A propósito de la descentralización

Juan David Blanco Turismo Antioquia

La discusión acerca de la descentralización fiscal, más allá de hablar de fuentes de ingresos, debe tener ese carácter integral de las funciones y competencias que se deben atender desde cada nivel de los gobiernos subnacionales. El Estado debe tener una cara, y esa cara debe ser humana. Finalmente, la confianza se construye mirándonos a los ojos.


El atraso económico en Colombia, evidenciado en unas condiciones de vida que no son acordes a los países más desarrollados, nos debe llevar a una reflexión profunda acerca de cómo lograr el cierre de estas brechas. Tenemos dos alternativas: continuar con la senda que hemos venido creando, recuperando algunos sectores y mejorando paulatinamente nuestras condiciones de bienestar; o tenemos que pensar en una forma disruptiva de acelerar la dinámica, y producir cambios profundos en corto tiempo en nuestra sociedad. Tal vez ponernos como meta, lograrlo en dos décadas.

Sin duda una de las grandes falencias que ha padecido Colombia ha sido un Estado débil, con una gran incapacidad para atender los problemas sociales y tener una real presencia en los territorios. Posiblemente aquí entremos en el dilema del “huevo o la gallina” para saber con precisión las causas de esa falencia estatal, si por falta de recursos económicos no se ha logrado en su totalidad, o por su ausencia no se generan los recursos económicos. Lo que sí es claro es un debilitamiento y una pérdida de confianza reflejada no sólo en las encuestas de aprobación de las instituciones, sino también en la participación electoral para decidir acerca de qué queremos como país.

Tal vez esa confianza se haya perdido como un proceso acumulado de muchos años, y tal vez a muchos les interese que se mantenga de ese modo para que no haya una cara visible del Estado. Pero sí llama la atención cuando un ciudadano tiene una necesidad imperante a ser atendida, y su contacto más cercano de lo que significa el “Estado” puede ser alguien que trabaje en un entidad local o municipal. El gran problema es que esa entidad local por lo general no tiene las competencias ni los recursos económicos para atender la situación. Esto es lo que sucede todos los días en cada municipio de Colombia, tanto en la ruralidad como en las zonas urbanas.

Por esto, invertir en una propuesta de fortalecer las capacidades territoriales desde su fortalecimiento fiscal e incremento de sus competencias, por medio de un proceso de descentralización, debe ser una necesidad urgente para debatir y discutir en el ámbito nacional. Celebro que, en diversos espacios nacionales, políticos y de opinión, esté teniendo eco el llamado que, desde la Federación Nacional de Departamentos, los gobernadores hicieron en la conmemoración de los 160 años de la Constitución de Rionegro de 1863: Colombia Federal, Colombia Unida. Desafortunadas consecuencias de la centralización han llevado a que el tema tome aún mayor relevancia: la pérdida de los Juegos Panamericanos, la falta de recursos para las vías 4G en Antioquia y para el túnel Guillermo Gaviria hacia Urabá, el retraso en viabilidades técnicas del Tren del Río en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá o el tren de cercanías en el Valle del Cauca para la ciudad de Cali, incluso hasta la polémica por el Metro de Bogotá. Numerosos proyectos trascendentales de desarrollo que son detenidos, paralizados y retrasados en el tiempo que no podemos perder como Nación.

También es oportuno recalcar que no todas las entidades están preparadas para hacerlo abruptamente, deberá existir un régimen de transición, así como una valoración y evaluación de la ejecución de las tareas para determinar si desde otra entidad subnacional o nacional debe asumir determinadas competencias según el desempeño que se tenga. Aquí la prioridad debe ser la ciudadanía.

Estoy absolutamente seguro que, en la medida que la atención de las necesidades de la población se logre de manera oportuna y que las condiciones de bienestar se potencialicen en aras de lograr el cuidado de la VIDA basados en la EQUIDAD, se generará un círculo virtuoso de confianza, o mejor una espiral ascendente, para el desarrollo del país, donde se incrementarían las contribuciones e ingresos tributarios del país pues disminuiría la evasión, incrementarían las inversiones privadas, e incluso hasta los aportes voluntarios.

Según la OCDE, la confianza en las instituciones, y específicamente en el Gobierno, “podría leerse como una evaluación de cómo están funcionando los gobiernos y cómo se gestionan los asuntos públicos, y potencialmente también podrían ser predictores de agitación social”. De hecho, en su informe de 2021 acerca de los principales hallazgos de la Encuesta sobre confianza de la OCDE se evidencia que de manera generalizada los ciudadanos confían más en sus gobiernos locales que en los nacionales.

La pedagogía es clave en este debate. ¿Quién es el “Estado”? ¿quién es el “Gobierno”? ¿cómo esperan los ciudadanos sentirse escuchados en las decisiones de política pública? Todos estos elementos deben brindarnos un marco de reflexión para que una discusión acerca de la descentralización atienda el sentimiento de apatía y resignación que siente los ciudadanos cuando se habla del sector público.

Por tanto, la discusión acerca de la descentralización fiscal, más allá de hablar de fuentes de ingresos, debe tener ese carácter integral de las funciones y competencias que se deben atender desde cada nivel de los gobiernos subnacionales. El Estado debe tener una cara, y esa cara debe ser humana. Finalmente, la confianza se construye mirándonos a los ojos.


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Juan David Blanco

Ingeniero Mecánico, UPB. Magíster en Economía Aplicada, Eafit. ExGerente de Ingeniería - P&G. ExSubsecretario de Planeación de Infraestructura Física. Ex- Secretario de Turismo de la Gobernación de Antioquia.
100% familia. Ciclista por pasión, triatleta por motivación. La disciplina siempre superará al talento en el tiempo.
Salsero. Aún con esperanza en la humanidad.

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