Ahora, las Malvinas

El tema “Malvinas” no es siempre bueno ni siempre malo para todos; tras un reclamo genuino se esconde una de las mayores miserias humanas que portamos los argentinos.

Cuando muchos no habían nacido y otros éramos pequeños, el que fue, quizás, el gobierno más honesto, impoluto y progresista de la historia reciente tuvo un canciller, Miguel Ángel Zavala Ortiz, que, luego de muchas gestiones previas, consiguió que la Organización de las Naciones Unidas aprobara la tan famosa como desconocida Resolución 2065, donde se reconoció oficialmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas.

A los pocos meses hubo un golpe de Estado y derrocaron al gobierno constitucional. Es bueno recordar que la Ley de Medicamentos, impulsada por su ministro de Salud, Arturo Oñativia, había provocado una fuerte reacción de los grandes laboratorios farmacéuticos, cuyos intereses habían sido seriamente afectados.

Tuvimos varios intentos con este tema y, en el 82, otro gobierno militar se mandó y dijo: “Esto es mío y se acabó”.

Lo hizo porque el gobierno se caía a pedazos y porque en ese tiempo existía el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), que incluía a EE. UU., y alguno quizás pensó que, ante una agresión externa, nuestros hermanos del Norte saldrían en nuestro auxilio y que los vecinos no nos jugarían en contra. Nada de eso pasó y después cayó el gobierno militar.

En la campaña previa a la presidencia de Menem se hizo mención al tema y luego se dijo que lo dicho no se había dicho.

Luego de la guerra todo se dificultó, aunque siempre se mantiene latente en el corazón y en los reclamos de los argentinos.

Con una sábana y un aerosol hicieron una bandera, reflotaron un reclamo y, en el Mundial de Fútbol, la tiraron al campo de juego. Los jugadores la exhibieron, se viralizó y despertó un sentimiento siempre latente, pero un poco dormido.

Algunas “filtraciones inocentes” desde EE. UU. y otras ambigüedades que no pasaron desapercibidas, y ahora salen a la luz muchísimas gestiones realizadas por el Gobierno, absolutamente desconocidas para la gente de a pie, y un mensaje presidencial dando cuenta de muchas cosas y medidas que se tomarán para evitar que extraigan el petróleo y volver con el reclamo de la soberanía.

Tengamos estos antecedentes en la carpeta de PENDIENTES y sigamos.

El Gobierno viene de acumular situaciones que lo han hecho descender bastante en la consideración social y, tal como la madre de la novia se perfuma cuando la nena trae al novio por primera vez, aquí ninguno come vidrio. Veamos algunos bachecitos por los que ha pasado este año el Ejecutivo.

  • Caso Adorni, sin dudas se lleva todos los premios.
  • Reclamos por la falta de consumo, empresas y comercios que cierran y trabajadores despedidos.
  • Discursos con frases poco felices dirigidos a quienes no comparten el pensamiento del Gobierno.
  • Algún traspié parlamentario.
  • Encuestas no del todo favorables.
  • Cortocircuitos con Brasil, China y España.

Juntemos el tema Malvinas y la situación del Gobierno, que perdió la iniciativa, la “agenda” y la figura del tobogán cada vez más cerca, y surge este tema.

¿Tiene alguna relación una cosa con la otra?

Para el Gobierno no: son temas absolutamente distintos. No es la utilización de una causa nacional para un llamado a la “unidad”; es una noble y sentida invitación a todo el arco político a tirar para adelante con este tema, sacándolo de la agenda y a marchar todos juntos para el mismo lado. Loable, por cierto.

Para la oposición es oportunismo puro, es la búsqueda de un enemigo contra quien confrontar, como una diana a la que se le apunta, tal como supo plantearlo el escritor y filósofo italiano Umberto Eco.

No ha ahorrado en calificar a esta situación como de oportunismo, payasada y demagogia, y traer al recuerdo temas del pasado.

Gran Bretaña no tardó mucho en reaccionar. El ministro de Defensa dijo que es “política interna argentina” y un portavoz (?) del Gobierno habría dicho que: “Nuestras fuerzas armadas están alerta las 24 horas, los siete días de la semana, para proteger al Reino Unido y nuestros intereses”.

Las empresas involucradas en la teórica explotación tampoco les dieron demasiada importancia a los anuncios presidenciales y, según dicen, continuarán con sus planes porque cuentan con la autorización de los isleños y de Gran Bretaña.

El tiempo dirá si estos anuncios son puro humo de todas las partes o si a alguno le salta la térmica y se pudre todo.

La causa Malvinas siempre despierta pasiones, a favor y en contra. Nunca los anuncios sobre este tema son avalados por el conjunto; siempre se ve una intencionalidad inconfesable, una falta de oportunidad, una idea escasamente seductora, como mandar los libros del osito Winnie the Pooh a las 600 familias de ese tiempo. Si no me creés, googlealo.

Otra vez caímos en la trampa de la grieta, de un lado o del otro: gente a favor y en contra, oportunismo u oportunidad, justicia y cuidado de nuestros recursos o simple demagogia.

Ya tendremos tema para unos cuantos días.

 

Edmundo Fuster

(Bs. As., ARG, 1956) Analista y Consultor independiente, residió en España entre 2003 y 2013.

Actualmente es Gerente Técnico en Consultores Técnicos BFL, colaborador habitual en medios de comunicación sobre temas de actualidad nacional y autor de diferentes colecciones de libros.

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