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Hay momentos en la vida pública en los que las palabras pesan más que las obras. Este es uno de ellos. Hoy cierro un ciclo que me permitió vivir uno de los mayores honores de mi vida: servir a Antioquia como secretario de Infraestructura. Lo hago con la tranquilidad de haber entregado todo lo que tenía, con la satisfacción del deber cumplido y, sobre todo, con una inmensa gratitud hacia quienes hicieron posible que este camino fuera una realidad.
Las vías, los puentes, los túneles, las placa huella que hay en Antioquia llevan concreto, acero e ingeniería. Pero también llevan el esfuerzo silencioso de cientos de personas que, muchas veces lejos de los reflectores, hicieron posible que cada obra avanzara. Nada de lo alcanzado habría sido posible sin ellas.
Mi primer agradecimiento es para el gobernador Andrés Julián Rendón. Gracias por la confianza, por la libertad para trabajar, por exigir siempre más y por demostrar que el liderazgo se ejerce con carácter, pero también con coherencia. Fue un privilegio acompañarlo en un gobierno que entendió que la infraestructura no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para transformar vidas.
Gracias a cada funcionario y contratista de la Secretaría de Infraestructura, quienes soportaron largas jornadas, recorridos interminables por las montañas de Antioquia, reuniones difíciles y decisiones complejas. Ustedes fueron el verdadero motor de esta gestión. Compartimos la satisfacción de saber que dejamos un Departamento más conectado y con mejores oportunidades para millones de antioqueños.
Mi gratitud también es para los alcaldes, concejales, líderes comunitarios, diputados, congresistas, veedurías, gremios, empresarios y ciudadanos que acompañaron este proceso. Incluso a quienes cuestionaron nuestras decisiones. La crítica, cuando nace del interés por lo público, también obliga a mejorar y fortalece las instituciones.
A los trabajadores que cada día, bajo el sol o bajo la lluvia, levantaron muros, tendieron pavimento, construyeron puentes y perforaron montañas, les expreso mi respeto y mi admiración. Ellos son los verdaderos protagonistas de las obras con las que conectamos Antioquia.
También quiero agradecer a mi familia, que comprendió las ausencias, los horarios interminables y las responsabilidades que implica servir al Departamento. Su apoyo silencioso fue indispensable para recorrer este camino.
Durante estos 30 meses y medio demostramos que Antioquia podía recuperar el ritmo de las grandes transformaciones. Avanzamos en proyectos estratégicos, aceleramos obras históricas y llevamos infraestructura a lugares donde durante décadas solo existieron promesas. Y es que solo en estos dos años y medio logramos transformar Antioquia y dejar en ejecución y/o contratada la pavimentación de más de 1.200 km de vías, lo que representa más de la mitad de lo hecho en el Departamento en 64 años. Creímos en que era posible y logramos hacerlo.
Los cargos públicos son pasajeros. Las amistades, el respeto y el afecto permanecen. Me voy del despacho de la Secretaría de Infraestructura, pero no de Antioquia ni de las causas que siempre han guiado mi vida. Seguiré trabajando por esta tierra a paso firme y con la misma convicción con la que lo hice desde el primer día.
Gracias por permitirme servir. Gracias por la confianza. Gracias por caminar conmigo.
Hasta pronto…













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