más de dos décadas, la represión de cuerpos como lo llamaba Foucault: “el cuerpo está también inmerso directamente en un campo político. Las relaciones de poder se convierten en una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a trabajos, lo obligan ir a ceremonias, exigen de él signos. (…) El cuerpo está imbuido en relaciones de poder  y de dominación, como fuerza de producción” [2] y el devenir de los berlineses, no dejaba más que una coyuntura que relativizaba la dignidad humana tanto de los seguidores comunistas como de los opositores.

Ya la represión de cuerpos no se efectuaba meramente en la esfera social de forma imperativa. De manera ideológica se valían para subyugar mediante la escuela y las fábricas, oprimiendo el discernimiento de estudiantes y trabajadores.

Con “Another brick in the wall”, Pink Floyd da paso a otra de sus oposiciones      sistemáticas: “la educación”. Ya no se transmite un mensaje desde la metáfora, para explicitar ubica a los alumnos en una  tramoya que los hace parte de una fábrica. El poder del signo cobra vida gracias al maestro. El profesor se convierte en otro tipo de dictador del conocimiento. De forma que con “The trail”, le da vida a un show de teatro y el maestro pasa a ser una marioneta y posteriormente un martillo más.

En “El Signo”, Eco, coteja el signo y su contexto. De forma que dando cuenta del signo simple y compuesto alude al proceso de inferencia que permite que el receptor logre decodificar el mensaje y de esta forma interpretarlo. En “The trail” el proceso de semiosis inferencial opta por hacer una conversión en la que el maestro simula una marioneta. La carga de significación está supeditada a la forma en la cual el sistema, como asevera Foucault, se vale de los maestros para suprimir la libertad y someter al cuerpo dócil. Ya no es un simple maestro, ya no es una simple marioneta, el proceso lógico permite que el receptor no vea al docente, sino que recae en él un significado: la dialéctica maestro-estudiante.

Así, como el maestro pasa a ser una especie de monstruo y marioneta, el martillo ya no es un elemento de carpintería. Lo gráfico se vale del objeto real para pasar a representar una idea, pasando a ser un icono.  El martillo en el film pasa a representar una ideología política. El objeto no tiene como finalidad clavar. Sartre en ¿Qué es la literatura? alude a la situación en la cual la cosa no cumple la finalidad para la cual fue creada “ningún fin se nos presenta como un imperativo, ya que ninguno se nos manifiesta como querido por su creador”[3]. El martillo en este caso personifica una ideología política que busca castigar y someter.

Sartre a través de la historia de Raskolnikov retoma al objeto descontextualizado: “Puedo utilizar un martillo para clavar una caja o para romper la cabeza de mi vecino”

Para llevar a cabo los procesos interpretativos Pierce recurre a la abducción. El sujeto no tiene el mensaje de forma explícita, pero gracias a un proceso de identificación, éste logra darle significado a un elemento. El espectador de “The Wall” reconoce, a través del martillo y la forma en la que marcha, la representación del sistema comunista que convierte a sus soldados y seguidores en cuerpos  fanáticos que se mueven por la euforia y el sentimiento patriótico.

 

El muro de capitalismo abyecto

Una mañana de agosto de 1961, los habitantes de Berlín despertaron e inmediatamente vislumbraron el enrejado que dividía la ciudad. Luego de unos días comenzó la construcción del muro. Quien no fuera fiel al partido comunista sería condenado y moriría como traidor, quien aceptara el modelo occidental sabría, de antemano que pasaría su existencia en una sociedad de consumo.

Y así, Pinky Floyd, construyó un muro con televisores,  Mercedes Benz, y edificios. La era digital y capitalista conforma el muro con aparatos tecnológicos y del otro lado un bebé emula un soldado nazi que golpea a un hombre en el cráneo. El cualisigno surge, gracias a la intimidación que representa el totalitarismo. El soldado por sí mismo tiene una carga simbólica que alude a la represión bajo ese contexto. Un hombre con traje militar tiene una multiplicidad de significados, empero, bajo esa situación-signo un soldado nazi denota temor. El muro animado de “The wall”, no es construido, en ese momento, por ladrillos; deja entrever los elementos constitutivos del modelo americano, creando  entonces, un icono para la historia europea.

«Una cosa es signo solamente porque es interpretado como signo de algo por algún intérprete» y que «por ello, la semiótica no tiene nada que ver con el estudio de un tipo particular de objetos, sino que se refiere a los objetos ordinarios en cuanto participan en el proceso de semiosis».[4]

En ese proceso de semiosis, el soldado, el martillo, el muro, los ladrillos, la televisión toman significado gracias a la interpretación que le da el receptor, mediante el contexto en el que se manifiestan y cómo representan ideologías, más que al objeto mismo.

 

De Eco a Pink Floyd: signos artificiales y naturales.

Con la canción “In the flesh”  Pink Floyd, abre paso a un escenario cuya ornamentación es símbolo del partido comunista. La masa que actúa bajo la vehemencia, alaba al artista -que simula al dictador- y con euforia lo vanaglorian. Las personas manifiestan por medio de sus brazos una señal, su carga simbólica alude al partido, su significación es artificial, se reconoce que cualquiera que haga parte del partido hará con sus brazos una especie de cruz. Para Eco, los signos artificiales permiten la codificación, gracias a eso el hombre actúa en la sociedad siguiendo patrones de comportamiento. Tienen una intención, su especificidad toma primacía.

Su intención es clara, no solo por la masa que busca encomiar al dictador con los brazos, sino con los colores de la bandera, con el martillo y con las palabras. La carga simbólica de esta parte del film cobra un sentido paralingüístico.

Los signos naturales se remiten entonces a los soldados. Los habitantes de Berlín, caminaban por las calles de la ciudad, pero advertir que hay hombres uniformados con armas es un indicio de una anomalía política. Se detecta, en la inmediatez,  que algo sucede, intuían, desde un signo natural, que algo ocurriría, pero no sabían específicamente qué.

“El problema no depende precisamente de la naturaleza del indicio, sino de la fuerza de la relación que convencionalmente se establece (…) en otras palabras, la caracterización del signo como tal depende de la existencia de un código.” [5]

Durante la guerra fría, los trabajadores de las fábricas pasaron a ser los hombres que vigilaban las fronteras. Cuando en la película los martillos, mediante la ordenanza se disponen en filas, los obreros pasan a ser los martillos que marchan siguiendo al dictador, oponiéndose al capitalismo. El hombre que obedece sin saber por qué- se ha convertido en una cosa-:

“El trabajador se encuentra ya atrapado en una sociedad que tienen un código y un sistema de leyes, un gobierno (…), una sociedad cuya ideología él comparte de forma espontánea (…) está condenado a labores fraccionadas y semiautomáticas cuyo significado y propósito se les escapa, y a enfermedades industriales. Forzado a repetir el mismo gesto mil veces al día, el cansancio y la pobreza le desaniman para ejercer sus cualidades humanas, está silenciado en un mundo monótono y repetitivo; poco a poco se convierte en una cosa”. [6]

 

De procesos inferenciales y signos abstractos

La analogía entre el inconsciente de Freud y el arte abstracto y conceptual de la película, reflejan una metáfora que hace ineludible un conocimiento del contexto para poder ser inferida por el receptor. Durante “Blue Sky” las cruces que sobresalen de la tierra, dan cuenta de los hombres muertos en combate, de las pérdidas que ha dejado la Segunda Guerra Mundial y su repercusión en épocas de posguerra.

The walk utiliza discentes para otorgarle elementos conceptuales a la película y lograr comunicar las ideas que defiende la banda ante el capitalismo y los condicionamientos sociales que se circunscriben a este modelo económico. La bandera de UK que se transforma en cruz, lo que parece ser dos flores que bailan eróticamente y luego se convierten en dos cabezas que intentan morderse, la madre que arrulla a su hijo junto a la chimenea y luego se convierte en un muro que lo atrapa.

El proceso abductivo de Pierce cobra para este film gran relevancia. De forma metafórica y distópica busca darle significado a lo que podrían ser simples animaciones pero que trasladadas a la semiótica, sus signos aluden a la criticidad, a un proceso de análisis y comprensión, tanto de la coyuntura como del mensaje implícito de los símbolos.

Sus análisis se dan desde el proceso inferencial: “se está considerando como signo solamente un fenómeno a través del cual se infiere la existencia de otro fenómeno; y la inferencia es un proceso lógico intelectivo” [7]

“En cualquier caso, nos autorizan a incluir también fenómenos de inferencia en el campo semiótico las definiciones de algunos pensadores que desde hace mucho tiempo han sostenido que «un signo es el antecedente evidente del consecuente o al contrario, el consecuente del antecedente, cuando se han observado antes otras consecuencias semejantes; y cuantas veces se han observado, menos incierto es el signo» [8]

Empero, el proceso inferencial y retórico no siempre implica un acto comunicativo, la película será incólume para quien no conozca los movimientos sociales a los cuales alude el film. “Las figuras retóricas son precisamente signos complejos que implican un trabajo intelectual” [9]

 

De signos inconscientes freudianos al inconsciente de Pink

Para realizar una crítica de la película, se le preguntó a Roger Ebert[10], en una entrevista para Chicago Sun Times qué pensaba de ella: “La realidad es que crear una historia como ésta no podía ser algo alegre. Roger Waters[11], claramente se dedicó a hurgar en los rincones más oscuros de su subconsciente y lo que encontró ahí no fue agradable.”

Los signos inconscientes, implican, precisamente el inconsciente. Se pueden dar bajo el concepto freudiano de todo aquello que causa al ser humano displacer, sensaciones reprimidas, emociones afligidas. O:

“«Es posible que alguien utilice un símbolo, y a pesar de todo “no sea consciente de su significado”». Dejando aparte los casos en que una cosa no es un signo para el individuo que lo produce, sino que es sólo un signo expresivo para quien lo interpreta, puede suceder que el individuo para el que una cosa es signo no sepa que es un signo, no signifique que el signo es un signo y que no esté en condiciones de formular su significación”. [12]

No se requiere, netamente, conocer de antemano, la biografía de dos, de los cuatro integrantes de la banda, que conforman a Pink, el personaje principal de The Wall, de hecho una de sus escenas finales, cuando él, bajo los efectos psicodélicos yace acostado en el sofá de su apartamento viendo televisión y su inconsciente lo traiciona. “Los símbolos freudianos son (…) capaces de denotar objetos que se les asemejan solamente en ciertas relaciones (…) son un caso especial de los signos metafóricos, cada vez que ciertos procesos del individuo obstaculizan o hacen difícil el reconocimiento de que la significación metafórica facilita una satisfacción parcial de un deseo irrealizado”. [13]

De forma que la diferenciación entre los sueños y lo real, como aseveró Descartes en el Discurso del método, no se da desde el cogito ergo sum. -Yo que soy pensamiento, yo que dudo, es un yo que en ocasiones es controlado por la opacidad y la vehemencia-. El sujeto indubitable no siempre es controlado por la conciencia.

Si Descartes, en sus Meditaciones Metafísicas plantea que la lógica no nos traiciona porque en los sueños incluso, dos más dos es cuatro, no caviló que hay una parte del ser que es indómito.

“The Wall”, es un film que llevado al campo semiótico tiene una connotación de rebeldía, oposición, y negación a hegemonías políticas.

Las vicisitudes políticas que circundan la coyuntura de los tiempos de posguerra, no sólo traen a colación problemas colectivos, irreverencia social y el ataque contra cultura. Una carga simbólica que, metafóricamente, está supeditada a los problemas sociales. No solo representa la negación a los modelos sistemáticos sino que también demarca temas individuales, las dicotomías del individuo, sus cuestionamientos y perturbaciones íntimas aquellas que en la esfera privada trastornan al sujeto.

La infidelidad de la esposa de Pink,  la ausencia de su padre, la madre sobreprotectora, el aislamiento de la vida social, la represión de los maestros y el gran muro, son quienes trastocan al protagonista.

Ya no solo la coyuntura política crea una disyuntiva que se ve representada en el gran icono del muro, que gracias a la conversión del individuo en ladrillo lo hace un elemento más de la pared grisácea sin pensamiento, sin oposición y un miembro más del partido que se niega a rebelarse y que sigue las órdenes del caudillo por medio del patriotismo –el sujeto convertido en cosa-. El muro que permutó la historia es un icono de la Guerra Fría, un icono que según la triada de Peirce  se vale del representamen, objeto e interpretante para tener una significación universal. Sea donde sea que “The Wall” se emita remitirá a la época de posguerra. Su carga simbólica ha tomado tal preponderancia, que en el imaginario social se reconoce fácilmente.

El muro de Pink, da cuenta de su inconsciente, y connotativamente pondera sus angustias y el alma perturbada del artista. Ya no solo se rebela contra el sistema, su inconsciente lo lleva  a rebelarse contra sí mismo, ya sus pensamientos no le pertenecen, sus problemas psicológicos se han apoderado de sus acciones.

Sartre, en su filosofía existencialista plantea que el hombre no es otra cosa que lo que él se hace, pero en Pink, las drogas lo han llevado al detrimento mental. Ya no se elige a sí mismo, su demencia elige por él. Sus signos inconscientes comunican por él.

[1] RDA (República Democrática Alemana) RFA (República Federal Alemana)

[2] Foucault, Michel. 1975, pág. 18

[3] Sartre, Jean Paul. 1948, pág. 94

[4] Eco, Umberto. 1994 citando Morris. 1938, pág. 20

[5] Eco, Umberto. 1994, pág. 36

[6] Aronson, Ronald, 2004, citando a Sartre, Jean Paul pág. 182

[7] Eco, Umberto, 2004. Pág. 35

[8] Eco, Umberto, 2004 citando a Hobbes, Leviatan I,  pág. 37

[9] Eco, Umberto, 2004. Pág. 38

[10] Crítico cinematográfico estadounidense, uno de los más reconocidos a nivel mundial.

[11] Músico, compositor y activista británico. Es conocido por ser uno de los fundadores y miembro del grupo.

[12] Eco, Umberto, 2004, pág. 44 citando a Morris, 1946, pág. 396.

[13] Eco, Umberto, 2004, pág. 44 citando a Morris, 1946, pág. 396.