El mérito de sostener

El 25 de marzo de este año se conoció el QS World University Rankings by Subject. La Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia quedó como la número uno de Colombia, posición que ya había ocupado en 2025, y entró al grupo de las diez mejores de América Latina. Semanas antes, el Scimago Institutions Rankings 2026 había situado a la Universidad en el segundo lugar del país en investigación, innovación e impacto social. Cuando le preguntaron por el resultado, el decano Pablo Javier Patiño Grajales se negó a presentarlo como un logro suyo o de su equipo. Lo atribuyó a la trayectoria construida por la Facultad a lo largo de más de siglo y medio, y puso el foco en los profesores.

Esa respuesta describe con precisión el oficio. Dirigir una facultad fundada en 1871, con una comunidad de más de tres mil personas entre estudiantes, docentes y personal administrativo, no consiste en imprimirle un sello propio. Consiste en cuidar lo que otros levantaron y entregarlo mejor de como se recibió.

Patiño llegó a la decanatura el 26 de septiembre de 2023, cuando el Consejo Superior Universitario lo designó para el trienio que ahora termina. No venía de afuera. Es médico y cirujano de la Universidad Pontificia Bolivariana, magíster en Inmunología, graduado en 1990 en esa misma facultad, doctor en Ciencias Básicas Biomédicas de la Universidad de Antioquia y profesor titular. Entre 1991 y 2007 fue profesor asistente y luego asociado del Departamento de Microbiología y Parasitología, y entre 2000 y 2007 coordinó el Grupo de Inmunodeficiencias Primarias. Dirigió el Departamento de Fisiología y Bioquímica entre 1998 y 2001, el pregrado de Medicina entre 2007 y 2009 y el Departamento de Educación Médica entre 2017 y julio de 2023. Fue además director del Instituto de Investigaciones Médicas y vicerrector de Extensión de la Universidad. Conocía la facultad por dentro antes de tener que responder por ella.

Su propuesta de gestión se ordenó alrededor de cuatro asuntos: el presupuesto ético, político y moral propio de un humanismo integral, el conocimiento científico y técnico como sustrato de la formación, el acervo humano y cultural de los profesores, y la articulación con los procesos misionales de la Universidad. Se propuso también fortalecer el vínculo con el Hospital Alma Máter de Antioquia, el Hospital San Vicente Fundación y el Hospital Pablo Tobón Uribe como escenarios de formación interdisciplinar e interprofesional. Poner el humanismo en el primer renglón, antes que cualquier indicador, es una apuesta exigente, porque obliga a responder por algo que ningún ranking mide.

Hay señales de que no se quedó en el papel. El grupo de danza de la Facultad, Candamblé, llevó su trabajo a la II Jornada Internacional de Arte y Salud en Campeche, México, donde combinó siete brigadas de salud con presentaciones escénicas junto a dieciocho academias y grupos de danza locales. Los egresados han respondido con donaciones económicas y en especie dirigidas a la permanencia y el bienestar de los estudiantes, señal de que la comunidad reconoce a la facultad como algo propio. Y en abril de este año, con ocasión de la jornada de admisión a las especialidades médico-quirúrgicas, la Rectoría y la Decanatura firmaron un comunicado conjunto para reafirmar los principios de transparencia, equidad y mérito que rigen ese proceso. Cuidar el rigor de un examen es una forma poco vistosa y muy concreta de enseñar la ética que se predica.

La Facultad convocó a su comunidad para el 19 de agosto, en el Auditorio Principal Tiberio Álvarez Echeverri, a la presentación del informe de resultados del trienio. Rendir cuentas en público, con la puerta abierta, dice algo sobre cómo se entiende el cargo.

La Universidad empezó este año un nuevo periodo rectoral, el que va de 2026 a 2029. En los momentos de transición, el trabajo de las unidades académicas es el que garantiza que la docencia siga su curso, que la investigación no se detenga y que los estudiantes no perciban el cambio como una interrupción. Una facultad con rumbo claro es, en esas circunstancias, un activo para toda la institución.

Un trienio alcanza apenas para instalar un proyecto académico. El siguiente es el que permite consolidarlo. La Facultad de Medicina demostró en estos tres años que puede estar en lo más alto de las mediciones internacionales sin dejar de preguntarse qué clase de médicos forma y para qué país los forma. Apostar por la continuidad de esa gestión no es conservar por conservar. Es reconocer que el trabajo bien hecho merece tiempo.

Andrés Cano Jaramillo

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