Lo que la tecnología le devuelve al ejercicio tributario

Conviene empezar reconociendo algo que en el gremio a veces se pasa por alto: el sistema tributario colombiano se ha modernizado de manera notable en las últimas dos décadas. La facturación electrónica, la información exógena, los servicios en línea de la DIAN y la declaración sugerida representan un avance real. Colombia hace parte de una región que lidera globalmente la digitalización tributaria, y eso no es un dato menor.

Lo que quiero examinar en esta columna es la otra mitad de esa transformación. La administración avanzó en sus herramientas. El profesional que ejerce del otro lado del mostrador, en muchos casos, sigue trabajando con métodos que no cambiaron al mismo ritmo.

Piense en cómo transcurre una consulta cualquiera. Un cliente pregunta por una deducción. Antes de responder con seriedad hay que ubicar el artículo, verificar si alguna reforma lo modificó, revisar si un concepto de la DIAN precisó su alcance y comprobar si la jurisprudencia cambió la interpretación. Ninguno de esos pasos es opcional y todos consumen tiempo. Multiplicado por el volumen de una temporada como la que corre hasta el 26 de octubre, ese tiempo se vuelve la mayor parte de la jornada.

El punto no es que ese trabajo sea inútil. Es que no es el trabajo por el cual un profesional se formó durante años.

Aquí es donde la tecnología aporta algo concreto y verificable. La consolidación normativa, la verificación de vigencias y la búsqueda documental son tareas que un sistema bien construido ejecuta en segundos con mayor exhaustividad que cualquier persona. No porque sea más inteligente, sino porque puede revisar el corpus completo cada vez, sin cansancio y sin sesgo de memoria. Un profesional recuerda las normas que usa con frecuencia; un sistema indexado no distingue entre lo frecuente y lo raro, y eso es precisamente una ventaja cuando el caso es atípico.

Los beneficios prácticos son bastante tangibles. Primero, velocidad: lo que tomaba horas de rastreo se resuelve en el curso de una llamada. Segundo, cobertura: se revisan fuentes que en condiciones normales no se alcanzarían a consultar por falta de tiempo. Tercero, trazabilidad: cada afirmación queda vinculada a la norma que la sustenta, con su estado de vigencia, lo que produce un papel de trabajo mejor documentado casi como subproducto. Y cuarto, algo menos evidente pero quizás lo más valioso: reduce el margen de la respuesta improvisada, esa que uno da de memoria porque no hay tiempo de verificar y que después toca revisar con incomodidad.

Ahora bien, sería deshonesto presentar esto como una solución sin condiciones. La tecnología aplicada a lo tributario solo es útil si cumple un requisito estricto, y vale la pena decirlo con claridad porque no todas las herramientas lo cumplen. Un sistema que responde con seguridad pero sin fuente verificable no ayuda: traslada un riesgo. En un dominio donde el error tiene consecuencias sancionatorias, la respuesta correcta no admite aproximación. La herramienta debe mostrar la norma, permitir que el profesional la lea, y reconocer cuando no hay sustento suficiente en lugar de completar el vacío con una interpretación verosímil.

Ese es el criterio con el que hay que evaluar cualquier herramienta que le ofrezcan estos meses. No pregunte qué tan rápido responde. Pregunte si puede mostrarle de dónde sacó lo que dice.

Y conviene ser igual de claro sobre lo que la tecnología no hace. No decide si una deducción resiste una fiscalización. No evalúa el riesgo particular de un cliente. No construye una planeación. No sostiene una posición ante la administración. Todo eso es criterio profesional, y el criterio no se automatiza porque depende de leer un caso concreto en su contexto, algo que ningún sistema hace por usted. Lo que la tecnología hace es liberar el tiempo para que ese criterio se ejerza, en lugar de consumirlo en la etapa previa de recolección.

Visto así, la conversación sobre inteligencia artificial y profesión contable está mal planteada cuando se formula como una amenaza. La pregunta relevante no es si la máquina va a reemplazar al contador. Es qué parte del trabajo conviene delegarle para recuperar la parte que sí requiere juicio humano.

El sistema tributario avanzó en su capacidad de procesar información. Es razonable que quienes lo atendemos desde el ejercicio profesional avancemos también. No se trata de trabajar más rápido por trabajar más rápido, sino de recuperar el espacio para hacer aquello que justifica esta profesión: interpretar, advertir, asesorar.

En Tribai.co construimos la herramienta con ese criterio: el Estatuto Tributario completo, doctrina de la DIAN y jurisprudencia, con cada respuesta anclada a su fuente exacta y su vigencia verificada. Gratis y sin registro. Pruébela con la consulta que más tiempo le tomó esta semana y compare.

Jaime Alonso Cano Pino

Contador Público Tributarista | Consultor en Finanzas Públicas y Derecho Tributario |

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.