¿Acaso es escaso el escozor que causó Escazú?

“…todas las personas –TODAS– deberían tener acceso a la información ambiental. Así serían conscientes de aquellos excesos de un pequeño círculo privilegiado que busca beneficios individuales por encima de los intereses comunes de cualquier ciudadano”


El acuerdo de Escazú –adoptado en Escazú (Costa Rica), el 4 de marzo de 2018– es el primer tratado ambiental de América Latina y el Caribe que entró en vigor el 22 de abril de 2021. Entre sus objetivos están: [1] Garantizar la implementación plena y efectiva de los Derechos de Acceso a la Información Ambiental. [2] Propiciar la participación pública en el proceso de toma de decisiones. [3] Favorecer el acceso a la justicia en asuntos ambientales, así como la creación de instrumentos que permitan la protección y seguridad de los defensores ambientales. Todos estos son propósitos e intenciones que benefician al ser humano en general, pensaría uno; porque no falta quien piense vivir en otro mundo, al fin y al cabo la NASA ya descubrió varios exoplanetas que, al orbitar la zona habitable de su estrella, tienen similitudes con la Tierra.

Siento que el primer objetivo es muy oportuno porque todas las personas –TODAS– deberían tener acceso a la información ambiental. Así serían conscientes de aquellos excesos de un pequeño círculo privilegiado que busca beneficios individuales por encima de los intereses comunes de cualquier ciudadano. En Colombia, por ejemplo, la Ley 2173 de 2021 tiene objetivo la creación de “Áreas de Vida”, pretendiendo con esta incentivar la siembra de árboles en todos los municipios del país. La norma contempla involucrar a la población y a las empresas en la restauración ecológica del territorio: en cuanto a los ciudadanos, se les concederá un certificado de siembra que tendrá validez por un año, con el que podrán acceder a diferentes descuentos en matrículas educativas, certificados de tradición y libertad, legalización de documentos, entre otros. “Para las medianas y grandes empresas registradas será obligatorio la implementación de un programa que contemple la siembra de dos árboles por cada empleado”. De aquí surge un imaginario colectivo en el que se menciona que por cada árbol talado deberán sembrarse dos. Detengámonos a pensar un momento: Solo en el último año se han talado en Medellín y el área metropolitana cientos, sino miles de árboles para ampliar las vías. Si esta normar de 2×1 fuese cierta, ¿viviríamos en una jungla. No?

El segundo objetivo, en el que se respalda la participación pública, es interesante en la medida en que cualquier ciudadano puede opinar y respaldar decisiones que antes eran exclusivas de sectores políticos y privados. El tercero, favorece el acceso judicial en asuntos ambientales. Estas declaraciones la ampliaré más adelante.

Hasta el momento, veinticuatro países firmaron el acuerdo y solo doce confirmaron su participación; de estos quiero destacar la participación de Argentina, Bolivia, Ecuador y Uruguay al ser países suramericanos que son de gran interés para la región. Por su parte, Chile organizó la primera reunión de la Conferencia de las Partes (COP 1) en las que se congregaron autoridades y representantes oficiales de los países que ya son parte de este primer tratado ambiental, y de otros que están en proceso de serlo. Pero a todas estas ¿Qué posición ha tomado el Gobierno de Colombia respecto a Escazú?

En el título de esta columna hice mención al disgusto que ocasiona Escazú en el país debido a un resentimiento que se fundamenta en un sector político (exactamente una casta política) que se dedica a la ganadería y se rodea de exitosos empresarios y ganaderos. Estas «personas de bien» que siempre se preocupan por el progreso de Colombia, aunque en Colombia no se perciba ningún progreso, lo que realmente desean es la prosperidad de su círculo íntimo familiar, con algunos asomos a su zona social, y sin ningún arrimo a su zona pública. Mencioné tales relacionamientos proxémicos para que se pueda comprender que por muy privadas que sean sus empresas, no dejan de ser funcionarios públicos.

En la última semana se presentó en el país un debate por el proyecto de Escazú en el Senado de la República. Si bien el Congreso apoyó el acuerdo unánimemente, hubo una avivada discusión entre ambientalistas y la senadora María Fernanda Cabal quien conjeturó: “Yo conozco los acuerdos […] yo he conocido el litigio internacional. Entonces usted no me va a enseñar a mí cuando yo tengo por lo menos veinticinco años más que usted”. Si bien es cierto que con la edad llega la experiencia, y que «más sabe el diablo por viejo que por diablo» –según el adagio popular–, en el caso de Cabal podría pensarse que es diabla, pero no por vieja ni mucho menos por sabia. Recordemos algunos de los manifiestos polémicos que nos ha dejado: –“la educación y la salud no son derechos fundamentales”; –»El comunismo se lo inventaron los ricos, no los pobres»; –»La sociedad civil es otro cuentazo de los mamertos»; –“si uno pone a los negros a trabajar se agarran de las mechas”. Solo estos desaguisados harían las delicias de cualquier pensador promedio; pero como ella no se conforma con las medias tintas, recordaré también el inolvidable yerro cuando afirmó que la Unión Soviética formaba parte de los miembros permanentes de la ONU, o cuando en un trino, publicado siete horas después del fallecimiento del nobel, puso una foto de Gabriel García Márquez con Fidel Castro afirmando que “pronto se encontrarán en el infierno”. A este infierno «cabalezco» sería muy divertido pertenecer, pues en ningún otro se encontraría a una diabla experta en proferir sandeces cada vez que mueve sus labios. Quizá si Dante estuviese vivo en esta época la situaría en el séptimo círculo: el de la violencia. Si creen que mi afirmación se sale de sus cabales comparto una última de sus afirmaciones: “Es que el Ejército no está para ser damas rosadas, el Ejército es una fuerza letal de combate que entra a matar”.

Volviendo a la discusión suscitada por el acuerdo de Escazú, una de las personas que se hallaba en el recinto le expresó: “Senadora, pare de criticar y proponga”, y la respuesta recibida fue: “Esto es una farsa globalista. Esto es para dejarnos pobres a todos los colombianos y engañar a los jóvenes incautos”. Esta es la mejor sentencia con la que quiero llegar a la intríngulis de este escrito ¿Será cierto que la señora Cabal está pensando en el bienestar de todos los colombianos? ¿o será que solo está pensando en los intereses latifundistas de su empresa ganadera que administra junto a su esposo José Félix Lafaurie? Qué curioso que un acuerdo ambiental que beneficia a los colombianos en general –y al mundo entero– cause tanto escozor entre los militantes del Centro Democrático. El senador Wilson Arias arremetió diciendo: “Uno no puede estar más del lado de la vaca que del ser humano”; y la respuesta de la senadora no se hizo esperar: “no sea atrevido”. Arias nuevamente indicó: “Es verdad. Los terratenientes contra la especie humana”; y Cabal cerró con broche de oro al afirmar: “Dígale eso a los indígenas que tienen treintaiún millones de hectáreas”. En tono burlesco –porque es la única forma de referirse frente a alguien que acaba de decir una payasada– el senador replicó: “¡Hay! Cuidan más los bosques que ustedes. A ustedes que están deforestando el Amazonía. Los ganaderos deforestan” y se escucha en el público una afirmación modesta “tanto como la coca”. Para que la senadora se quedase callada y de pronto no se ahogase entre sus propias lágrimas. Empezaron las arengas encabezadas por Wilson Arias y aclamadas por el público: “Hoy ganamos con Escazú”, “¡Qué viva el acuerdo de Escazú!” “¡Qué viva!” “¡Así es como vamos a ganar!”

“Colombia es el séptimo país del continente con mayor extensión geográfica según la medición de la Organización de los Estados Americanos, OEA, pero solo tiene 114 millones de hectáreas según el DANE […] la información que ha levantado el Gobierno con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Igac, y otras entidades, en la última década, indican que 42,5% de la tierra (48,5 millones de hectáreas), es de títulos privados, […] Luego, con 28,9 millones de hectáreas, es decir, 25,3% del total, está la tierra de los resguardos indígenas, las comunidades afrodescendientes y otras agrupaciones étnicas reconocidas por el Estado” (López Bejarano, Joaquín Mauricio, 2020, p.4–5)[1]. Así esta señora se atreve a dar tal afirmación. Siento muy pertinente citar al senador Iván Cepeda: “La Unión Soviética, para los que han estado fuera del planeta los últimos veintiséis años, se disolvió en 1991”. Referencio esta analogía pensando en aquellos que defienden la deforestación. ¿Cómo pueden sustentar insignificante la tala indiscriminada de árboles cuyo propósito es proveernos del oxígeno que respiramos? ¿Será que si estos árboles suministraran Wi–Fi gratis los cortaríamos con tanto ahínco?

Con voz ahogada, al borde del llanto –de la rabia quizá. No puedo testificarlo– la senadora Cabal seguía afirmando falacias del talante de “Aquí no vuelve a haber un puente, un túnel, una obra civil. Ni siquiera los indígenas y los negros van a tener prevalencia con su consulta previa”. Esta es una mentira enorme como todas las hectáreas de tierra que posee –dicen–, porque lo que busca el acuerdo de Escazú precisamente es que los habitantes del territorio donde se piensa llevar a cabo la obra, sean informados, escuchados, y tengan toda la información a la mano para que “puedan acudir a la justicia en caso de afectaciones en el ambiente”.

Termino su diatriba con una de las mejores frases de la discusión: “el mundo necesita comida y desarrollo”. ¿Qué tan falso se puede llegar a ser en la vida? Mejor hubiese afirmado: «Mi familia necesita desarrollo, no podemos quedarnos sin comida». Recordé la frase: “Alguien por favor quiere pensar en los niños”. atribuida a Helen Alegría. Comentario icónico en la serie y que se utiliza como objeto de burla en las redes porque no tenía mucho que aportar a la acalorada discusión que tenían en ese momento varios ciudadanos de Springfield.

Senadores del Pacto histórico y otros Partidos políticos afines al Gobierno entrante defendieron la ratificación del acuerdo que estaba tratándose de aprobar por casi dos años. El proyecto deberá ser aprobado también por la Cámara de Representantes. Falta esperar que el acuerdo de Escazú prospere en la Nación, para que Colombia pueda estar en la lista de aquellos países privilegiados de la Región que ratificaron su compromiso con el medio ambiente.


[1]   Si desea ampliar más la información sobre el tema, favor remitirse al artículo “¿a quién le pertenece la tierra en Colombia, y cómo se divide el territorio por su uso?” de Joaquín Mauricio López Bejarano, publicado en La República Más. https://www.agronegocios.co/aprenda/a-quien-le-pertenece-la-tierra-en-colombia-y-como-se-divide-el-territorio-por-su-uso-3027474

About the author

Andrés Felipe Sánchez Vargas

Profesor de Literatura, Gramática, Semiótica, Semántica y Lingüística. Escritor de artículos de investigación y columnista en alponiente.com. Amante de los gatos y los perros, la lectura y la escritura, la dramaturgia, la música, la tecnología, la literatura griega clásica y la literatura colombiana de siglo XIX.

Creador del canal de YouTube "Asuntos del Lenguaje" que puedes encontrar en: https://www.youtube.com/channel/UCFne1h56GJihYaaguZ33TdQ.

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