“Esta vaguedad en el relato es una de las cualidades principales para que estos proyectos sean tan asociativos como inconexos, todo parte de esa seguridad en “crisis” que los gobiernos esbozan con la promesa de un renacimiento nacional necesario”
Los primeros días del nuevo gobierno se han caracterizado por su postura tajante a cambiar el estado de cosas establecido por la administración anterior. Por ahora, en materia diplomática los cambios han sido estrictos de cara al juego de la geopolítica global. El genocidio en Gaza ha configurado un escenario político claro; la toma de postura frente a los crímenes cometidos por Israel, sin duda, es uno de los factores que cada nuevo gobierno latinoamericano tiene en cuenta para posicionarse. En este caso el nuevo gobierno Colombiano ha mostrado una solidaridad retorcida con el Estado de Israel, esto acompañado de la adopción de “críticas” superficiales contra las dinámicas de cooperación internacional mediadas por instituciones de esta misma índole.
La posibilidad de retirarse de la CPI no constituye una medida por funcionamiento jurídico, sin profundizar en las falencias propias de un tribunal internacional, la acción apunta a un posicionamiento en el tablero global, teniendo en cuenta acontecimientos como las tendencias electorales en la región y la avanzada de Israel para aumentar su influencia y difuminar su responsabilidad del genocidio en Gaza. La adhesión del Estado Colombiano a la CPI fue hecha mediante un proceso que coordinó los tres poderes para crear las condiciones jurídicas que hicieran posible elevar a estos tribunales casos excepcionales. Esto conforma un accionar estatal que deja en segundo plano el capricho de algún gobierno de turno. Lo cierto es que ahora, pretender desligarse de un tribunal que nació en medio de la construcción del orden vigente, y en la actualidad con EEUU siendo austero frente a las instituciones creadas en este contexto, es una decisión que ignora la dimensión del proceso que conlleva retirarse de manera definitiva de la corte, pero funciona como afirmación de apoyo diplomático, de agenda y geopolítica.
La estrategia radica en cómo se configuran las voluntades en este juego de poderes, la CPI representa un avance histórico para la justicia, sin embargo en el terreno político organismos como estos se han ido deslegitimando desde las agendas de las nuevas derechas con una postura de rechazo frente a los mecanismos que reivindican los derechos humanos. El rechazo no es establecido desde la coherencia, tampoco con algún tipo de pretensión para reformar la jurisdicción exterior del Estado Colombiano (o cuidar la interna), tiene como propósito alinearse con las avanzadas ideológicas de la derecha global; que invalida la cooperación internacional por medio de instituciones, y se limita a hacer hegemónicas sus agendas, reuniéndose para establecer relaciones comerciales asimétricas mientras gestionan una crisis de seguridad interna que no se fundamenta en un relato objetivo.
El “viva Israel” en la posesión reciente es la apertura de la nueva diplomacia por el momento político en el que se hace, justo en el ocaso de los gobiernos progresistas en la región. Ahora, la agenda para estos próximos cuatro años tiene como uno de sus ejes aumentar la percepción de seguridad, lo cual no implica que se trate el problema de fondo. La ambigüedad articula el discurso guerrerista, simplemente se limita a proponer violencia en bruto. Esta vaguedad en el relato es una de las cualidades principales para que estos proyectos sean tan asociativos como inconexos, todo parte de esa seguridad en “crisis” que los gobiernos esbozan con la promesa de un renacimiento nacional necesario, donde Israel y Estados Unidos emergen como aliados principales de la causa contra el crimen y las amenazas internas contra la seguridad de la nación
La reputación israelí está manchada de sangre y sigue armada hasta los dientes, en un contexto global donde gran parte de la comunidad internacional condena el genocidio en Gaza, intervenir ideológicamente en esta región es el inicio del ensamble de un fortín político para disminuir superficialmente la desaprobación que enfrenta, y de manera paralela fortalecer las relaciones de disciplina económica que históricamente se han mantenido con EEUU. Crear las condiciones políticas para que América Latina funcione como contrapeso a la mayoría interestatal que condena a Netanyahu, es una triada en la cual EEUU se beneficia de restablecer relaciones desiguales para intervenir económicamente, Israel se “lava la cara” frente al panorama entre naciones con la intención de cooperar en materia de seguridad. Lo cierto es que esto no trae beneficios para las naciones de este lado del mundo, es un juego de posicionamiento geopolítico que se ve condicionado por intereses económicos desde Washington, e ideológicos entendiendo el auge de las derechas globales y sus prácticas similares de cara al escenario de la política mundial ¿Cuánta autonomía nos costará asumir este papel pasivo en el juego político entre naciones?














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