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¿Qué pasa cuando el principal o segundo socio comercial de todo un continente comienza a mostrar señales de ser regido por un dictador paranoico?
El presidente de la República Popular China y Secretario General del Partido Comunista, Xi Jinping, continuó a principios del año 2026 con la gran purga del alto mando militar, una acción que venía desarrollando desde mediados de 2023. Sus más recientes decapitaciones políticas fueron las del general Zhang Youxia, vicepresidente de la Comisión Militar Central; el general Liu Zhenli, jefe del Departamento del Estado Mayor Conjunto; el general Zhao Zongqi, así como múltiples mandos del Teatro de Operaciones Occidentales y jefes del Departamento de Desarrollo y Equipamiento.
¿Fue una medida necesaria para fortalecer al ejército chino o fue un acto de autoprotección?
El presidente Xi Jinping planteó un objetivo estratégico hace unos años: la reunificación de China como conmemoración de los 100 años del Ejército Popular de Liberación, un plazo que se cumple en el cercano 2027.
Aquí tenemos que hacer un poco de historia. Las fuerzas del Partido Comunista, lideradas por Mao Zedong, derrotaron al gobierno nacionalista del Kuomintang bajo la administración de Chiang Kai-shek. El 1 de octubre de 1949, desde Pekín, se proclamó la fundación de la República Popular China.
Chiang Kai-shek, junto con dos millones de militares, funcionarios y civiles, decidió poner agua de por medio: se asentaron en la isla de Taiwán y proclamaron la República de China, con capital en Taipéi. Así nacieron las dos Chinas: una continental y otra en una pequeña isla ubicada a 130 kilómetros del continente.
Ninguno de los dos gobiernos reconoce al otro. Desde Pekín, Taiwán hace parte de su territorio; desde Taipéi, consideran al Partido Comunista como rebeldes que tomaron el poder por la fuerza y que no son los legítimos gobernantes de China. La situación es tan tensa que la República Popular China ejerce presiones diplomáticas constantes para que todos los países corten sus lazos con Taiwán. Por ello, solo 12 países en todo el mundo reconocen formalmente a la República de China como un Estado independiente y soberano.
La situación sería completamente irrelevante para el resto de la humanidad si no fuera porque Taiwán se desarrolló hasta estar a la vanguardia del mercado global de los semiconductores y microchips que permiten la comunicación y el desarrollo tecnológico actual. Incluso tú no podrías estar leyendo este contenido desde tu móvil si no fuera por los componentes que salen de esa pequeña isla.
Por eso la amenaza de Xi Jinping de tomarse la isla antes del año 2027 es tan relevante: podría frenar el desarrollo de la inteligencia artificial y la economía global con solo unas pocas bombas.
Los padres de Xi Jinping y Zhang Youxia fueron compañeros de armas y líderes revolucionarios durante la guerra civil china. Crecieron como hermanos de crianza, hijos de la élite roja, y en los círculos de poder siempre se consideró a Zhang como el hermano mayor de Xi. Sin embargo, Zhang Youxia consideraba que forzar la caída de Taiwán por las armas era una locura y que desafiar la reacción militar de los Estados Unidos era un enorme peligro. A Xi Jinping no le importó decapitar a su hermano de vida y más cercano aliado, destituyendo al militar de más alto rango por no estar de acuerdo con su misión.
Desde el año 2022, Xi Jinping ha destituido a 40 generales que venían de gobiernos anteriores. Uno de los ejércitos más poderosos del mundo quedó al mando de militares que le deben sus ascensos y carreras al presidente Xi y, por ello, le guardan una absoluta obediencia y sumisión si quieren seguir disfrutando de las mieles del poder. Una situación bastante peligrosa al no existir en la cúpula del ejército chino, personas con la capacidad de afrontar al presidente para decirle las consecuencias de un llevaría a su país a un desastre de escala global.
Sin embargo, la verdadera élite —la alta cúpula militar con asiento en las reuniones del Partido Comunista— estaba conformada por siete militares nombrados por el propio Xi Jinping en 2022. A principios de 2026, Xi destituyó a seis de ellos. Solo quedó el general Zhang Shengmin, secretario de la Comisión de Inspección Disciplinaria de la Comisión Militar, quien abrió los casos de corrupción que finalizaron en la destitución de los otros seis miembros. Shengmin fue el verdugo bajo las órdenes de Xi, y no hay reemplazos a la vista y salieron de la mesa los generales que tenían al mando el direccionamiento del ejército, la planificación de las acciones militares, el control del armamento nuclear y el relacionamiento con la diplomacia internacional. Ahora, todo está bajo el control y potestad del Secretario General del Partido Comunista, Xi Jinping.
Volvamos a revisar la historia, porque quien no la conoce está condenado a repetirla: el gran Terror Jacobino tras la Revolución Francesa con Maximilien Robespierre; la Gran Purga de Stalin; La Noche de los Cuchillos Largos de Hitler; la Revolución Cultural de Mao Zedong; el exterminio de los Jemeres Rojos de Pol Pot; la Operación Anfal de Sadam Hussein; y, más cerca de nosotros, Simón Bolívar cuando mandó a fusilar a Manuel Piar, José Prudencio Padilla y Agustín Horment, o Fidel Castro cuando apartó conveniblemente a Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Huber Matos.
Tras esas purgas, Robespierre, Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot, Hussein, Bolívar y Fidel quedaron solos con todo el poder y atrapados en una paranoia que les impidió volver a confiar en alguien. Xi Jinping está siguiendo exactamente el mismo camino.
La China que nos venden los propagandistas del régimen es presentada como la nueva superpotencia global que desplazó a los Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad. Su situación interna es tan delicada que el líder supremo está recurriendo al manual clásico del dictador: crear un enemigo interno y uno externo para afianzarse en el poder. El interno ya lo tiene y lo llama las “Tres Fuerzas del Mal” (separatismo, extremismo y terrorismo), con lo que mantiene a la población bajo un férreo control. Ahora busca el enemigo externo, y un conflicto con Taiwán puede escalar rápidamente a un enfrentamiento global si los Estados Unidos deciden apoyar a su aliado —algo que deberán hacer si no desean perder su hegemonía al ceder el control de los microchips—.
Volviendo al principio: América Latina le vende a China cobre, petróleo, oro y productos agrícolas, mientras recibe financiación para la construcción de carreteras, sistemas de transporte, complejos hidroeléctricos y puertos. Con una guerra, todo eso se detiene. Los países que se volvieron adictos a tener un único comprador y patrocinador, y que por ello no diversificaron sus mercados, quedarán expuestos al estancamiento y la vulnerabilidad económica.
Xi Jinping es el nuevo dictador todopoderoso del comunismo global, pero su paranoia por ser derrocado lo lleva a ver enemigos hasta en su círculo más íntimo. Una combinación peligrosa que puede arrastrar al mundo al desastre. Como decía el genio del siglo XX, Albert Einstein: “No sé con qué armas se luchará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta Guerra Mundial se luchará con palos y piedras.”
Refresquemos la política desde Antioquia para Colombia.














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