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Poco más de dos años atrás, tuve la oportunidad de iniciar este ejercicio académico y social de proponer columnas para Al Poniente. Me motivó en aquel entonces crear conciencia entre usuarios, analistas y tomadores de decisión de este «Nuevo Sector Eléctrico».
Un sector que, paulatinamente, ha venido perdiendo atributos: su crecimiento, su confianza, sus tarifas competitivas y sus bajas emisiones. Un sector que ostenta con orgullo haber logrado abastecer, de manera continua, por más de 30 años toda la demanda del país y que hoy es amenazado con perder esta racha de abundancia, confiabilidad y bienestar.
Algunas vez mencioné también, en una entrevista, que no habría mayor decepción para quienes hemos dedicado años de nuestra labor en este sector que tener que experimentar la tristeza de afrontar un racionamiento de energía eléctrica. Más aún cuando, como ocurre ahora, sus causas podrían estarse gestando poco a poco ante los ojos de todos y por mucho más de mil días.
De ocurrir ahora o en unos años -ojalá que nunca ocurra-, seríamos testigos y coautores de esta crónica de un racionamiento anunciado.
Los racionamientos de energía eléctrica alrededor del mundo ocurren por la convergencia de causas como los retrasos de expansión, cuando el parque de generación crece más lento que la demanda; la presencia de hidrologías críticas; dificultades operativas, como la salida de plantas de tamaño significativo, y problemas financieros, entre otras. Cuando un sistema está fortalecido, no basta una hidrología crítica para que una nación se quede sin electricidad.
Para evaluar cómo avanzan estos asuntos en el sector eléctrico colombiano, me permito citar el boletín energético #349 del operador del mercado para el 3 de julio de 2026, que expone como riesgos actuales para la confiabilidad y el abastecimiento los siguientes:
- Demanda no atendida por sobrecargas de equipos en estado estacionario. Entre abril y junio de 2026 se impartieron 165 instrucciones de desconexión de carga por sobrecarga de activos.
- Riesgo de déficit de potencia en el área oriental. Por simultaneidad de 500MW de la central Chivor y mantenimiento de la hidroeléctrica de Guavio. Para algunos periodos del día no se logra cubrir los requerimientos mínimos.
- Riesgo de déficit por potencia país. Riesgos para no cubrir la demanda máxima nacional durante el verano 2026-2027.
- Riesgo por déficit de energía país. No sería posible cumplir con índices actuales de confiabilidad establecidos en la regulación vigente.
- Riesgo financiero en el MEM. Incrementos de costos a reconocer por operación de combustibles líquidos y comercializadores que atienden usuarios finales con alta exposición a bolsa.
Y, entonces… ¿Quién es el responsable de esto? ¡El Niño! Todos respondemos. Pero la verdad que no afrontamos es que El Niño no crea las debilidades del sistema, solo las revela. Un Niño que vendría a contarnos la verdad.
La verdad de que no estamos tan preparados como antes para su llegada: Rezago de la expansión del sistema, proyectos que toman más tiempo para construir, demanda de energía creciendo más de lo habitual, redes de electricidad más agotadas, menos inversionistas apostando al sector, tarifas más altas y usuarios, asumo yo, menos satisfechos.
Por supuesto, hay tareas por hacer, riesgos por atenuar, efectos por reducir, decisiones por tomar, lecciones por aprender y capacidades por fortalecer. Como nación y como sector; como departamentos, ciudades, empresas y comunidades; como hogares, familias y seres humanos, hemos enfrentado retos aún más difíciles. Y hemos logrado superarlos.
Gracias por leer,













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