Reconstrucción, reconstrucción, reconstrucción

Rafael Nieto Loaiza

No vivimos los últimos tiempos ni se acerca el Apocalipsis, para tranquilidad de mis amigos con bíblicas preocupaciones. No hay más terremotos en estos tiempos que los usuales. Nos ha tocado a nosotros, eso sí, lo que es inevitable cada cierto tiempo estando como estamos en el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde las placas tectónicas de Nazca, Cocos y del Pacífico chocan con las placas continentales. En el Cinturón se concentran cerca del 90% de los terremotos y el 75% de los volcanes activos del mundo.

Hechos de la naturaleza que nos obliga a prepararnos mejor para que cada vez que ocurran, y seguirán sucediendo, los costos humanos y materiales sean menores. Como lo fueron esta vez. El de Armenia, en 1.999, dejó al menos 1.185 muertos y en este vamos por 329. La cifra subirá, lamentablemente, pero ya no se acercará ni a la mitad de los de entonces.

El daño material, en cambio, ha sido esta vez más extendido, desde el Chocó, donde fue el epicentro, hasta, de nuevo, el Eje Cafetero. Armenia, por cierto, fue de todas las capitales la menos afectada. En la ciudad, se aprendieron las lecciones de hace 25 años.

Algunas debemos aprender de este nuevo terremoto. La solidaridad ciudadana merece todos los aplausos. Colombianos de todos los estratos y regiones se han movido rápida y generosamente a lo largo y ancho de todo el país, organizando centros de acopio y despachos de alimentos, medicinas y otras ayudas hacia los departamentos afectados. En las zonas afectadas, muchas familias han recibido en sus casas a quienes perdieron sus hogares. Especial agradecimiento quiero dar a mis amigos transportadores, en particular a la Fundación Camioneros de Colombia, que no han parado de movilizar aportes desde cada rincón, asumiendo todo los costos. Ya antes habían dado muestra de su generosidad sin fronteras transportando centenares de toneladas de ayuda con ocasión del terremoto del 24 de junio en Venezuela.

Una solidaridad que alcanza también a los más ricos. Sarmiento Angulo donó 200.000 millones, las empresas de Proantioquia 200.000 millones más, los Gilinsky 150.000 millones, en la ANDI se recogieron 120.000 millones, David Vélez y los Santodomingo ofrecieron 100.000 millones cada uno, Tecnoquímicas 50.000 millones adicionales. Un donante anónimo entregó otros 100.000 millones. Paz del Río, Diaco, Siderúrgica Reyna, Ternium y Sidoc van a donar todo el acero necesario para reconstruir Quibdó.  Argos y la Federación de Cafeteros ofrecen casas sismorresistentes de construcción rápida (tres semanas) para las familias afectadas en Caldas. Y la lista sigue. Un generosidad que, sospecho, está relacionada también con la confianza que transmite el nuevo gobierno, con la certeza de que el apoyo de la empresa privada será bien recibido y valorado y que los recursos se usarán de manera eficiente y no se los van a robar.

Exactamente lo contrario de lo que creemos que hubiera pasado si la catástrofe hubiera ocurrido durante Petro. El país se salvó de que la pandemia y el terremoto hubieran sucedido en el pasado cuatrienio. Las tragedias hubieran sido, por la incompetencia, la altísima ideologización, la indolencia y la corrupción petristas, muchísimo peores.

El trabajo de reconstrucción del Forec después del terremoto de Armenia es un modelo que ha sido reconocido mundialmente y que bien vale la pena replicar. En el esfuerzo mancomunado entre gobierno nacional, administraciones departamentales y municipales, el sector privado y la generosidad ciudadana está la respuesta que el país necesita.

El gobierno entrante tiene desafíos y oportunidades. La tragedia le permitirá pasar por encima de la polarización electoral y desideologizar la agenda. Excepto algunos fanáticos de lado y lado, la mayoría ciudadana no quiere confrontaciones políticas sino soluciones concretas para sus problemas y necesidades. Puede, además, redefinir su agenda más allá de las promesas de campaña para priorizar la respuesta a la emergencia. El recorte del gasto no será una urgencia, y así lo entenderán incluso los acreedores internacionales, la banca multilateral y las calificadoras internacionales. Su reordenamiento, en cambio, sí lo será para enfrentar la reconstrucción que es, por encima de cualquier otra, la prioridad nacional.

Las prioridades geográficas cambian también, moviéndose del Caribe al Eje Cafetero y al Pacífico, región muy de izquierda desde hace un par de décadas. De Barranquilla y Montería a Quibdó, Cali y Pereira. Un buen trabajo gubernamental en la reconstrucción debería tener un colateral político positivo, más allá de que en el gabinete no haya ni un solo ministro oriundo de las regiones afectadas.

La agenda temática será otra. De la seguridad, las condiciones para el impulso de la productividad y la batalla cultural, a una concentrada en vivienda, vías, hospitales y escuelas, dotación de servicios públicos y ayuda de emergencia contra la pobreza.

De la ideología a la gerencia de la emergencia y la reconstrucción, de la tentación del espectáculo a los resultados. el nuevo gobierno no tendrá margen de tiempo para llegar, asentarse y aprender. Tiene que responder con eficiencia y en muy malas circunstancias: sin margen fiscal o de deuda, con nuevos funcionarios y sin la burocracia técnica y experimentada que fue barrida por Petro, con la UNGRD, la entidad estatal encargada de atender desastres, saqueada hasta los huesos. No será fácil.

Rafael Nieto Loaiza

Impulsor de la Gran Alianza Republicana. Abogado, columnista y analista político. Ex viceministro de Justicia.

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.